Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXI.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: San Martín de Porres, religioso.
Antífona de entrada
Cfr. Sal 104, 3-4
Alégrese el corazón de los que buscan al Señor; busquen al Señor y serán fortalecidos, busquen siempre su rostro.
Oración colecta
Dios nuestro, que condujiste a san Martín de Porres a la gloria celestial por el camino de la humildad, concédenos imitar de tal modo sus admirables ejemplos, que merezcamos ser glorificados con él en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Se humilló a sí mismo,
por eso Dios lo exaltó sobre todo
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Filipenses 2, 5-11
Hermanos:
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Uno de los más antiguos himnos litúrgicos que la Iglesia ha recogido sobre la persona de Jesucristo es el que nos transmite san Pablo en esta carta, y que pone como modelo para la vida de la comunidad con las palabras: "Tengan entre ustedes los mismos sentimientos que tuvo Cristo".
Qué palabras más profundas y qué invitación tan clara a dejar de lado nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra vanidad y autosuficiencia.
Este mensaje nos viene muy bien a todos, pero de manera especial a aquellos que estamos acostumbrados a hacer uso de nuestros "privilegios" como sacerdotes, padres de familia, hermanos mayores, jefes, políticos; pues nos hace ver que es precisamente la renuncia a estos "privilegios" la que permite que sea Dios el que nos dé la verdadera honra.
Es una invitación clara a ser servidores de aquellos a los que consideramos "inferiores" a nosotros, y a reconocer que es precisamente en ese servicio en donde se encuentran al mismo tiempo la verdadera gloria y la paz.
Estas palabras de san Pablo nos dan de nuevo la oportunidad de reconocer, que no soy mejor que los demás, y que si Dios me ha concedido alguna "dignidad" o "cargo" en la sociedad o en la familia, esto ha sido para que desde ahí sirva mejor a los que dependen de mí.
Salmo responsorial
Sal 21, 26b-27. 28-30a. 31-32
R. El Señor es mi alabanza
en la gran asamblea.
- Cumpliré mis votos delante de sus fieles. Los desvalidos comerán hasta saciarse, alabarán al Señor los que lo buscan: viva su corazón por siempre. R.
- Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos, porque del Señor es el reino, él gobierna a los pueblos. Ante él se postrarán los que duermen en la tierra. R.
- Mi descendencia lo servirá, hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de nacer: «Todo lo que hizo el Señor». R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados -dice el señor-, y yo os aliviaré. R.
EVANGELIO
Sal por los caminos y senderos e insísteles
hasta que entren y se llene mi casa
Lectura del santo evangelio
según san Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: -«¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!»
Jesús le contestó: -«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados: «Venid, que ya está preparado».
Pero todos a una empezaron a excusarse.
El primero le dijo: «He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor».
Otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor».
Otro dijo: «Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir».
El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado: «Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos».
El criado dijo: «Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio».
Entonces el señor dijo al criado: «Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene mi casa».
Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete»».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El llamado a participar del Reino de Dios requiere una respuesta sin excusas.
Hoy en el Evangelio escuchamos a Jesús poner el ejemplo de un hombre que ofrece un gran banquete, los invitados comienzan a excusarse con diversas razones que pueden ser justificadas; quiere hacernos entender cómo los apegos a las cosas materiales, a los afectos y a los planes personales pueden desviar nuestra alma y despreciar el banquete que el Señor ofrece.
Ante esta negativa de los invitados, la casa del Señor no se quedó vacía, la mesa se llenó con los pobres, los ciegos y los cojos; aquellos que reconocen su necesidad y que no tienen a qué aferrarse. Con frecuencia caemos en la trampa de dejar para después el encuentro con Dios, bajo el pretexto del trabajo, de no tener tiempo, por los compromisos o las preocupaciones humanas.
Cuando el corazón se llena solamente de nuestros propios intereses y del apego material, el alma se vuelve insensible a las cosas de Dios y preferimos nuestras propias seguridades porque creemos que eso nos dará la felicidad.
Por eso, para estar dispuestos a participar del banquete del Reino, es necesario el desprendimiento, la libertad y un alma dispuesta que se consigue teniendo siempre presente a Dios por medio de una vida de intimidad con Él, en la oración, en el alimento continuo de la Eucaristía, en una vida encaminada a la santidad.
Teniendo un alma agradecida que reconoce primeramente el privilegio de haber sido llamados a participar del banquete, valorando que el Señor ha destinado un lugar en la mesa para nosotros, reconociendo nuestra propia pobreza, sabiendo que todo lo que tenemos proviene de Él y que el banquete ya está servido.
Cuando ponemos la voluntad de Dios por encima de la nuestra, cuando atendemos un llamado al servicio, cuando reconocemos nuestra propia pobreza, somos como esos invitados que decidieron acudir al llamado y llenaron la casa porque entendían que nada en este mundo se compara con la gracia de vivir en comunión con Él.
San Gregorio Magno decía que cualquier bien de este mundo que se posee con desorden se convierte en un freno para el alma, impidiéndole correr hacia el bien celestial que la llama. Piensa un momento y reflexiona en las excusas que sueles poner cuando sientes que Dios te pide dar un paso más en tu entrega.
Si hoy te descubres dándole prioridad a tu comodidad, a tu descanso o a tus planes personales, o incluso a tus miedos, antes de acudir al llamado, acéptalo y reconoce tu necesidad; no pierdas más tiempo y acude a la invitación que te hace el Señor para participar del banquete. Limpia tu corazón de apegos, decídete, entra con humildad y siéntate a la mesa con Él.
Antífona de comunión
Mt 5, 3
Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te rogamos, Dios todopoderoso, que fortalecidos con este sacramento, aprendamos, a ejemplo de san Martín de Porres, a buscarte siempre sobre todas las cosas, y demos, ante el mundo, una imagen auténtica del hombre nuevo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, dame de tu humildad, de tu capacidad de abajarte aún siendo Tú nuestro creador, dirígeme al trato cálido y al servicio de aquellas personas que normalmente me sirven.
Acción
Hoy buscaré a alguna persona que normalmente me sirva y de algún modo le prestaré un servicio con amor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), EWTN News Español.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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