Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIX - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Pedro de Alcántara, presbítero.
Antífona de entrada
Sal 121, 6. 8
Digan de todo corazón: Jerusalén, que haya paz entre aquellos que te aman. Por mis hermanos y compañeros voy a decir: la paz contigo.
Oración colecta
Señor Dios, que, por gracia del Espíritu Santo, infundiste en los corazones de tus fieles los dones de tu amor, concede a tus siervos, por quienes imploramos tu clemencia, la salud de cuerpo y alma, para que te amen con todas sus fuerzas y cumplan con amor lo que es de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Él es nuestra paz: el que de
los dos pueblos ha hecho uno
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios 2, 12-22
Hermanos:
Entonces vivíais sin Cristo: extranjeros a la ciudadanía de Israel, ajenos a las alianzas y sus promesas, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Ahora, gracias a Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos estáis cerca por la sangre de Cristo.
Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad. Él ha abolido la ley con sus mandamientos y decretos, para crear, de los dos, en sí mismo, un único hombre nuevo, haciendo las paces.
Reconcilió con Dios a los dos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte, en él, a la hostilidad. Vino a anunciar la paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre por medio de él en un mismo Espíritu.
Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular.
Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
El pueblo judío consideraba como "paganos" a todos los que no pertenecían a ellos, los cuales, estaban excluidos de la salvación de Dios. Esta idea se extendió al cristianismo, por ello esta carta de san Pablo puede ser considerada como "la carta magna del Ecumenismo". Es una invitación, primeramente, a salir de nuestro "grupismo".
Es triste que esto se dé entre cristianos pero es la realidad. No faltan en nuestra Iglesia quienes consideran que sólo los miembros de un grupo apostólico o de una espiritualidad particular, son los que están viviendo auténticamente el cristianismo, incluso que los demás están en peligro de perder la salvación eterna, por lo que los critican agriamente o se dedican a hacer "proselitismo" entre los demás grupos.
Esto no es otra cosa que hacer infructuosa la acción del Espíritu Santo, que actúa en todos de un modo particular y misterioso empujando a la Iglesia hasta la santidad plena. Cada espiritualidad responde a una necesidad de la Iglesia y complementa de esta manera los recursos espirituales con los cuales Dios la enriquece, de manera que todos puedan encontrar un ambiente y un espacio que les ayude a alcanzar la santidad. Lo mismo podríamos decir de nuestros hermanos separados.
Por ello el concilio Vaticano II expresa: "En la única Iglesia de Dios, ya desde los primeros tiempos, se efectuaron algunas escisiones que el Apóstol condena con severidad, pero en tiempos sucesivos surgieron discrepancias mayores, separándose de la plena comunión de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin responsabilidad de ambas partes.
Pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor; puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia católica." (UR 3).
Abramos nuestro corazón a la comunión, somos una sola familia.
Salmo responsorial
Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14
R. El Señor anuncia la paz a su pueblo.
- Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
- La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R.
- El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 21, 36abd
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Estad despiertos en todo tiempo, pidiendo manteneros en pie ante el Hijo del hombre. R.
EVANGELIO
Bienaventurados los criados
a quienes el señor, al llegar,
los encuentre en vela
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 12, 35-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas.
Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
La verdadera actitud del discípulo exige mantener la cintura ceñida y las lámparas encendidas, en una espera atenta y continua. Jesús nos presenta la imagen de los siervos que aguardan el regreso de su señor de la boda, listos para abrir la puerta en cuanto llame. La promesa es grandiosa: a esos servidores vigilantes, el mismo señor los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles.
A veces nos pasa que queremos dejar las cosas de Dios para después, dejándonos llevar por la rutina o pensando que siempre habrá un momento posterior para corregir nuestros defectos o ponernos en paz con Él. Sin embargo, la vida del espíritu se deteriora cuando aflojamos el esfuerzo y dejamos que la tibieza apague el deseo de santidad.
Estar vigilantes no significa vivir con angustia, sino con la alegría expectante de quien ama y espera a su Señor a cada instante.
Estar con la lámpara encendida se refleja en la prontitud para responder a las inspiraciones de la gracia del Espíritu; se practica al hacer bien el trabajo del momento presente, sin caer en la negligencia y al reaccionar con rapidez para pedir perdón cuando caemos. Guardar el corazón despierto es entender que cada instante de la jornada es un regalo precioso para encontrarnos con Dios y ofrecerle nuestras obras con amor.
San Agustín nos advertía con estas sabias palabras: “Dios te ha prometido el perdón para tu conversión, pero no te ha prometido el día de mañana para postergarlo”.
Revisa en qué área de tu vida te has dejado llevar por la tibieza o el descuido, decide salir hoy de la pasividad, haz ese deber que estabas aplazando, busca a la persona con la que necesitas reconciliarte o decídete de una vez por todas a renovar tu oración con fervor. Mantén el corazón despierto para abrirle la puerta al Señor en cuanto llegue y toque a tu corazón, como seguramente lo está haciendo hoy.
Antífona de comunión
Mt 12, 50
Todo el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Al recibir este divino sacramento, te rogamos, Señor, que a tus siervos, a quienes les concediste que nos amen, les des el perdón de sus pecados, tu consuelo en la vida y tu constante protección, para que, sirviéndote todos con un mismo corazón, podamos gozar juntos de la visión de tu rostro. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, dame un espíritu de unidad y ayúdame a entender la majestad de tu obra que busca que todos los hombres lleguemos al conocimiento pleno de la verdad. Que no busque yo, Dios mío, algún interés particular, sino sólo que tu Nombre sea glorificado.
Acción
Hoy buscaré convivir con alguna persona de las que me cuesta más trabajo entender y con la que conviva menos, y buscaré ser paciente y respetuoso.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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