Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Viernes, 30 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana III - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre: Santa Martina, mártir.

Antífona de entrada

Canten con todo el corazón las alabanzas al Señor. Den continuamente gracias a Dios Padre por todas las cosas, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Oración colecta

Dios nuestro, que siempre nos escuchas en nuestra aflicción, te damos gracias por tu bondad y te pedimos que, liberados de todos los males, podamos servirte siempre con alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Me despreciaste y tomaste como
esposa a la mujer de Urías

Lectura del segundo libro de
Samuel 11, 1 – 4a. 4c – 10a. 13-17

A la vuelta de un año, en la época en que los reyes suelen ir a la guerra, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel. Masacraron a los amonitas y sitiaron Rabá, mientras David se quedó en Jerusalén.

Una tarde David, se levantó de la cama y se puso a pasear por la terraza del palacio. Desde allí divisó a una mujer que se estaba bañando, de aspecto muy hermoso.

David mandó averiguar quién era aquella mujer.

Y le informaron: «Es Betsabé, hija de Elián, esposa de Urías, el hitita».

David envió mensajeros para que la trajeran.

Ella volvió a su casa.

Quedó encinta y mandó este aviso a David: «Estoy encinta».

David, entonces, envió esta orden a Joab: «Mándame a Urías, el hitita».

Joab se lo mandó.

Cuando llegó Urías, David le preguntó cómo se encontraban Joab y la tropa y cómo iba la guerra.

Luego le dijo: «Baja a tu casa a lavarte los pies».

Urías salió del palacio y tras de él un regalo del rey. Pero Urías se acostó a la puerta del palacio, con todos los servidores de su señor, y no bajo a su casa.

Informaron a David: «Urías no ha bajado a su casa».

David le invitó a comer con él y le hizo beber hasta ponerle ebrio.

Urías salió por la tarde a acostarse en su jergón con los servidores de su señor, pero no bajo a su casa.

A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab, que le mandó por Urías.

En la carta había escrito: «Poned a Urías en primera línea, donde la batalla sea más encarnizada. Y luego retiraos de su lado, para que lo hieran y muera».

Joab observo la ciudad y situó a Urías en el lugar en el que sabía que estaban los hombres más aguerridos.

Las gentes de la ciudad hicieron una salida. Trabaron combate con Joab, y hubo bajas en la tropa, entre los servidores de David. Murió también Urías, el hitita.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje que acabamos de leer nos presenta hasta dónde se pueden llegar a complicar las cosas cuando dejamos que el pecado crezca en nuestro corazón, y peor aún, cuando pensamos que podemos engañar a Dios y salir adelante en nuestra maldad.

David, que sabe que ha hecho mal, busca darle solución a su pecado, y busca hacerle creer a Urías que el hijo que espera su esposa es de él. Sin embargo, las cosas se empiezan a complicar y en su afán de tapar su culpa y su pecado, llega, incluso, al asesinato.

Esto nos muestra cómo el pecado es como una inmensa bola de nieve, que va en caída y que destruye todo a su paso y la cual, sólo puede ser detenida cuando nosotros aceptamos nuestra culpa y dejamos que sea Dios quien ponga remedio a nuestra vida.

Dios sabe que somos débiles, por eso nos invita, ante todo, a evitar las ocasiones de pecado; y si el pecado nos sorprende y nos toma sin suficiente fuerza, es mejor reconocer nuestra miseria y dejar que Dios tome inmediatamente cartas en el asunto, de lo contrario, hemos visto hasta dónde nuestra naturaleza puede llegar en su maldad.

No permitas que el pecado te domine, mantén tu vida lejos de las ocasiones de pecado y busca por todos los medios fortalecer la gracia, esto hará de tu vida una experiencia de paz.

Salmo responsorial
Sal 50, 3-4. 5-6a. 6bc-7. 10-11

R. Misericordia, Señor: hemos pecado.
  • Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R.
  • Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia. R.
  • En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente. Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre. R.
  • Hazme oír el gozo y la alegría, que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

EVANGELIO
Un hombre echa semilla y duerme,
y la semilla va creciendo 
sin que él sepa cómo

Lectura del santo evangelio
según san Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

«El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega».

Dijo también:

«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar en su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

¿Alguna vez te has sentido frustrado porque sientes que tus esfuerzos no dan frutos inmediatos o porque las cosas no avanzan al ritmo que tú quieres? Jesús nos explica en este Evangelio que el Reino de Dios es como la imagen de alguien que siembra una semilla y luego sigue con su vida, durmiendo y despertando, mientras la semilla brota y crece sin que la persona sepa cómo.

Es el recordatorio que nos hace Jesús de lo importante que es soltar el control y dejárselo todo a Él. A veces nos desgastamos intentando que todo suceda ya, en el momento que nosotros queremos, pero debemos saber que hay procesos espirituales que solo Dios maneja. El tiempo de Dios es diferente al nuestro. 

Nuestra tarea es sembrar lo bueno, con confianza, el crecimiento es un misterio que sucede en silencio, incluso cuando no estamos mirando o llega a ser algo que quizá ni alcancemos a ver. 

A veces pensamos que para generar un impacto real necesitamos recursos enormes o acciones espectaculares, pero el ejemplo del grano de mostaza nos dice todo lo contrario. El ejemplo del grano de mostaza nos quiere recordar que los grandes resultados en nuestra vida se dan en la medida en que cada uno de nosotros hacemos pequeños esfuerzos cotidianos y de manera perseverante.

La semilla de mostaza que puede llegar a pasar desapercibida o casi invisible a los ojos, termina convirtiéndose en un arbusto tan grande que es capaz de dar una gran sombra, y hasta los pájaros encuentran refugio en sus ramas.

No subestimes tus pequeños gestos de fe, ese pequeño cambio de actitud o esa palabra de aliento que diste hoy. En realidad, lo que parece insignificante a los ojos del mundo, tiene a los ojos de Dios el potencial de transformarse en algo que es capaz de dar sombra y descanso a alguien que lo necesite. 

Lo que Jesús nos quiere decir es que la vida espiritual es una fuerza silenciosa, pero imparable. Vivimos apurados, pero la naturaleza y la gracia tienen su propio tiempo. Si hoy sientes que lo que haces es poco o que tus oraciones no tienen respuesta, descansa en esta promesa. 

Dios está trabajando en lo secreto, en el silencio de la tierra de tu corazón, preparando una cosecha que te va a sorprender. Al final, se trata de empezar con poco, aunque sea del tamaño de una semilla de mostaza. Si se lo entregamos a Él, te sorprenderá lo grandioso que puede llegar a ser. 

Antífona de comunión

¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Dios todopoderoso, que, mediante este pan de vida, te dignas librar a tus siervos de las ataduras del pecado y restaurar piadosamente sus fuerzas, concédenos crecer sin cesar en la esperanza de la gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor Dios, envía tu Espíritu Santo a nuestros corazones para que, siendo dóciles a sus mociones, hagamos siempre tu voluntad y cuanto te agrada, y así, cuando la ocasión de pecado llame a nuestra puerta, podamos permanecer fieles a tu gracia y en tu amor.

Acción

El día de hoy dedicaré unos segundos antes de decir alguna palabra o llevar a cabo una obra, para decidir si dicha palabra o acción son conforme a la voluntad de Dios.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).