Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 2 de noviembre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXI.
   Color del día: Morado.  


Antífona de entrada
Cfr. 1 Tes 4, 14; 1 Cor 15, 22

Así como Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él. Y así como en Adán todos mueren, así en  Cristo todos volverán a la vida.

Oración colecta

Escucha, Señor, benignamente nuestras súplicas, y concédenos que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo de entre los muertos, se afiance también nuestra esperanza en la resurrección de tus hijos difuntos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
“Espero gozar de la dicha
del Señor en el país de la vida”

Lectura del libro de la
Sabiduría 4, 7-15

El justo, aunque muera prematuramente, tendrá descanso.

Una vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años, pues las canas del hombre son la prudencia y la edad avanzada, una vida intachable.

Agradó a Dios y Dios lo amó, vivía entre pecadores y Dios se lo llevó. Lo arrebató para que la maldad no pervirtiera su inteligencia, ni la perfidia sedujera su alma.

Pues la fascinación del mal oscurece el bien y el vértigo de la pasión pervierte una mente sin malicia. 

Maduró en poco tiempo, cumplió muchos años. Como su vida era grata a Dios, se apresuró a sacarlo de la maldad.

La gente lo ve y no lo comprende, ni les cabe esto en la cabeza: la gracia y la misericordia son para sus elegidos y la protección para sus devotos.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Por su condición racional y volitiva de la que el hombre está dotado, se abre a la esperanza y consecución de unos valores que superan los puramente temporales y, en consecuencia, caducos. No se sacia uno alcanzando las metas que se acaban dentro de los linderos de la tierra, ni aun en el entero cosmos al que se abre de panera especial la civilización actual.

Es evidente que, con solo la inteligencia, no puede descubrirse todo aquello a lo que tienden los deseos humanos, aunque se hallen muy recortados. La celebración del día consagrado a orar por los fieles difuntos es una buena oportunidad para dejarse iluminar por la fe y robustecer la esperanza, entrando en comunión con tantos familiares, bienhechores, amigos y, en definitiva, hermanos por la condición moral, que han logrado ya o están vías de conseguir la plenitud de sus aspiraciones.

Cierto que la revelación divina contenida en la Escritura y proclamados en esta jornada, esclarecen lo más profundo de la mente y serenan elevados anhelos. Así pues, no porque alguien cumpla solo pocos años se verá privado de la glorificación reservada a los justos.

La peregrinación terrena se mide por una vida sin tacha, entregada al servicio de Dios y de los semejantes, colocándose sobre las alas de la providencia. Madurando en pocos años puede llenarse mucho tiempo para acceder a la eternidad con una gran capacidad para lo divino que se entrega sin reservas.

La gracia y la misericordia son para los que eligen al Señor como su luz y salvación, porque preferidos por Dios somos todos. La espera y perseverancia en el bien lleva al país de la vida.

Salmo responsorial
Salmo 26, 1. 4. 7. 8b. 9a. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.
  • El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R.
  • Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R.
  • Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. R.
  • Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el señor. R.

SEGUNDA LECTURA
“Cristo murió por los impíos”

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 5, 5-11

Hermanos:

La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvados del castigo!

Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvados por su vida!

Y no solo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios

Reflexión sobre la Segunda Lectura

Con un acto libre de la mente y del corazón, con que se desconectaron los humanos de su Creador, entró el pecado, la contaminación de lo creado y la muerte en la estirpe que nos es común. Pero Dios, hecho hombre en la persona divina de Jesucristo, murió por los pecadores que, aunque con fuerzas para llenar sobradamente su recorrido por el mundo, se cerraron el camino hacia la trascendencia que les llama.

La mayor prueba del amor que Dios tiene hacia las criaturas hechas a su imagen y semejanza es la muerte y resurrección de Jesucristo. Con ambos misterios impensables, se abrió la muerte de los justos a la vida conectada definitivamente con Dios. Por Jesús hemos recibido la reconciliación.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 11, 25. 26

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor; el que cree en mí, no morirá para siempre. R.

EVANGELIO
“No perdáis la calma”

Lectura del santo evangelio
según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. en la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino». Tomas le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Palabra del Señor

Reflexión sobre el Evangelio

Una exhortación para todos los que peregrinamos en este «hoy de salvación» se resume en el no perder la calma, la tranquilidad operante, la paz conquistada diariamente, el sosiego y la serenidad. Es el Maestro quien, con toda sabiduría, nos indica en el Evangelio la senda para conseguir tal objetivo.

La vereda no es otra que la de la fe, recibida como un regalo, apreciada, cultivada con esmero, profundizada con el conocimiento de lo revelado por Dios, que no se equivoca y jamás engaña. Esta creencia ha de estar incorporada a lo más hondo del ser,  profesada en el exterior, en circunstancias fáciles y penosas, en medio de aceptaciones, de indiferencias y rechazos.

En este día de plegaria ferviente en favor de los fieles difuntos necesitados, puede resultar muy útil traer a la memoria a personas que, por una razón u otra, hemos conocido. Individuos que, armados de su fe, no se han echado atrás, ni se han dejado derrumbar por la enfermedad, sino que han mantenido su vida con gratitud, aprovechándola con valentía y solidaridad para con los necesitados de valores.

Otros han preferido morir con tal de alumbrar una vida que siempre es asistida por la providencia; otros, impedidos para los trabajos, se han entregado a la oración ante el sagrario, mientras intentaban sofocar las llamas en una casa vecina a la suya; tantos otros, llegados a situaciones de martirio, eligieron morir de cara a los verdugos para bendecirlos.

Nuestra oración es válida también para los que provocaron muertes, aun de sus hijos no nacidos, de sus padres ancianos y desvalidos, de cualquier homicidio por motivo de odio, venganza, robos, guerras y ambiciones. Hasta el punto final de sus desenlaces tuvieron semejantes desdichados el rostro de Dios junto a ellos, suplicándoles el arrepentimiento, la retractación y la conversión.

Dios perdona a quien, arrepentido de verdad, se confiesa culpable. Pero, borrada la culpa, permanece la pena que, en nuestras manos, está aliviarla mediante el acto más sublime de caridad, cual es la oración por semejantes hijos de Dios y hermanos nuestros.

Antífona de comunión
Jn 11, 25-26

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Te rogamos, Señor, que tus fieles difuntos, por quienes hemos celebrado este sacrificio pascual, lleguen a la morada de la luz y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Frailes Dominicos de España, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), EWTN News Español.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).