Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIV.
Color del día: Rojo.
Memoria obligatoria: Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires.
Antífona de entrada
Jn 1, 6-7; Lc 1, 17
Las almas de los santos, que siguieron las huellas de Cristo, viven gozosas en el cielo. Derramaron la sangre por su amor, por eso se alegran con Cristo para siempre.
Oración colecta
Oh, Dios, que has puesto al frente de tu pueblo como abnegados pastores y mártires invencibles a los santos Cornelio y Cipriano, concédenos, por su intercesión, ser fortalecidos en la fe y en la constancia para trabajar con empeño por la unidad de la Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Quedan la fe, la esperanza y el amor.
La más grande es el amor
Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 12, 31 13, 13
Hermanos:
Ambicionad los carismas mayores. Y aún os voy a mostrar un camino más excepcional.
Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.
Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas; pero no tengo amor, no sería nada.
Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría.
El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasa nunca.
Las profecías, por el contrario, se acabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se acabará.
Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.
Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios.
En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Cuando le preguntaron a Jesús que cuál era el mandamiento más importante, no sólo se limitó a decir que era el amor a Dios y al prójimo, sino que dijo: "En estos dos mandamientos se resume toda la Escritura".
San Pablo, en este hermosísimo pasaje conocido como "el Himno al Amor", nos presenta el amor cristiano como algo muy concreto:
"es comprensivo, es servicial; no es envidioso, sabe compartir; no es presumido ni se envanece. No es grosero ni egoísta. No se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra con la injusticia, sino que se goza en la verdad. El amor disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, soporta sin límites".
Una vez me dijo mi director espiritual: "el día que puedas leer este himno poniendo tu nombre en lugar de la palabra 'el amor', ese día habrás llegado a la santidad". Te invito a hacerlo tú también y a trabajar en las áreas en las que tu nombre todavía no puede substituirse por la palabra "amor". Recuerda que la santidad es nuestra meta.
Salmo responsorial
Sal 32, 2-3. 4-5. 12 y 22
R. Dichoso el pueblo que
el Señor se escogió como heredad.
- Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones. R.
- La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
- Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 6, 63c. 68.c
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna. R.
EVANGELIO
Hemos tocado y no habéis bailado,
hemos entonado lamentaciones,
y no habéis llorado
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién, pues, compararé los hombres de esta generación? ¿A quién son semejantes?
Se asemejan a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros aquello de: «Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado lamentaciones y no habéis llorado».
Porque vino Juan el Bautista, que ni come pan ni bebe vino, y decís: “Tiene un demonio”; vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué hombre más comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores».
Sin embargo, todos los hijos de la sabiduría le han dado la razón».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Nuevamente Jesús reta a aquellos que se resisten a la conversión, que quieren que todo siga como está, manteniendo sus privilegios y su forma de interpretar la ley, que nadie cambie nada, y por eso es la reacción principalmente de los Fariseos de rechazar a Jesús, porque al venir a perfeccionar la ley, Jesús pone la misericordia, el amor y la fidelidad en la forma de vivir por sobre el cumplimiento rígido de la ley.
Y por eso les dice, si tocamos la flauta no bailan y si cantamos canciones tristes no lloran, quieren seguir haciendo lo que quieren y por eso no reciben el llamado de Jesús a la conversión.
Este llamado, que llegó por medio de Juan El Bautista, invitando a todos a volver a Dios, a arrepentirse de sus pecados y a unirse al anuncio del Reino que ya se acercaba, fue recibido por el pueblo que lo tenía como profeta, no así en el caso de autoridades judías.
Y ahora Jesús aprovecha para denunciar esa resistencia a la conversión, porque si bien veían los frutos de la predicación de Juan, lo acusaban, dice Jesús, de estar poseído por un demonio, y así se excusaban para no atender el llamado que les hacía. Este llamado de Juan es el mismo que nos hace también a nosotros para decidirnos a dejar atrás todo aquello que nos aleja de su amor.
Los fariseos acusan a Jesús de estar cerca de publicanos y pecadores, cosa que a ellos no les agradaba porque se ensuciarían al entrar en contacto con ellos. Con esta acusación, Jesús aprovecha para recordar que los que están enfermos son los que necesitan al médico, no los sanos; solo quien se reconoce enfermo tiene la voluntad de ir al médico.
San Juan Pablo II reflexionaba sobre esta acusación que hacen a Jesús diciendo que ‘su lucha contra el pecado y sus raíces, no alejan a Jesús del hombre; al contrario, lo acerca a los hombres.
En su vida terrena Jesús solía mostrarse particularmente cercano de quienes, a los ojos de los demás, pasaban por pecadores’. Por eso es tan importante reconocer nuestros pecados y acercarnos a Jesús, para así regresar a la casa del Padre.
Que el Señor te conceda hoy la gracia para tener su sabiduría y con ella poder reconocerte enfermo, encontrarte cara a cara con Jesús y reconocer que lo necesitas para que te sane.
Antífona de comunión
Cf. Lc 22, 28-30
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino, dice el Señor, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Concédenos, Señor, por este sacramento que hemos recibido, ser confirmados por la fuerza de tu Espíritu a ejemplo de los santos mártires Cornelio y Cipriano, para dar fiel testimonio de la verdad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, enséñame a transmitir ese amor que menciona tu palabra, ese amor comprensivo, servicial, sin envidia, que no es presumido, ni egoísta.
Quiero amar con el amor que no se deja llevar por la ira y que olvida lo malo; que no se alegra con la injusticia, sino que se goza en la verdad. Quiero transmitir el amor que disculpa sin límites, que confía sin límites, que espera sin límites y que soporta sin límites.
Acción
Hoy me esforzaré porque el amor que les tengo a mis cercanos tenga al menos cinco características de las que se mencionan en este texto.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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