Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Miércoles, 14 de octubre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVIII - Feria.
   Color del día: Verde.  


Antífona de entrada
Cfr. Lc 12, 42

Éste es el siervo fiel y prudente a quien el Señor puso al frente de su familia.

Oración colecta

Señor Dios, que en tu inefable providencia te dignaste elegir a san José como esposo de la santísima Madre de tu Hijo, concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo a quien veneramos como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Los que son de Cristo han crucificado
la carne con las pasiones

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Gálatas 5, 18-25

Hermanos:

Si sois conducidos por el Espíritu, no estáis bajo la ley.

Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo.

Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley.

Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Pablo finaliza su carta mostrándonos cómo el hombre nuevo es y debe ser dirigido por el Espíritu. Es el Espíritu Santo quien, obrando desde dentro del hombre, lo transforma, cambiando en él sus actitudes y dirigiéndolo hacia la vida, la vida en abundancia.

Cuando no permitimos al Espíritu que se desarrolle dentro de nosotros, cuando no tenemos suficiente tiempo para nuestra oración y en general para nuestro trato con Dios "sea meditando su Palabra o recurriendo a los Sacramentos", cuando se busca vivir sólo regido por normas de tipo moral, el egoísmo y la debilidad humana producen únicamente frutos de muerte y destrucción.

Mientras que, cuando permitimos que Dios sea realmente Dios dentro de nosotros, los frutos de esta relación interior se manifiestan en vida y alegría.

Por eso, es fácil ver quién tiene vida espiritual y quién no; quién busca con sus propios medios alcanzar la felicidad y quién deja que sea Dios quien la produzca y desarrolle en él; es fácil ver quiénes viven conforme al Espíritu y quiénes no. ¿Cuáles son tus frutos?, pues por tus frutos te conocerán.

Salmo responsorial
Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6

R. El que te sigue, Señor,
tendrá la luz de la vida.
  • Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R.
  • Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R.
  • No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R.

Aclamación antes del Evangelio
 Jn 10, 27

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz – dice el Señor -, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

EVANGELIO
¡Ay de vosotros, fariseos!
¡Ay de vosotros también,
maestros de la Ley!

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 11, 42-46

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.

¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!

¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!».

Le replicó un maestro de la Ley: «Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».

Jesús replicó: «¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cagáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos! ».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El Evangelio de hoy presenta una de las denuncias más fuertes de Jesús contra una religiosidad que puede quedarse solamente en lo exterior: ‘¡Ay de ustedes, fariseos!, porque pagan el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, pero pasan por alto la justicia y el amor de Dios’. El diezmo formaba parte de la tradición religiosa de Israel. 

La Misná, en el tratado Maaserot muestra la importancia que tenía el cumplimiento de las normas relativas a los diezmos de los productos de la tierra. Jesús no condena el cumplimiento de la Ley, de hecho, dice expresamente: ‘Esto había que practicar, sin descuidar aquello’. El problema aparece cuando lo secundario ocupa el lugar de lo esencial.

San Agustín, comentando este pasaje relaciona el diezmo de los productos con la práctica de dar limosna y señala que los fariseos cumplían esas prescripciones mientras descuidaban ‘el juicio y el amor de Dios’.

Aquí encontramos una figura cristológica: Cristo es quien lleva la Ley a su plenitud. El Catecismo enseña: ‘La Ley no es abolida [...] sino que el hombre es invitado a encontrarla en la persona de su Maestro’. Recordándonos que toda la Ley se interpreta desde el doble mandamiento del amor a Dios y al prójimo.

También el papa Francisco en Evangelii Gaudium nos recuerda que existe una jerarquía en la vida cristiana y advierte sobre el peligro de hablar más de la ley que de la gracia, olvidando la caridad y la justicia. 

Esto también nos interpela en nuestra vida pastoral: podemos preocuparnos mucho por cumplir horarios, normas, ceremonias y responsabilidades y al mismo tiempo olvidar a la persona que tenemos delante.

Hoy revisaré mi manera de vivir la fe y me preguntaré: ¿estoy cumpliendo cosas para Dios o estoy permitiendo que Dios transforme mi manera de amar? Haré concretamente una obra de justicia, misericordia o caridad con alguien que, en este momento, necesite sentirse abrazado por Dios. 

Antífona de comunión
Mt 25, 21

Alégrate, siervo bueno y fiel. Entra a compartir el gozo de tu Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Renovados con este sacramento que da vida, te rogamos, Señor, que nos concedas vivir para ti en justicia y santidad, a ejemplo y por intercesión de san José, el varón justo y obediente que contribuyó con sus servicios a la realización de tus grandes misterios. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Espíritu Santo, haz crecer en mí tus frutos; ven, poder de lo alto, y desarrolla en mí el amor, la alegría, la paz, la generosidad, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio de mí mismo.

Acción

Hoy revisaré cada uno de los frutos del Espíritu y los confrontaré con mi vida para evaluar qué tanto he dejado actuar a Dios en mi vida.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).