Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana V - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: Santa Eulalia, virgen y mártir.
Antífona de entrada
Sal 109, 4
Juró el Señor y no ha de retractarse: “Tú eres sacerdote para siempre, como Melquisedec”.
Oración colecta
Dios y Padre nuestro, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a Cristo sumo y eterno sacerdote, concede al pueblo redimido con su Sangre, por la participación en este memorial, experimentar el poder de la cruz y la resurrección de tu Hijo. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Por no guardar la alianza,
voy a arrancar el reino de las manos;
pero daré a tu hijo una tribu,
en atención a David
Lectura del primer libro
de los Reyes 11, 4-13
Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos de Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre.
Edificó Salomón por entonces un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y otro a Milcón, abominación de los amonitas.
Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses.
Y se enojó el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, dándole instrucciones sobre este asunto: que no fuera en pos de otros dioses. Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado.
El Señor dijo a Salomón:
«Por haber portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Este pasaje nos deja ver, por un lado, cómo uno de los elementos más importantes de la relación con Dios es precisamente la fidelidad, pues no basta con decirle al Señor en un momento de ardor espiritual, que lo amamos, sino mantenernos fieles durante toda la vida.
Por otro lado, nos muestra con qué facilidad el corazón del hombre que lo tiene TODO, se deja seducir por el pecado llegando a olvidar su compromiso con Dios.
Es, pues, importante en nuestro mundo materialista y pragmático tener en cuenta estas dos situaciones, pues en la cultura del "úsese y tírese" es fácil modificar nuestra opción de vida cristiana para irnos a una religión más cómoda, lo cual se ve proyectado no sólo en nuestra relación con Dios, sino incluso en otras áreas de la vida, como puede ser la matrimonial, en la cual, vemos hoy por hoy con qué facilidad los esposos olvidan las promesas hechas ante Dios.
Igualmente, este pasaje nos previene sobre la gran tentación de olvidarnos de Dios cuando las cosas en nuestra vida pintan de color azul. La Sagrada Escritura nos dice que si algo se valora en un servidor es que sea FIEL. Mantente, pues, alerta, ya que el premio ofrecido por Jesús está reservado a los que se mantienen fieles hasta el final.
Salmo responsorial
Sal 105, 3 4. 35 36. 37 y 40
R. Acuérdate de mí, Señor,
por amor a tu pueblo.
- Dichosos los que respetan el derecho y practican siempre la justicia. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo, visítame con tu salvación. R.
- Emparentaron con los gentiles, imitaron sus costumbres; adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos. R.
- Inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas. La ira del Señor se encendió contra su pueblo, y aborreció su heredad. R.
Aclamación antes del Evangelio
Sant 1, 21bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Acoged con docilidad la palabra, que ha sido injertada en vosotros y es capaz de salvar vuestras vidas. R.
EVANGELIO
Los perros, debajo de la mesa,
comen las migajas que tiran los niños
Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro.
Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies.
La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó: «Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Sí, Señor; pero también es cierto que los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.
Una siria de Fenicia busca a Jesús y se postra a sus pies; es decir, una mujer pagana, una mujer que no es del pueblo de Israel, que no aprendió en familia a adorar al Dios verdadero por pertenecer a otra cultura y a otra religión; y, sin embargo, esta mujer reconoce la grandeza y el poder de Cristo para combatir a los demonios que atormentaban a su hija, suplicando su intervención. ¡Qué atrevimiento y qué enseñanza para nosotros!
Repito, ¡qué atrevimiento y qué enseñanza la de esta mujer fenicia!: una pagana que decide renunciar a toda su historia y cosmovisión para acercarse a Cristo; mientras que nosotros tantas veces vamos en sentido contrario.
Ella, de la oscuridad de su mundo y cultura lo deja todo por la luz que es Cristo, con la certeza de que solo Él salvará a su hija del demonio; mientras que nosotros, que hemos recibido a Cristo gratuitamente, que somos herederos de una tradición cristiana y de toda una cultura que sumerge sus raíces en la verdad que solo Cristo ofrece, nos estamos alejando paulatinamente de Él. ¡Qué contradicción!
Nos aterran los males del mundo y no nos damos cuenta de que, al alejarnos de Cristo, su Palabra y su Iglesia, tanto personal, como socialmente, nosotros mismos estamos permitiendo que el mal cobre fuerza y que los demonios vayan apoderándose de las estructuras sociales, de los medios de comunicación, de nuestros gobernantes, nuestras familias y hogares, de los niños y hasta de nuestras propias vidas.
Nosotros que hemos tenido a Cristo, que hemos sido testigos de su poder restaurador, de su amor que fortalece, de su sabiduría que construye relaciones sanas y fecundas, de su poder para alejar los males y a los demonios; nosotros que hemos recibido en herencia el testimonio de miles de héroes cristianos que a lo largo de la historia han aprendido a amar de verdad.
Nosotros no tenemos más remedio que aprender de ellos y de la mujer que dejó el paganismo para postrarse ante Cristo, renunciando a todo lo que el mundo ofrece y que nos aleja del Dios verdadero.
Y tú, ¿dejarás que los niños se corrompan, que tu niño interior se pierda y que el enemigo triunfe en tu entorno? Identifica qué te aleja de Dios, qué se interpone entre tú y su amor, entre tu pequeñez y su grandeza, entre tus esclavitudes y la salvación que te ofrece.
En tu regreso, purificación o conversión, probablemente el Señor te hablará con firmeza, como lo ha hecho con la mujer fenicia; pero, como con ella, todo forma parte de su pedagogía para que cada fibra de tu ser comprenda que todo lo que Él te ofrece es obra de su gratuidad, que no mereces nada, pero, aun así, Él siempre está ahí para ti.
Si te mantienes firme en tu búsqueda, le permitirás actuar, porque quiere liberarte del poder de tus pecados y de todos tus demonios.
Antífona de comunión
1 Cor 11, 24-25
Éste es mi Cuerpo que se entrega por ustedes. Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi Sangre, dice el Señor. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Por la participación de este sacrificio que tu Hijo nos mandó ofrecer en conmemoración suya, te rogamos, Señor, que, unidos a él, seamos una oblación perenne. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Padre bueno y clemente, tú que permaneces fiel a tu alianza con nosotros, incluso si nosotros nos portamos infielmente, socórrenos con tu gracia para que con la ayuda del Espíritu de Santidad, te seamos fieles en todo momento, para que así seamos dignos de participar del banquete celestial que has preparado para nosotros desde antes de la creación del mundo.
Acción
El día de hoy buscaré esos pequeños aspectos de mi vida diaria en los que parece no importar si soy fiel o no, para que, atento a la voz de Jesús, sea yo un siervo fiel incluso en las cosas pequeñas y de poco valor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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