Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana I.
Color del día: Rojo.
Memoria obligatoria: Santo Cristo de Esquipulas.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Cf. Gal 6, 14
Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección, por él somos salvados y liberados.
Oración colecta
Oh, Dios, que para salvar al género humano has querido que tu Unigénito soportara la cruz, concede, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Israel fue derrotado
y el Arca de Dios fue apresada
Lectura del primer libro de
Samuel 4, 1b-11
En aquellos días, salió Israel a la guerra contra los filisteos y acamparon en Ebenézer, mientras los filisteos acamparon en Afec.
Los filisteos formaron frente a Israel, la batalla se extendió e Israel fue derrotado por los filisteos.
Abatieron en el campo unos cuatro mil hombres de la formación.
Cuando la tropa volvió al campamento, dijeron los ancianos de Israel: – «¿Por qué nos ha derrotado hoy el Señor frente a los filisteos? Traigamos de Siló el Arca de la Alianza del Señor. Que venga entre nosotros y nos salve de la mano de nuestros enemigos.»
Mandaron gente a Siló, a por el arca de la alianza del Señor de los ejércitos, entronizado sobre querubines. Los dos hijos de Elí, Jofra y Fineés, fueron con el arca de la alianza de Dios.
El pueblo envió gente de Siló para que trajeran de allí el Arca de la Alianza del Señor del universo, que se sienta sobre querubines. Allí, junto al Arca de la Alianza de Dios, se encontraban Jofni y Pinjás, los dos hijos de Elí.
Cuando el Arca de la Alianza del Señor llegó al campamento, todo Israel prorrumpió en un gran alarido y la tierra se estremeció.
Los filisteos oyeron la voz del alarido, y se preguntaron: – «¿Qué es ese gran alarido en el campamento de los hebreos?» Y supieron que el Arca del Señor había llegado al campamento.
Los filisteos se sintieron atemorizados y dijeron: «Dios ha venido al campamento».
Después gritaron: ¡Ay de nosotros! nada parecido nos había ocurrido antes. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos poderosos dioses? Estos son los dioses que golpearon a Egipto con todo tipo de plagas en el desierto. Filisteos, cobrad fuerzas y portaos como hombres, para que no tengáis que servir a los hebreos, como os han servido a vosotros. Portaos como hombres y luchad».
Los filisteos lucharon e Israel fue derrotado. Cada uno huyó a su tienda.
Fue una gran derrota; cayeron treinta mil infantes de Israel.
El Arca de Dios fue apresada y murieron Jofni y Pinjás, los dos hijos de Elí.
El arca de Dios fue capturada, y los dos hijos de Elí, Jofril y Fineés, murieron.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este pasaje nos presenta la realidad del pueblo que ha convertido a Dios en un "talismán"; de aquellos que piensan que por el simple hecho de ser parte del pueblo "elegido", pueden vivir al margen de la ley y reclamar a Dios su protección y auxilio.
Dios, en esta batalla les hace ver que se han equivocado y que su elección los debe llevar no sólo a honrarlo como Dios (a través del Arca) sino, y más importante aún, a vivir de acuerdo a lo que él mismo les ha pedido (la Ley y la Alianza).
Este pasaje tendría mucha resonancia en nuestro mundo moderno en el que nos encontramos con hermanos que, habiendo sido bautizados (parte del pueblo elegido), asisten los domingos a misa, pero viven de una manera contraria al Evangelio; hermanos que piensan que por el hecho de portar una cruz en el pecho están protegidos de todos los peligros, convirtiendo este signo de salvación en un mero amuleto mágico.
El asistir regularmente a misa, y el usar objetos religiosos deben ser un signo de la pertenencia a Cristo, pertenencia que nos debe llevar a vivir de una manera diferente centrada en el amor y de acuerdo al Evangelio.
Acuérdate siempre y graba en tu corazón que a Dios le agrada nuestro culto, pero todavía más, que busquemos agradarlo viviendo como Jesús nos lo enseñó.
Salmo responsorial
Sal 43, 10-11. 14-15. 24-25
R. Redímenos, Señor,
por tu misericordia.
- Ahora nos rechazas y nos avergüenzas, y ya no sales, Señor, con nuestras tropas: nos haces retroceder ante el enemigo, y nuestro adversario nos saquea. R.
- Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, irrisión y burla de los que nos rodean; nos has hecho el refrán de los gentiles, nos hacen muecas las naciones. R.
- Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión? R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia en el pueblo. R.
EVANGELIO
La lepra se le quitó, y quedó limpio
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: – «Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: – «Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: – «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu, purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de todas partes.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: ‘¡Sí quiero: sana!’ El Señor ha venido a sanarnos de todas nuestras heridas, fundamentalmente las del alma y el corazón y, en ocasiones, también de las enfermedades o heridas corporales si eso redunda en la gloria del Padre o en nuestro crecimiento espiritual; además de que, en la resurrección, nos dará, claro, la plena sanación del cuerpo.
Con respecto a lo que en este tiempo nos aqueja, solo necesitamos pedirle al Señor ‘que nos sane, si Él quiere’, como lo ha hecho el leproso del Evangelio de hoy. Pero para poder pedirle al Señor que nos sane, necesitamos pedir mucho Espíritu Santo para tomar conciencia de nuestras enfermedades psicológicas, afectivas o espirituales.
Porque si no nos reconocemos enfermos, no permitiremos que Él nos sane, aunque quiera, porque, como hemos dicho en otras ocasiones, Él siempre respeta nuestra libertad.
Una antigua tradición de la Iglesia en Oriente consiste en repasar las cuentas de una especie de rosario, repitiendo una simple frase: ‘Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, ten compasión de mí, pecador.’ y depende de la época y el lugar, se repetía treinta y tres veces en honor de los años de Cristo o cincuenta o cien o de manera indefinida, hasta el cambio de actividad.
Una oración sencilla pero profunda, porque nos permite decir, y con el tiempo descubrir: 1) la necesidad de Cristo, 2) la profundidad de nuestro pecado y la verdad de nuestra pequeñez; y 3) la identidad de Cristo y con ello, su grandeza.
Una oración corta pero llena de contenido, repitiéndola continuamente para buscar la comunión con Dios, para ser rescatados de la propia miseria por la compasión de Nuestro Salvador y para permitir que el Espíritu Santo transforme la propia vida.
Hoy te invito a pedir Espíritu Santo para que con su luz, reconozcas las enfermedades de tu alma y si te es posible, te invito a ejercitarte en esta antigua oración, en la que como el leproso, le pedirás al Señor que te sane si quiere, que tenga compasión de ti.
Te garantizo que, abriendo de esta manera el corazón, poco a poco te irá moldeando el Señor, te irá rescatando y sanando; para que, como el ex leproso, tú tampoco puedas ya callar la grandeza de Dios, la grandeza de su misericordia.
Antífona de comunión
Jn 12, 32
Cuando ya sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí, dice el Señor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Alimentados en tu sagrado banquete, te pedimos, Señor Jesucristo, que lleves a la gloria de la resurrección a los que has redimido mediante el leño de la cruz vivificadora. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Oración
Señor Dios, tú que siempre estás a nuestro lado para mostrarnos tu amor y manifestarnos tu gloria, ayúdanos a ser dóciles a tu presencia y fieles a las mociones del Espíritu Santo, para que siempre y en cada momento de nuestra vida seamos fieles seguidores de la Palabra de tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor.
Acción
El día de hoy voy a dedicar unos momentos para descubrir lo que Dios quiere de mí en este preciso momento, y voy a compartir mi experiencia con algún hermano que necesite mi atención y consuelo.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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