Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 1 de noviembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXI.
   Color del día: Blanco.  

Solemnidad: Todos los Santos.

Antífona de entrada

Alegrémonos en el Señor y alabemos al Hijo de Dios, junto con los ángeles, al celebrar hoy esta solemnidad de Todos los Santos.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que nos concedes venerar los méritos de todos tus santos en una sola fiesta, te rogamos, por las súplicas de tan numerosos intercesores, que en tu generosidad nos concedas la deseada abundancia de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Vi una muchedumbre inmensa, que
nadie podría contar, de todas las
naciones, razas, pueblos y lenguas

Lectura del libro del Apocalipsis
7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que sellemos en la frente a los siervos de nuestro Dios».

Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!».

Y todos los ángeles que estaban de pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén».

Y uno de los ancianos me dijo: «Estos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?».

Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás».

Él me respondió: «Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

La primera lectura nos abre una ventana al cielo y nos permite contemplar el destino final del Pueblo de Dios. San Juan ve a los elegidos marcados con el sello del Señor: es el signo de pertenencia de quienes han sido consagrados por Dios y permanecen fieles en medio de las pruebas. Ese sello nos recuerda nuestro propio Bautismo, por el cual fuimos hechos hijos de Dios y llamados a la santidad.

Luego aparece una multitud innumerable, de toda nación, raza, pueblo y lengua. La santidad no es privilegio de unos pocos, sino vocación universal. Todos están revestidos con túnicas blancas, lavadas en la sangre del Cordero, signo de una vida entregada, purificada por el amor y la fidelidad a Cristo, muchas veces en medio del sufrimiento y la perseverancia.

Esta visión nos llena de esperanza: los santos no son héroes lejanos, sino hermanos nuestros que supieron confiar en Dios y mantenerse firmes. Hoy celebramos su victoria y renovamos nuestro compromiso de caminar, también nosotros, hacia esa comunión plena con Dios, viviendo con fe y amor en la realidad cotidiana.

Para reflexionar:  ¿Me siento llamado a una vida de santidad que me motive a ello?  ¿Qué es para mí la comunión de los santos y qué espero de ella?

ORACIÓN: Señor, tú nos has mostrado en la Escritura el destino de quienes alcanzan la santidad. Danos tu gracia para que lleguemos a esa santidad que deseas para cada uno de nosotros. Amén.

Salmo responsorial
Sal 23, 1b-2. 3-4ab. 5-6

R. Esta es la generación
que busca tu rostro, Señor.
  • Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.
  • ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.
  • Ese recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. Esta es la generación que busca al Señor, que busca tu rostro, Dios de Jacob. R.

SEGUNDA LECTURA
Veremos a Dios tal cual es

Lectura de la primera carta
del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

San Juan nos invita hoy a contemplar el inmenso amor del Padre: "Mirad qué amor nos ha tenido para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!". Esta es la raíz de toda santidad. No se trata, en primer lugar, de esfuerzos extraordinarios, sino de acoger con fe que Dios nos ama y nos ha hecho sus hijos.

Ser hijos de Dios es una realidad presente, aunque todavía no se manifiesta en plenitud. Vivimos en esperanza, caminando hacia el día en que veremos al Señor tal cual es. Esa esperanza no nos aleja del mundo, sino que nos impulsa a vivir de manera coherente, dejando que nuestra vida sea purificada y transformada por el amor de Dios.

Los santos que hoy celebramos comprendieron esta verdad: se dejaron amar por Dios y respondieron a ese amor con una vida entregada. Esta lectura nos recuerda que la santidad nace de sabernos hijos, de vivir con confianza filial y de caminar cada día con la mirada puesta en Cristo, esperanza y meta de nuestra vida.

Para reflexionar:  ¿Me siento hijo o hija de Dios?  ¿Creo en su amor por mí?  ¿Pienso que ser santo es algo que depende únicamente de mí?

ORACIÓN: Señor, muchas veces olvido que soy hijo tuyo. Ayúdame a buscar la santidad que quieres para tus hijos. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 28

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados – dice el Señor -, y yo os aliviaré. R.


EVANGELIO
Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

En el Evangelio de hoy, Jesús nos presenta las bienaventuranzas, que son el verdadero retrato del santo. No se trata de un ideal inalcanzable, sino del camino concreto que Él mismo vivió y nos propone a todos sus discípulos. Las bienaventuranzas invierten la lógica del mundo y nos enseñan que la verdadera felicidad nace de la confianza en Dios, de la humildad, de la misericordia y del amor fiel, incluso en medio de la dificultad.

Los santos que hoy celebramos hicieron de estas palabras su proyecto de vida. Fueron pobres de espíritu, mansos, misericordiosos, limpios de corazón y constructores de paz en su realidad concreta. Por eso, aunque muchas veces fueron incomprendidos o perseguidos, encontraron en Cristo la alegría verdadera que nadie puede quitar.

Este Evangelio nos recuerda que la santidad no consiste en cosas extraordinarias, sino en vivir con amor lo ordinario de cada día, según el corazón de Jesús. Al escuchar estas bienaventuranzas, renovemos nuestro compromiso de seguir al Señor, confiados en que quien camina por este sendero participa ya, desde ahora, de la alegría del Reino de los cielos.

Para reflexionar:  ¿Busco actuar en cada situación de mi vida como actuaría Jesús en ella?  ¿Soy de los que impulsan la paz y la misericordia, o de los que fomentan la guerra y el juicio?

ORACIÓN: Señor, tú que nos has mostrado el camino a la santidad mediante las bienaventuranzas, ayúdanos a vivir desde ese camino y guíanos durante el recorrido. Amén. 


Antífona de comunión
Mt 5, 8-10

Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.


Oración después de la comunión

Dios nuestro, a quien adoramos, admirable y único Santo entre todos tus santos, imploramos tu gracia para que, al consumar nuestra santificación en la plenitud de tu amor, podamos pasar de esta mesa de la Iglesia peregrina, al banquete de la patria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SÍNTESIS:

La Palabra de Dios de hoy nos recuerda que la santidad es la vocación de todos. El Apocalipsis nos presenta la multitud innumerable de los salvados, marcada con el sello de Dios, fruto de una vida fiel y perseverante. San Juan nos afirma que esta santidad nace del amor del Padre, que nos ha hecho sus hijos y nos llama a vivir con esperanza, caminando hacia la plenitud de su promesa.

Finalmente, en el Evangelio, Jesús nos muestra el camino concreto de la santidad en las bienaventuranzas, vividas con sencillez y amor en la vida cotidiana. Celebrar a todos los santos es renovar nuestro deseo de caminar, como ellos, hacia la comunión plena con Dios.   

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).