Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 17 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana I.
   Color del día: Blanco.  

Memoria obligatoria: San Antonio, abad.

Antífona de entrada
Cf. Sal 91, 13-14

El justo florecerá como palmera, y se multiplicará como cedro del Líbano, plantado en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Oración colecta

Señor Dios, que otorgaste a san Antonio, abad, el don de servirte en el desierto con una vida admirable, concédenos, por su intercesión, que, negándonos a nosotros mismos, te amemos siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Ese es el hombre de quien habló el
Señor; Saúl gobernará a su pueblo

Lectura del primer libro de
Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1a

Había un hombre de Benjamín, de nombre Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorat, hijo de Afij, hijo de un benjaminita. Era un hombre de buena posición.

Tenía un hijo llamado Saúl, fornido y apuesto. No había entre los hijos de Israel nadie mejor que él. De hombros para arriba, sobrepasaba a todo el pueblo.

Las borricas de Quis, padre de Saúl, se habían extraviado; por ello ordenó a su hijo: «Toma contigo a uno de los criados, ponte en camino y vete a buscar las borricas».

Atravesaron la montaña de Efraín y recorrieron la comarca de Salisá, sin encontrarlas. Atravesaron la comarca de Saalín y el territorio benjaminita, pero no dieron con ellas.

En cuanto Samuel vio a Saúl, el Señor le advirtió: «Ese es el hombre de quien te hablé. Ese gobernará a mi pueblo».

Saúl se acercó a Samuel en medio de la puerta, y le dijo: «Haz el favor de indicarme dónde está la casa del vidente».

Samuel le respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano y comeréis hoy conmigo. Mañana te dejaré marchar y te aclararé cuanto te preocupa».

Tomó entonces Samuel el frasco del óleo, lo derramó sobre su cabeza y lo besó, diciendo: «El Señor te unge como jefe de su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 20, 2-3. 4-5. 6-7

R. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.
  • Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria! Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. R.
  • Te adelantaste a bendecirlo con el éxito, y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término. R.
  • Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido de honor y majestad. Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia. R.

Aclamación antes del Evangelio
Lc 4, 18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad. R.

EVANGELIO
No he venido a llamar a los
justos, sino a pecadores

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 2, 13-17

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del mar; toda la gente acudía a él y les enseñaba.

Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dice: – «Sígueme».

Se levantó y lo siguió.

Sucedió que, mientras estaba él sentado a la mesa en casa, de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaban con Jesús y sus discípulos, pues eran ya muchos los que los seguían.

Los escribas de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: – «¿Por qué come con publicanos y pecadores?»

Jesús lo oyó y les dijo: – «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Sígueme. Si hoy el Señor te viera y te dijera: ‘sígueme’, ¿qué harías? ¿lo seguirías o le preguntarías ‘a dónde’? Y si te respondiera y descubres que no te llevará a donde tú quieres, o por el camino que tú quieres, ¿lo seguirías?

Pues, resulta que no es algo que tengas que imaginar, porque precisamente hoy el Señor te está mirando fijamente y te llama por tu nombre y te dice: ‘sígueme’. Y no le importa ni tu pecado, ni tu pasado, porque como Él lo ha dicho, no son los sanos los que tienen necesidad del médico sino los enfermos, pues no ha venido para llamar a los justos sino a los pecadores. 

Pero esto no puede nunca interpretarse como que Dios aprueba tu pecado, Él te llama, sí, pero te llama precisamente para sacarte de tu pecado, para rescatarte de tu miseria, para que lo sigas en el modo de vivir, de amar y de actuar, para que aprendas de Él, para santificarte. Justo como lo ha hecho con Él ahora san Mateo.

Pero si te fijas, Cristo le dice sígueme y lo lleva a su casa, no a la de Jesús sino la del mismo Mateo. Y es que el seguimiento de Cristo muchas veces implica ir al propio origen, al propio hogar, a la propia interioridad, para que Cristo, pueda llegar hasta lo más profundo de tu corazón; para que pueda habitarlo, restaurarlo, liberarlo de todas tus idolatrías y hacerlo capaz de amar de verdad. 

Ahora bien, recuerda que Cristo te está llamando por tu nombre hoy; te está llamando a la santidad y a un modo concreto de vivirla, te está llamando a colaborar con Él en la construcción del Reino de los Cielos. Y solamente hay tres caminos, los tres llenos de amor, pero expresado de manera diferente. 

El primero es consagrando la propia vida para entregarte plenamente a Cristo y a la Iglesia, viviendo como Cristo lo hizo antes de su muerte y resurrección y anunciando el Evangelio. 

El segundo es a través del matrimonio, para amar a tu cónyuge como Cristo ama a la Iglesia, de manera intensa, definitiva y fecunda; por lo que, solo juntarte con tu pareja, casarte solo por el civil o establecer un vínculo afectivo-sexual con alguien que no sea tu cónyuge a los ojos de Dios, atenta contra el llamado que Dios te está haciendo contra su proyecto de santidad.

Y el tercer llamado, consiste en el celibato apostólico, es decir, en consagrar tu vida en el mundo y para la transformación del mundo, viviendo como Cristo vivió durante su vida mortal, es decir en celibato, para poder entregarte en servicio a la sociedad amando a todos.

De estos tres ¿Cuál es el llamado que Dios te hace, te ha hecho y te sigue haciendo? ¿Ya descubriste a qué estilo de vida te ha llamado? Y ¿cómo está tu corazón, para responder a la llamada, al modo concreto de ser cristiano que Cristo te hace o renueva hoy?

Antífona de comunión
Cf. Mt 19, 21

Si quieres ser perfecto, ve y vende lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y sígueme, dice el Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados con el sacramento de la salvación, concédenos, Dios nuestro, que siempre superemos todas las insidias del enemigo, tú que le concediste a san Antonio lograr tan ilustres victorias contra el poder de las tinieblas. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).