Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 25 de enero de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana III.
   Color del día: Verde.  



Antífona de entrada
Sal 95, 1. 6

Canten al Señor un cántico nuevo, hombres de toda la tierra, canten al Señor. Hay brillo y esplendor en su presencia, y en su templo, belleza y majestad.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, dirige nuestros pasos de manera que podamos agradarte en todo y así merezcamos, en nombre de tu Hijo amado, abundar en toda clase de obras buenas. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
En la Galilea de los gentiles
el pueblo vio una luz grande

Lectura del libro de
Isaías 8, 23b-9, 3

En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftali, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y de sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín.

Porque la vara del opresor, y el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El rey de Asiria se apoderó de algunos territorios de Samaria, uniéndolos a su imperio. El pueblo se siente humillado (cf. Is 8,23) y desamparado por Dios. Pero esta situación no es definitiva. La Sagrada Escritura siempre deja lugar a la esperanza.

El texto que hoy escuchamos inicia con una contraposición entre las tinieblas y la luz (cf. Is 9,1). Ante esto, el pueblo se alegra por la claridad de la luz, símbolo de la salvación que se acerca, y prorrumpe en gozo y alegría (cf. Is 9,2), porque el Señor ha quitado el yugo opresor y ha destrozado la barra que pesaba sobre ellos (cf. Is 9,3).

El mundo se debate entre luces y sombras. La oscuridad y el pesimismo acompañan la vida de muchos hermanos nuestros que se sienten oprimidos bajo el peso de un sistema que explota a los más pobres. La humillación se cierne sobre pueblos sumidos en la indiferencia y la explotación por parte de los más poderosos de la tierra.

Sin embargo, una luz ha brillado: Jesús ha hecho resplandecer la claridad de Dios sobre nuestras tinieblas y ha roto para siempre la barra opresora que cae sobre nuestros hombros.

Para reflexionar:
  • ¿Qué oscuridades percibo a mi alrededor?
  • ¿Cómo percibo que la luz del Señor disipa estas tinieblas?
 
ORACIÓN: Señor, tú eres mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Amén.

Salmo responsorial
Sal 26, 1bcde. 4. 13-14.

R. El Señor es mi luz y mi salvación.
  • El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R.
  • Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo. R.
  • Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R.

SEGUNDA LECTURA
Decid todos lo mismo y que
no haya divisiones entre vosotros

Lectura de la primera carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17

Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe que hay discordias entre vosotros. Y yo os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».

¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

La familia de Cloe (cf. 1 Cor 1,11), al parecer unos comerciantes de Corinto, informa a Pablo sobre la división y discordia que se apoderan de la comunidad creyente. Pablo reacciona ante esta situación y les dirige una carta, preocupado por la unidad de la Iglesia. Los exhorta a ponerse de acuerdo, evitar toda división y vivir en armonía, teniendo un mismo pensar y un mismo sentir (cf. 1 Cor 1,10).

Al parecer, en Corinto se habían formado grupos distintos y antagónicos: los de Apolo, los de Pedro, los de Pablo, los de Cristo (cf. 1 Cor 1,12). Seducidos por la predicación de uno o la autoridad de otro, no estaban tomando conciencia de que estaban poniendo en peligro la unidad, porque Cristo —el único a quien debemos seguir— no está dividido (cf. 1 Cor 1,13).

No se debe recurrir a elocuencias humanas (cf. 1 Cor 1,17), pues la salvación y la reconciliación con Dios se encuentran únicamente en Cristo y en su cruz, por medio de la cual todas las cosas fueron pacificadas.

Para reflexionar:
  • En mi comunidad, ¿busco ser agente de comunión y armonía?
  • ¿Cómo puedo colaborar más con la comunión y la paz?

ORACIÓN: Haz, Señor, que siempre busque la reconciliación y la paz. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 4, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. R.

EVANGELIO
Se estableció en Cafarnaún. Así se
cumplió lo que había dicho Isaías

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftali, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Pasando junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y, pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Mateo ve en Jesús el cumplimiento de la profecía de Isaías (cf. Is 8,23-9,1). Jesús es la luz que brilla en las tinieblas, el que devuelve la ilusión a un país desilusionado y desesperanzado. La proclamación que Él hace sobre la llegada del Reino y la conversión (cf. Mt 4,17) revela la irrupción de la gracia divina en medio de las oscuridades del mundo.

Aún más, es el mismo Jesús —como afirmaba Orígenes, escritor eclesiástico del siglo III— el “Reino en persona”, la unión entre Dios y el hombre, y la reconciliación entre el cielo y la tierra.

Ahora bien, Jesús no solo comunica su palabra esclarecedora, sino que nos involucra en su dinamismo. 

Por eso, lo primero que hace, luego de anunciar el Reino e invitar a la conversión, es llamar a personas que lo sigan. Pedro y Andrés (cf. Mt 4,18), Santiago y Juan (cf. Mt 4,21) son los primeros de una larga cadena que recorrerá el mundo prolongando la luz de Cristo, enseñando, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando las dolencias y enfermedades de la gente (cf. Mt 4,23).

Para reflexionar:
  • ¿Qué oscuridades ha iluminado el Señor en mi vida con su presencia?
  • ¿Qué oscuridades he logrado iluminar, a través de la presencia del Señor en mi vida, en la existencia de los demás?

ORACIÓN: Tú, Señor, alumbras mis oscuridades. Amén.


Antífona de comunión
Cf. Jn 8, 12

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; el que me sigue, no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.


Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso, que, al experimentar el efecto vivificante de tu gracia, nos sintamos siempre dichosos por este don tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).