Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXXII.
Color del día: Verde.
Devocional: San Adeodato I, Papa.
Antífona de entrada
Cfr. Sal 87, 3
Que llegue hasta ti mi súplica, Señor, inclina tu oído a mi clamor.
Oración colecta
Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, con el alma y el cuerpo bien dispuestos, podamos con libertad de espíritu cumplir lo que es de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Quienes buscan la sabiduría
la encuentran
Lectura del libro de la
Sabiduría 6, 12-16
Radiante e inmarcesible, es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran.
Se adelanta en manifestarse a los que la desean.
Quien madruga por ella no se cansa, pues la encuentra sentada a la puerta.
Meditar sobre ella es prudencia consumada y el que vela por ella pronto se ve libre de preocupaciones.
Pues ella misma va de un lado a otro buscando a los que son dignos de ella; los aborda benigna por los caminos y les sale al encuentro en cada pensamiento.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La primera lectura nos presenta a la Sabiduría como una luz clara y accesible para quienes la buscan con sincero deseo. No es una realidad lejana ni reservada a unos pocos; se deja encontrar por quienes la aman y la buscan con perseverancia. La Sabiduría sale al encuentro del ser humano y se adelanta a quienes desean acogerla. Esta sabiduría la encontramos en Jesús y en sus enseñanzas.
Este texto nos recuerda que vivir sabiamente es vivir atentos a Dios y a su voluntad. La Sabiduría no se impone, sino que se ofrece y transforma la vida de quien la acoge, llenándola de sentido, paz y orientación. Buscarla es elegir un camino que conduce a la verdadera vida.
En el contexto de este domingo, esta lectura nos invita a estar vigilantes y con el corazón despierto. Quien busca la Sabiduría aprende a reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano y se prepara con esperanza para el encuentro con el Señor, viviendo una fe activa y responsable.
Para reflexionar: ¿Escucho con atención las enseñanzas de Jesús? ¿Logro ver la presencia de Dios en lo cotidiano?
ORACIÓN: Señor, lléname de tu sabiduría y permíteme experimentar tu presencia en las pequeñas cosas del día a día. Amén.
Salmo responsorial
Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 7-8
R. Mi alma está sedienta de ti,
Señor, Dios mío.
- Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua, R.
- ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R.
- Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R.
- En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti, porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo. R.
SEGUNDA LECTURA
Dios llevará con él, por medio de Jesús,
a los que han muerto
Lectura de la 1ª carta del apóstol san
Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18
No queremos que ignoréis, hermanos, la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.
Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
Esto es lo que os decimos apoyados en palabra del Señor: nosotros, los que quedemos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues él mismo, el Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.
Y así estaremos siempre con el Señor.
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
San Pablo escribe para consolar y fortalecer la fe de la comunidad, que vive la tristeza por la muerte de algunos hermanos. No niega el dolor, pero invita a vivirlo con esperanza, una esperanza distinta, fundada en la resurrección de Jesucristo. Para el creyente, la muerte no es el final, sino un paso hacia el encuentro definitivo con el Señor.
El apóstol afirma con claridad que, así como Cristo murió y resucitó, también Dios llevará con Él a los que han muerto en Cristo. Esta certeza transforma nuestra manera de afrontar el sufrimiento y el duelo: no desde la desesperanza, sino desde la confianza en la promesa de vida eterna.
Esta lectura nos anima a consolarnos unos a otros con la fe. En medio de las pérdidas y fragilidades humanas, la Palabra nos recuerda que nuestra historia no termina en la muerte, sino en la comunión plena con el Señor. Vivir esperando su venida es vivir con responsabilidad, fe y amor, sabiendo que estamos llamados a estar siempre con Él.
Para reflexionar: ¿Confío en que volveré a ver a mis seres queridos fallecidos? ¿Creo que mi historia continuará después de la muerte, en la vida eterna junto al Señor?
ORACIÓN: Señor, esperanza de los que han muerto, ayúdame a confiar en que la última palabra sobre nuestra existencia es una palabra de vida. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 24, 42a. 44
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Estad en vela y preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. R.
EVANGELIO
¡Que llega el esposo,
salid a su encuentro!
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron a encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes.
Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”
Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”.
Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”.
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”.
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
La parábola de las diez vírgenes nos invita a mirar con sinceridad nuestra forma de vivir la fe. Todas esperan al esposo, pero no todas están preparadas. La diferencia no está en el deseo, sino en la responsabilidad y la constancia. La fe no se improvisa en el último momento; se cultiva día a día.
El aceite de las lámparas representa una fe viva, alimentada por la oración, las buenas obras y la fidelidad al Evangelio. No se puede prestar ni compartir a última hora, porque cada uno está llamado a responder personalmente al amor de Dios.
El encuentro con el Señor es un don, pero también una tarea que exige vigilancia. Jesús nos recuerda que no sabemos el día ni la hora. Por eso, estar preparados no significa vivir con miedo, sino con una esperanza activa, atentos a la presencia de Dios en lo cotidiano.
Este Evangelio nos anima a no dormirnos en la fe, a vivir con coherencia, para que cuando el Señor llegue, nos encuentre con la lámpara encendida y el corazón dispuesto.
Para reflexionar: ¿Soy responsable y constante en la práctica de mi fe? ¿Es la oración el alimento de mi vida espiritual?
ORACIÓN: Señor, tú nos llamas a estar vigilantes ante tu llegada. Danos la gracia de ser firmes en la oración y constantes en la fe. Amén.
Antífona de comunión
Lc 24, 35
Los discípulos reconocieron al Señor Jesús, al partir el pan.
Oración después de la comunión
Alimentados con estos sagrados dones, te damos gracias, Señor, e imploramos tu misericordia, para que, por la efusión de tu Espíritu, cuya eficacia celestial recibimos, nos concedas perseverar en la gracia de la verdad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
SÍNTESIS:
Las lecturas de este domingo nos invitan a vivir una fe vigilante y llena de esperanza. La Sabiduría nos recuerda que Dios se deja encontrar por quienes lo buscan con un corazón atento y dispuesto.
San Pablo nos anima a no afrontar la muerte ni las dificultades desde la desesperanza, porque nuestra fe está fundada en la resurrección de Cristo.
El Evangelio nos llama a estar preparados, alimentando cada día nuestra fe, para que el encuentro con el Señor no nos sorprenda desprevenidos.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), EWTN News Español.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).



