Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 13 de octubre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVIII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
1 Jn 3, 17

Si alguno, teniendo con qué vivir, ve a su hermano pasar necesidad, y sin embargo, no lo ayuda, ¿cómo habitará el amor de Dios en él?

Oración colecta

Señor Dios, que diste un origen idéntico a todos los pueblos y de ellos quisiste congregar una sola familia para ti, llena los corazones de todos con el fuego de tu amor y enciende en ellos el deseo de un justo progreso de sus hermanos, para que, por medio de los bienes que en abundancia das para todos, se realice cada uno como persona humana y, suprimida toda división, se afiancen en el mundo la igualdad y la justicia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Nada vale la circuncisión,
sino la fe que actúa por el amor

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Gálatas 5, 1-6

Hermanos:

Para la libertad nos ha liberado Cristo.

Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.

Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.

Y vuelvo a declarar que todo aquel que se circuncida está obligado a observar toda la ley.

Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia.

Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe; porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

San Pablo afirma categóricamente que lo que salva al hombre no son las obras (como la circuncisión, o la observancia de los preceptos de la ley de Moisés) sino la fe. Sin embargo, esta fe tiene una característica particular que le regresa la validez a la ley y la lleva a su plenitud, como el mismo Jesús lo dijo.

La fe que el cristiano profesa o que debe profesar, si verdaderamente quiere que su fe sea válida y operante, es una fe que "actúa a través de la Caridad".

Por eso, en la carta a los corintios dirá: "Podría tener una fe capaz de mover montañas, pero si no tengo caridad nada soy". Mis amados hermanos debemos recordar que seremos juzgados por la caridad. La fe del cristiano se proyecta en la caridad. Caridad que es: perdón, ternura, comprensión y servicio, sobre todo a los más necesitados.

Por ello, la fe es visible para todos los que nos rodean. No puedo decir que creo en Cristo y mi vida familiar está marcada por el egoísmo, por la discordia, por la indiferencia; no puedo decirme cristiano y tratar a mis subordinados y a los que se relacionan conmigo con despotismo e indiferencia.

¡Sí! La fe es la que salva, pero la fe actúa a través de la caridad. ¿Es esta la fe que tú tienes en Cristo?

Salmo responsorial
Sal 118, 41. 43. 44. 45. 47. 48

R. Señor. que me alcance tu favor.
  • Señor, que me alcance tu favor, tu salvación según tu promesa. R.
  • No quites de mi boca las palabras sinceras, porque yo espero en tus mandamientos. R.
  • Cumpliré sin cesar tu ley, por siempre jamás. R.
  • Andaré por un camino ancho, buscando tus mandatos. R.
  • Serán mi delicia tus mandatos, que tanto amo. R.
  • Levantaré mis manos hacia tus decretos, que tanto amo, y recitaré tus mandatos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Heb 4, 12ad

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. R.

EVANGELIO
Dad limosna,
y lo tendréis limpio todo

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 11, 37-41

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.

Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo: «Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.

¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

La verdadera pureza se expresa con un corazón que ha sido sanado con caridad desde el interior. En este Evangelio que escuchamos hoy, Jesús confronta la obsesión de fijarse solo en el cumplimiento de rituales que limpiaban por fuera, mientras el interior permanecía lleno de codicia y de maldad; nos recuerda que Dios es el creador de todo nuestro ser, tanto de lo visible como lo invisible. 

La única forma auténtica de limpiar el alma por dentro es abrir la vida hacia los demás a través de la generosidad. Este llamado de Jesús exige purificar la verdadera intención de nuestras acciones, la trampa del perfeccionismo nos lleva con frecuencia a cuidar minuciosamente las formas externas: cumplir las normas, mantener las apariencias o buscar el reconocimiento de los demás, mientras descuidamos las actitudes profundas del alma. 

El crecimiento interior se puede medir por la capacidad de desprendernos de nosotros mismos para socorrer al que más lo necesita. Limpiar el vaso por dentro se logra mediante la práctica constante de las obras de misericordia y el desapego; se cultiva cuando decides compartir no solo lo que te sobra, sino tu propio tiempo, tu escucha y tus recursos con quien pasa más necesidades. 

Se vive al dar prioridad a la comprensión y al auxilio sobre la corrección rígida; la limosna verdadera es un acto de amor desinteresado que purifica la mente del egoísmo y de la avaricia. San Agustín lo explicaba así, ‘da limosna desde el corazón, teniendo compasión del hermano en su miseria’.

Si quieres estar limpio por dentro, limpia primero tu intención con el amor al prójimo; realicemos un examen honesto sobre las intenciones que mueven nuestros actos, busquemos una oportunidad concreta para dar sin esperar nada a cambio; regalar tiempo a quien lo necesita, compartir de nuestros bienes o responder con un gesto generoso ante algo que a veces nos parece una molestia.

Recuerda que ante los ojos de Dios, la verdadera limosna brota de un corazón que se entrega, purificando la vida desde su interior. 

Antífona de comunión
Lc 11, 9

Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá, dice el Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados con un mismo pan, mediante el cual renuevas sin cesar a la familia humana, te rogamos, Señor, que de la participación del sacramento de unidad, obtengamos un amor genuino y puro para ayudar al progreso de los pueblos y cumplir, movidos por la caridad, las exigencias de la justicia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, tengo fe en ti, una profunda y verdadera fe; por eso pido que me enseñes a vivir en la plenitud de la caridad y me dispongo completamente para que me moldees y me muestres la manera práctica de amar, no sólo con palabras sino con obras reales.

Acción

Hoy buscaré demostrar claramente mi caridad a alguien desconocido que la necesite, sin olvidar que la caridad con los míos no es opcional.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).