Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana I - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Vi sentado en el trono celestial a un hombre, a quien adora la multitud de los ángeles que cantan a una sola voz: “Éste es aquel cuyo poder permanece eternamente”.
Oración colecta
Acompaña, Señor, con celestial piedad, los anhelos y súplicas de tu pueblo, para que conozca lo que debe poner por obra y lleve a cabo con firmeza lo que ha conocido. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Su rival importunaba a Ana,
porque el Señor la había hecho estéril
Comienzo del primer
libro de Samuel 1, 1-8
Había un hombre de Ha Ramatáin Sufín, en la montaña de Efraín, llamado Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de Toju, hijo de Suf, efrateo. Tenía dos mujeres: la primera se llamaba Ana y la segunda Feniná; Feniná tenía hijos, pero Ana no los tenía.
Ese hombre subía desde su ciudad de año en año a adorar y ofrecer sacrificios al Señor del universo en Siló, donde estaban de sacerdotes del Señor los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás.
Llegado el día, Elcaná ofrecía sacrificios y entregaba porciones de la víctima a su esposa Feniná y a todos sus hijos e hijas, mientras que a Ana le entregaba una porción doble, porque la amaba, aunque el Señor la había hecho estéril. Su rival la importunaba con insolencia hasta humillarla, pues el Señor la había hecho estéril.
Así hacia Elcaná año tras año, cada vez que subía a la casa del Señor; y así Feniná la molestaba del mismo modo. Por tal motivo, ella lloraba y no quería comer.
Su marido Elcaná le preguntaba: «¿Ana, por qué lloras y por qué no comes? ¿Por qué está apenado tu corazón? ¿Acaso no soy para ti mejor que diez hijos?».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este pasaje de esterilidad, que se repite dentro de la historia de la salvación, pone en evidencia, por un lado, la omnipotencia de Dios que hace surgir la vida de donde parecería no existir; es decir, para Dios no hay nada imposible.
Por otro lado, el hecho de que de estas historias de esterilidad como son el caso de la madre de Isaac, de Sansón y del mismo Juan Bautista, nos hacen ver que el proyecto salvífico de Dios no está basado en la flaqueza humana, ni es producto de la casualidad sino de una intervención poderosa y llena de amor por parte de él.
Esto nos lleva a reflexionar en cómo Dios se hace presente en nuestra propia historia de salvación y santidad en la que siempre se presenta como el Dios del amor y de la omnipotencia. Basta con echar un vistazo a nuestra vida para descubrir el paso amoroso de Dios que construye un camino, en donde parecería no haberlo.
Si te sientes humillado, vencido; si tu vida ha perdido el sentido, recuerda que Dios te escucha como escuchó a estas madres afligidas y que, arraigadas en su fe, supieron esperar en el Dios-que-salva. ¡Ánimo!
Salmo responsorial
Sal 115, 12-13. 14 y 17. 18-19
R. Te ofreceré, Señor,
un sacrificio de alabanza.
- ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor. R.
- Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor. R.
- Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. R.
Aclamación antes del Evangelio
Mc 1,15
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Está cerca el reino de Dios; convertíos y creed en el Evangelio. R.
EVANGELIO
Convertíos y creed en el Evangelio
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 1, 14-20
Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Cuando leemos la llamada de los apóstoles, como hoy que Jesús se encuentra a Simón Pedro y a su hermano Andrés, les dice: ‘síganme, los haré pescadores de hombres’, podríamos pensar que solo para los que tienen un llamado al sacerdocio o a la vida consagrada, pero se equivocan.
Cristo llama, es verdad, a algunos, como a mí, nos pide que lo dejemos todo para dedicarnos por completo a su servicio. Pero a ti y a mí, como bautizados, también nos llama. Y Cristo sigue llamando como hace dos mil años y me atrevería a decir que hoy llama con más fuerza que antes.
Nos llama a ser pescadores de hombres; sí, a pescar. La única manera de atraer hombres a que nos sigan es a través del testimonio. Si Simón y Andrés siguieron a Cristo sin conocerle, debía ser porque su presencia atraía, imponía; su autoridad, su firmeza, su ternura en la mirada.
Y aquí les lanzo la pregunta ¿Qué ve la gente en mí? ¿Atraigo por mi autenticidad, por mi solidez, por mi alegría, por mis principios y valores? O más bien no atraigo sino alejo por mis gritos, por mi soberbia, por mi vanidad, por mi crítica, por mi indiferencia.
Si soy de los primeros, llenaré la barca de la Iglesia de hombres y mujeres comprometidos con Cristo y su mensaje de amor. Y si soy de los segundos, pronto esa barca quedará vacía. Y lo más triste, es que me quedaré sola.
Escuchemos a Cristo que sale a mi encuentro hoy y me pide le siga para ayudarle a pescar y llenar la barca de hombres y mujeres felices y alegres, porque han encontrado a Aquél que les llene el corazón, al mismo Cristo Jesús. Transmitir alegría, paz, amor, certeza que solo Él, Cristo, me puede dar.
Antífona de comunión
Cf. Sal 35, 10
Señor, en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Renovados por tus sacramentos, te suplicamos, Dios todopoderoso, que te sirvamos dignamente con una vida que te sea agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor
Oración
Señor, te damos gracias porque constantemente muestras tu amor y poder en nuestra vida diaria, y muestras que realmente te involucras en la vida de tus hijos a quienes tanto amas; te pedimos que nos ayudes a estar abiertos a tu palabra para hacer siempre tu voluntad y agradarte en nuestro diario vivir, del mismo modo que tú intervienes en todo momento para mostrarnos tu infinito amor.
Acción
Dedicaré un momento durante esta noche para descubrir todos los dones que Dios me ha dado y elevaré una sincera acción de gracias.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
