Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXI.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: San Carlos Borromeo, obispo.
Antífona de entrada
Cfr. Lc 12, 42
El siervo fiel y prudente fue constituido como padre de su familia, para repartirles a su tiempo el alimento.
Oración colecta
Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en san Carlos Borromeo, obispo, a fin de que tu Iglesia, renovada sin cesar e identificándose cada vez más con tu Hijo, pueda mostrar al mundo el verdadero rostro de Cristo. Él, que vive y reina contigo.
PRIMERA LECTURA
Trabajad por vuestra salvación,
porque es Dios quien activa
el querer y el obrar
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Filipenses 2, 12-18
Queridos hermanos, ya que siempre habéis obedecido, no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, trabajad por vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor.
Cualquier cosa que hagáis sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida.
Así, en el Día de Cristo, esa será mí gloria, porque mis trabajos no fueron inútiles ni mis fatigas tampoco. Y si mi sangre se ha de derramar, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y alegraos conmigo.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Seguir la voluntad de Dios nunca ha sido fácil, pues, el mismo Jesús nos mostró con su vida, que muchas veces está marcada con el signo de la cruz y la persecución. Por ello, san Pablo anima a la comunidad a continuar trabajando en la construcción del Reino, sabiendo que es el mismo Dios quien da la fuerza y la energía para hacerlo.
Si a veces te sientes cansado y sin ánimos de seguir adelante en la empresa que te habías propuesto, puede ser porque has querido hacerla depender de tu propio esfuerzo o porque ésta no era precisamente concorde al proyecto de Dios.
Por ello, cuando te viene el desánimo, sea por los problemas que encuentras en tu vida, o por las dificultades a las que te tienes que enfrentar, recuerda que la fuerza nos viene de Dios.
Él es el primer interesado en que su proyecto se cumpla en tu familia, en tu comunidad, en tu lugar de trabajo o estudio, y por ello no te negará los recursos que necesites para que el Reino se establezca y puedas verdaderamente brillar como una antorcha en medio de la oscuridad. ¡Ánimo!
Salmo responsorial
Sal 26, 1bcde. 4. 13-14.
R. El Señor es mi luz y mi salvación.
- El Señor es mí luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R.
- Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R.
- Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R.
Aclamación antes del Evangelio
1 Pe 4, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Si os ultrajan por el nombre de Cristo, bienaventurados vosotros, porque el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. R.
EVANGELIO
Aquel que no renuncia a todos sus
bienes no puede ser discípulo mío
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Queridos Hermanos, Jesús hoy nos habla con una exigencia que sorprende: para ser sus discípulos debemos ponerlo por encima de todo, cargar nuestra cruz y renunciar a nuestros bienes.
¿Acaso nos pide dejar de amar a nuestra familia? No. Según la manera de expresarse de la tradición semítica, se trata de amar a Cristo por encima de cualquier otro afecto. Él no destruye nuestros vínculos, sino que los purifica y los ordena.
En la tradición judía, el discípulo no solamente escuchaba al maestro, sino que caminaba con Él y aprendía a vivir como Él. Jesús lleva esta relación a su plenitud: no basta caminar detrás de Él físicamente, hay que seguirlo con el corazón.
San Agustín enseñaba que nuestro corazón permanece inquieto hasta descansar en Dios. Por eso, seguir a Cristo exige preguntarnos ¿qué ocupa el primer lugar en nuestra vida? ¿Dios, el dinero, el prestigio o nuestras propias comodidades?
El Catecismo de la Iglesia Católica, en el numeral 2232, recuerda que: “los vínculos familiares, aunque importantes, no son absolutos”. Y el Concilio Vaticano II, en la Lumen Gentium, presenta la caridad como el camino de la santidad. La renuncia cristiana no consiste en despreciar lo que tenemos, sino en dejar de ser esclavos de ello para amar y servir con mayor libertad.
Pensemos en una familia que, aun teniendo dificultades, decide acompañar a un enfermo, perdonar una ofensa o compartir sus bienes con quien necesita ayuda. Allí se construye, ladrillo a ladrillo, la torre de la fidelidad; así también se edifica la vida cristiana: con decisiones concretas, no solamente con buenas intenciones.
Cristo es nuestro modelo: no huyó de la cruz, sino que convirtió su entrega en camino de salvación. María, al responder «Hágase en mí según tu Palabra», nos enseña la disponibilidad para poner a Dios en el centro.
Hoy revisemos qué nos impide seguir plenamente a Jesús. Renunciemos a un apego concreto y realicemos un acto de generosidad, perdón o servicio. Porque ser discípulo no es solamente comenzar a caminar con Cristo, sino perseverar con Él hasta el final.
Antífona de comunión
Cfr. Mc 16, 17-18
Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído, dice el Señor: arrojarán demonios, impondrán las manos a los enfermos, y éstos quedarán sanos.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que el santo sacramento que recibimos, Señor, nos comunique aquella fortaleza de espíritu que hizo a san Carlos Borromeo fiel en su ministerio y fervoroso en la caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, enséñame a hacer todo sin quejas ni discusiones para que sea, ante ti, irreprochable, sencillo y sin mancha. Hazme una antorcha brillante en el mundo, al presentar tus palabras de vida. Además de todo, Señor, enséñame a alegrarme y a regocijarme.
Acción
Hoy le diré directamente a Dios que se haga cargo de aquella cosa que tanto me he esforzado por solucionar o concluir y aún no he podido; con fe le pediré que me ayude con su gracia.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), EWTN News Español.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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