Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Zacarías y Santa Isabel.
Antífona de entrada
Sal 77, 23-25
Abrió Dios las compuertas del cielo e hizo llover sobre ellos el maná para que lo comieran; les dio un trigo celeste, y el hombre comió pan de ángeles.
Oración colecta
Señor Dios, que llevaste a cabo la obra de la redención humana por el misterio pascual de tu Unigénito, concede, benigno, que quienes anunciamos llenos de fe por medio de los signos sacramentales, su muerte y resurrección, experimentemos un continuo aumento de tu salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Todo eso que para mí era ganancia,
lo consideré pérdida a causa de Cristo
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Fílipenses 3, 3-8a
Hermanos:
Los circuncisos somos nosotros, los que damos culto en el Espíritu de Dios y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en la carne. Aunque también yo tendría motivos para confiar en ella. Y si alguno piensa que puede hacerlo, yo mucho más, circuncidado a los ocho días, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo hijo de los hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto celo, perseguidor de la Iglesia, en cuanto a la justicia de la ley, irreprochable.
Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En este pasaje Pablo nos muestra lo que es y significa estar TOTALMENTE enamorado de Cristo y lo que esto representa y representó para su propia vida. La frase que hace estremecer es: "Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor".
Con esto, el apóstol nos muestra lo que el amor de Dios puede hacer en el corazón de aquel que se deja amar por él, cuando el amor de Dios toca el corazón del hombre, lo transforma y le hace conocer su pequeñez y la grandeza de Dios; cambia sus sentimientos, sus criterios, sus puntos de vista.
Dios deja de ser un extraño para convertirse en el "amigo íntimo" sin cuya compañía no se puede vivir; las cosas, sin ser negativas o malas, adquieren su verdadero valor y nos damos cuenta que hay valores mucho más importantes y trascendentes, como son el amor, la lealtad, la fidelidad.
Deja que el amor de Dios toque tu intimidad, ábrete a la acción del Espíritu, enamórate de Dios.
Salmo responsorial
Sal 104, 2-3. 4-5. 6-7
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
- Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas. Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. R.
- Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. R.
- ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados – dice el Señor -, y yo os aliviaré. R.
EVANGELIO
Habrá más alegría en el cielo por
un solo pecador que se convierta
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 15, 1-10
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
No cabe duda que tenemos un Dios lleno de amor y misericordia, y que además quiere que cada uno de los hombres experimentemos ese amor y misericordia volviendo a su lado para ser verdaderamente felices.
A Jesús lo critican los fariseos y escribas porque les habla a los pecadores, pero pues ¡son los que más necesitan escuchar esa voz!, bendito sea nuestro Dios que sale en nuestra búsqueda aun en medio de nuestro pecado y que aunque le digamos que ya no volveremos a caer, sabe que volveremos a caer y aun así, sale a buscarnos.
El pastor deja a todas para salir a buscar a la oveja perdida, deja a todas para buscarte a ti y a mí, porque nos ama infinitamente y nos ama con nombre y apellido, no solo ama a la humanidad en lo general, sino a cada uno de nosotros en lo personal. Si yo fuera consciente de que cuando he caído, el Señor sale a buscarme para que regrese, no demoraría en volver a la brevedad.
Santa Teresita de Lisieux reflexionaba sobre esta realidad “Así como el sol ilumina a la vez a los cedros y a cada florecita en particular, como si ella sola existiera en la tierra, de la misma manera se ocupa Nuestro Señor de cada alma en particular, como si no hubiera otra igual”.
Y no solo sale a buscarnos, al encontrarnos, no nos regaña, sino que nos toma en sus brazos, nos sube a sus hombros, nos lleva de regreso al redil y al llegar, dice que: hay más alegría en el cielo porque hemos regresado a la casa del Padre que por todos los que no necesitan conversión.
El Señor te invita hoy a vivir tu día con esta clara idea que se pierde entre tantos afanes que perseguimos “Dios me ama a mí, (ponle tu nombre) infinitamente”, así que, si estás en gracia, muestra tu alegría en todo lo que hagas, y si no estás en gracia, piensa que Dios te está buscando y quiere encontrarse contigo, regresa, ve a la casa del Padre y haz que haya mucha alegría en el cielo.
Antífona de comunión
Jn 6, 51-52
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor. El que coma de este pan vivirá eternamente. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Dios nuestro, que la participación en este banquete celestial nos santifique, de modo que, por la recepción del Cuerpo y la Sangre de Cristo, se estreche entre nosotros la unión fraterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Señor, quiero que toda mi vida tenga su sustento y sentido solo en ti. Y a partir de este momento, todo lo que hasta ahora juzgo valioso te lo entrego, pues tú eres y serás durante toda mi vida, lo más importante y lo que da razón a todo lo que soy y hago.
Acción
Hoy le repetiré, durante todo el día a Jesús: "Señor, te amo". Y dejaré que eso vaya asentándose y realizándose en mi corazón.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), EWTN News Español.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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