Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana I - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: San Félix de Nola, presbítero.
Antífona de entrada
En un trono excelso vi sentado a un hombre, a quien adora muchedumbre de ángeles, que cantan a una sola voz: «Su imperio es eterno».
Oración colecta
Te pedimos, Señor, que atiendas con tu bondad los deseos del pueblo que te suplica, para que vea lo que tiene que hacer y reciba la fuerza necesaria para cumplirlo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Habla, Señor, que tu siervo escucha
Lectura del primer libro de
Samuel 3, 1-10. 19-20
En aquel tiempo, el joven Samuel servía al Señor al lado de Elí.
La palabra del Señor era rara en aquellos días tiempo y no eran frecuentes las visiones.
Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos habían comenzado a debilitarse y no podía ver.
La lámpara de Dios, aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios.
Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió: – «Aquí estoy».
Corrió donde estaba Elí y dijo: – «Aquí estoy, porque me has llamado».
Respondió: – «No te he llamado; vuelve a acostarte».
Fue y se acostó.
El Señor volvió a llamar a Samuel.
Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; porque me has llamado».
Respondió: – «No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte».
Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había sido manifestado todavía la palabra del Señor.
El Señor llamó a Samuel, por tercera vez. Se levantó, fue a donde estaba Elí y dijo: – «Aquí estoy; porque me has llamado».
Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel: – «Ve a acostarte. Y si te llama de nuevo, di: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»». Samuel fue a acostarse en su sitio.
El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores: – «¡Samuel, Samuel!».
Respondió Samuel: – «Habla, que tu siervo escucha».
Samuel creció. El Señor estaba con él, y no dejó que se frustrara ninguna de sus palabras. Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel era un auténtico profeta del Señor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Algo en lo que debemos ejercitarnos continuamente, sobre todo nosotros que nos ha tocado vivir esta generación, que podríamos llamar "del ruido", es en escuchar al Señor.
Este pasaje que relata la vocación o llamado del Profeta Samuel, nos dice que, "en la noche, cuando la lámpara del Señor todavía no se había apagado", Dios llamó a su profeta. Estos términos "noche" y "lámpara del Señor" en el lenguaje bíblico nos hablan del silencio y de la intimidad con Dios, más que de elementos físicos.
Es decir, Samuel estaba atento, y aunque cree que es Elí quien le llama, su corazón está a la escucha. El sacerdote, viendo la disposición del joven, lo instruye sobre cómo escuchar y cómo responder a Dios. Es, pues, necesario que nosotros retomemos en nuestra vida estas actitudes de silencio interior y de atención a Dios.
Busca, en tu "ruidosa" jornada un momento, no sólo para apartarte de la fuente del ruido, sino para hacer silencio interior. Ya una vez en el silencio interior de tu corazón, busca centrar tu atención de manera amorosa en Dios y escucharás la dulce voz de Aquél que te ama.
Salmo responsorial
Sal 39, 2 y 5. 7-8a. 8b-9. 10
R. Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
- Yo esperaba con ansia al Señor; él se inclinó y escuchó mi grito. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, y no acude a los idólatras, que se extravían con engaños. R.
- Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios; entonces yo digo: «Aquí estoy». R.
- «- Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas». R.
- He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor y yo las conozco, y ellas me siguen. R.
EVANGELIO
Curó a muchos enfermos
de diversos males
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 1, 29-39
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.
Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: – «Todo el mundo te busca».
Él les respondió: – «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido».
Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Cristo se levantaba de madrugada a orar para tener las fuerzas necesarias para enfrentar el día. ¿Qué hacemos nosotros? Ejercicio, despachar niños, cocinar, encender la televisión, escuchar noticias, prepararnos para ir al trabajo. Todo lo anterior está muy bien y es necesario, pero la oración le daría el toque final para empezar el día, como dicen por ahí, con el pie derecho.
Y no es repetir oraciones de memoria, sino orar desde el corazón. Es compartir con el Maestro, es hablar con un amigo que sé que me está escuchando. Orar es vaciar mi corazón ante el Señor, contarle mis problemas, ilusiones, deseos, preocupaciones, angustias, tristezas; compartir con Él las alegrías, los logros, poner todo lo que traemos en el corazón.
Mientras estoy haciendo la comida, mientras me estoy preparando, es hablar con Él, es ofrecerle el día, es agradecerle porque hoy abrí los ojos. Hablar con el Señor, Él sabrá qué hacer con todo lo que le pongamos, con todo lo que le digamos, con todo lo que vaciemos ante Él.
Así como Cristo empezaba el día elevando el corazón al Padre, así nosotros también debemos empezar nuestro día, vaciando el corazón en su corazón, para que Cristo lo llene de todo lo que necesito para enfrentar mi día.
Hoy tomarme un tiempo para hablar de corazón a corazón con el amigo que sé me está esperando.
Antífona de comunión
Cf. Sal 35, 10
Señor, en ti está la fuente viva y tu luz nos hace ver la luz.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te suplicamos, Dios todopoderoso, que concedas, a quienes alimentas con tus sacramentos, la gracia de poder servirte llevando una vida según tu voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor Dios, que constantemente nos llamas a la intimidad contigo para hacernos experimentar la riqueza de tu amor y benevolencia, ayúdanos a estar atentos a tu voz y ser fieles a tu palabra, para que algún día seamos dignos de alcanzar las promesas que nos hiciera tu Hijo: gozar de tu presencia para siempre.
Acción
El día de hoy dedicaré un pequeño momento de mi día para estar atento a la palabra y voluntad de Dios y así aprender a escuchar a mi hermano que se queja y sufre.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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