Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Viernes, 11 de setiembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Sal 118, 137. 124

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

Oración colecta

Oh, Dios, por ti nos ha venido la redención y se nos ofrece la adopción filial; mira con bondad a los hijos de tu amor, para que cuantos creemos en Cristo alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Me he hecho todo para todos,
para ganar a algunos

Lectura de la 1ª carta del apóstol san
Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22b-27

Hermanos:

El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo.

No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga.

Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio.

Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio.

Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles.

Me he hecho todo para todos, para ganar, sea como sea, a algunos.

Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

¿No sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno solo se lleva el premio? Pues corred así: para ganar.

Pero un atleta se impone toda clase de privaciones; ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita.

Por eso corro yo, pero no al azar; lucho, pero no contra el aire; sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En este capítulo de su carta, basado en los problemas que venía tratando sobre la incontinencia sexual y los desórdenes en la voluntad, san Pablo da el consejo de oro para poder ser capaz de recibir la Vida Eterna y participar del Reino: LA PENITENCIA.

El ejemplo que propone es genial, pues compara la vida con una competencia atlética. Quien ha hecho alguna vez deporte, sabrá que para poder dar un buen resultado se necesita "privarse" de todo lo que merma la salud o la debilita; al mismo tiempo, sabrá que no siempre son placenteros todos los ejercicios que se deben hacer para mantenerse en forma.

Pues, de igual manera, la vida espiritual requiere DISCIPLINA. Es necesario apartarnos de lo que no contribuye a la edificación espiritual, y que muchas veces la deteriora (conversaciones, lugares, espectáculos, etc), y por otro lado, ejercitarnos en la oración y en las prácticas espirituales, especialmente en la penitencia.

Sin disciplina en la vida, será muy difícil alcanzar el éxito, pues igualmente, sin disciplina en la vida espiritual, es difícil que ésta crezca y se desarrolle. ¡Ánimo, que la carrera es larga!

Salmo responsorial
Sal 83, 3. 4. 5-6. 12

R. ¡Qué deseables son tus moradas,
Señor del universo!
  • Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R.
  • Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor del universo, Rey mío y Dios mío. R.
  • Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza y tiene tus caminos en su corazón. R.
  • Porque el Señor Dios es sol y escudo, el Señor da la gracia y la gloria; y no niega sus bienes a los de conducta intachable. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 17, 17b. a

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tu palabra, Señor, es verdad; santifícanos en la verdad. R.

EVANGELIO
¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego?

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Este pasaje del Evangelio nos invita a mirarnos por dentro con mucha honestidad, a través de dos imágenes muy claras: la de un ciego intentando guiar a otro ciego y la de alguien que intenta sacar la paja del ojo de su hermano, mientras tiene una enorme viga atravesada en el suyo.

Jesús utiliza un tono de advertencia muy directo para confrontar nuestra manía de señalar las fallas ajenas, mientras disimulamos o ignoramos las faltas propias. 

En la rutina ordinaria, esta actitud se atraviesa casi siempre en nosotros sin darnos cuenta, es facilísimo convertirse en ese guía ciego cuando repartimos consejos a todo mundo sobre cómo deben actuar los demás, pero nosotros no aplicamos nada de eso a nuestra propia conducta.

Caemos en el juego de la paja y la viga cada vez que gastamos energía criticando la impuntualidad, el mal carácter o los descuidos de quienes nos rodean, mientras pasamos por alto nuestra propia impaciencia, nuestro orgullo o la falta de amabilidad con la que algunas veces respondemos. 

Vivir este Evangelio requiere un cambio de enfoque muy concreto. Se va a empezar a notar cuando al momento de tropezarte con el error de un conocido o de un compañero de trabajo, en lugar de juzgarlo duramente o salir a contárselo a otros, prefieres hacer una pausa y revisar primero tu propia persona y tu propio corazón.

Significa también cambiar la costumbre de apuntar con el dedo, señalar por la humildad de corregirte a ti mismo, recordando que solo quien aprende a mirar sus propias fallas con sinceridad, puede mirar las de los demás con verdadera compasión. 

San Antonio Abad lo expresaba con una gran verdad contundente: “Ver tus propios pecados es un milagro”.

Debemos aprender a poner un freno a la crítica fácil cuando sintamos la tentación de señalar el fallo de alguien en las actividades ordinarias, detengámonos a pensar y preguntémonos ¿en qué debemos mejorar primero nosotros? Cambiar el juicio por la comprensión y darnos la oportunidad de ser un reflejo de paciencia antes que un juez de los demás. 

Antífona de comunión
Sal 41, 2-3

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Concede, Señor, a tus fieles, alimentados con tu palabra y vivificados con el sacramento del cielo, beneficiarse de los dones de tu Hijo amado, de tal manera que merezcamos participar siempre de su vida. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración

Señor, te pido que me enseñes a acondicionar mi ser interno; yo me comprometo a privarme de todo aquello que me daña y que limita mi desarrollo; además de disciplinarme en cada cosa que me edifique para llegar a la estatura del hombre perfecto, hasta tu plenitud.

Acción

Hoy cuidaré de ser diligente en mis prácticas diarias de oración y me privaré de algo como parte de la ascésis diaria.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).