Los títulos de Jesús que nos muestran quién es y por qué vino al mundo

Jesús en su vida pública. | Crédito: Shutterstock

15 de enero de 2026
Por Diego López Marina | ACI Prensa

Jesús no es presentado en la Biblia con un único título. Los Evangelios, los profetas y la tradición de la Iglesia lo proclaman con diferentes denominaciones que expresan quién es y por qué vino al mundo.

El Catecismo en español muestra que Jesús tiene un solo Nombre propio. "Jesús quiere decir en hebreo: 'Dios salva'. En el momento de la anunciación, el ángel Gabriel le dio como nombre propio el nombre de Jesús que expresa a la vez su identidad y su misión" (CEC 430).

Sin embargo, los títulos como Hijo del Hombre, Mesías, Salvador, Rey, Luz del mundo, permiten abrir una ventana al misterio de Dios hecho hombre y ayuda a comprender cómo el cristianismo nace de un encuentro personal con Cristo.

Presentamos algunos títulos de Jesús, fundamentados en la Sagrada Escritura y la tradición cristiana.

1. Hijo de María

“No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Lc 1,30-31).

Jesús es verdadero hombre porque nace de una mujer de carne y hueso, en un tiempo y lugar determinados. Dios entra en la historia por un “sí” libre y confiado.

2. Verbo encarnado

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14; cf. Dei Verbum, Concilio Vaticano II).

El Hijo eterno del Padre asume la carne humana para revelarnos plenamente a Dios y al hombre.

3. Hijo de Dios vivo

“Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”, proclama Pedro (Mt 16,16).

En Jesús, Dios se hace cercano y verdadero; no es una idea abstracta, sino un rostro que se deja encontrar.

4. Hijo del Hombre

“Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45).

Jesús se presenta a sí mismo como Hijo del Hombre, un título que resalta su humanidad y su misión divina. Tomado de la tradición profética de Daniel (Dn 7,13-14), indica a aquel que recibe del Padre autoridad, gloria y reino, pero que también se identifica plenamente con la condición humana.

5. El Mesías

“Hemos encontrado al Mesías”, anuncia Andrés a su hermano Simón (Jn 1,41).

El término Mesías proviene del hebreo Mashíaj, que significa “el Ungido”. En la tradición de Israel, designa a aquel elegido por Dios para cumplir sus promesas de salvación, especialmente esperado como rey, sacerdote y profeta.

6. Salvador

“Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías y el Señor” (Lc 2,11).

El nombre mismo de Jesús expresa su misión: Yeshúa significa “Dios salva”. Desde su nacimiento, la Escritura proclama que no viene solo como maestro, sino como aquel que libera al hombre del pecado y restablece la comunión rota con Dios.

7. Cordero de Dios

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29; cf. Sacrosanctum Concilium, 47).

Con estas palabras, Juan el Bautista identifica a Jesús con el corazón del misterio pascual. La imagen del cordero remite al sacrificio pascual del Antiguo Testamento, cuya sangre salvó a Israel en la noche del éxodo, y a la figura del Siervo sufriente anunciado por el profeta Isaías, “como cordero llevado al matadero” (Is 53,7). La Iglesia reconoce y actualiza este misterio en cada Eucaristía.

8. Buen Pastor

“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11; cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 754).

Al presentarse como Buen Pastor, Jesús retoma una imagen arraigada en la historia de Israel, donde Dios mismo es descrito como pastor de su pueblo (cf. Sal 23; Ez 34). El Buen Pastor conoce a los suyos y sale en busca del que se pierde.

9. Príncipe de la Paz

“Se llamará: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la Paz” (Is 9,5).

El título de Príncipe de la Paz, anunciado por el profeta Isaías, se refiere a la misión mesiánica de Jesús en un mundo marcado por la división, la violencia y el pecado.

10. Luz del mundo

“Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12).

Al llamarse a sí mismo Luz del mundo, Jesús se revela como la presencia de Dios que ilumina la historia humana marcada por el pecado y la muerte. En la Biblia, la luz es signo de vida, verdad y salvación, y es un atributo propio de Dios: “El Señor es mi luz y mi salvación” (Sal 27,1). La luz de Cristo no elimina mágicamente el sufrimiento ni las tinieblas del mundo, pero ofrece una guía segura en medio de ellas.

11. Rey de reyes

“¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: ‘Sí, tú lo dices’” (Mt 27,11).

Que Cristo es Rey lo confirman muchos pasajes de las Sagradas Escrituras y del Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, esta doctrina sobre Cristo Rey se halla presente desde el momento de la Anunciación del arcángel Gabriel a la Virgen, por el cual ella fue advertida que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David, y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin.

12. Redentor del hombre

“El Redentor del hombre, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia” (Redemptor Hominis, San Juan Pablo II).

Este título, central en el magisterio de San Juan Pablo II, subraya que todo hombre, sin excepción, es destinatario de la obra redentora de Cristo.

13. Señor de la historia

“Cristo es el fin de la historia humana” (Gaudium et Spes, 10).

Al proclamar a Jesús como Señor de la historia, la Iglesia afirma que el devenir del mundo no es un proceso al azar. En Cristo, Dios entra definitivamente en el tiempo y lo guía hacia su plenitud.

14. Médico de las almas

“No necesitan médico los sanos, sino los enfermos” (cf. Mc 2,17; tradición patrística citada en el Magisterio).

La Iglesia, a través de los sacramentos, especialmente la Confesión y la Eucaristía, hace presente esta medicina del alma, recordando que Cristo no abandona ni deja de ofrecer su amor sanador a todos los que se acercan con fe.

15. Esposo de la Iglesia

“Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (cf. Ef 5,25; Lumen Gentium, 7).

Jesús se presenta como Esposo de la Iglesia para expresar la relación de amor total y fiel que mantiene con su pueblo.

16. Nuestro refugio

“El Señor es mi refugio y mi baluarte, mi libertador, en quien me refugio” (Sal 144,2).

Llamar a Jesús “Nuestro refugio” es reconocer que la verdadera seguridad no proviene de riquezas, poder o control, sino de la confianza plena en Dios hecho hombre.

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