Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana IV - Feria.
Color del día: Morado.
Memoria libre: San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la Iglesia.
Antífona de entrada
Sal 68, 14
Ahora, Señor, que estás dispuesto a escucharme, respóndeme, Dios mío, por tu amor; que tu fidelidad me ayude.
Oración colecta
Dios nuestro, que por medio del obispo san Cirilo de Jerusalén condujiste admirablemente a tu Iglesia a comprender con más profundidad los misterios de la salvación, concédenos, por su intercesión, conocer de tal manera a tu Hijo, que podamos participar abundantemente de su vida divina. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Te he constituido alianza del pueblo,
para restaurar el país
Lectura del libro de
Isaías 49, 8-15
Esto dice el Señor:
«En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: «Salid», a los que están en tinieblas: «Venid a la luz.»
Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua.
Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán.
Miradlos venir de lejos; miradlos, del Norte y del Poniente, y los otros del país de Sin.
Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados».
Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidará, yo no te olvidaré.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Dentro de la riqueza de este pasaje de Isaías, destinado al pueblo de Israel mientras estaba en el Exilio, centremos nuestra atención en la misión redentora del profeta: "Yo te formé y te he destinado para que seas alianza del pueblo: para restaurar la tierra, para decir a los prisioneros: "Salgan", y a los que están en tinieblas: "Vengan a la luz".
Esta es también nuestra misión como bautizados: ser un instrumento de Dios para todos aquellos que viven aún prisioneros de sus vicios y defectos; ser luz para aquellos que viven en las tinieblas del pecado; ser alianza para que, los que no conocen a Jesús, no sólo lo conozcan, sino lo lleguen a amar profundamente y de esta manera tengan vida y la tengan en abundancia.
Tú y yo, en el medio en el que nos desenvolvemos diariamente debemos, primero que nada con nuestro testimonio de vida y luego si es posible con nuestra palabra profética, ser portadores del Evangelio y del amor de Dios para los demás. Él cuenta con nosotros.
Salmo responsorial
Sal 144, 8-9. 13cd-14. 17-18
R. El Señor es clemente y misericordioso.
- El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.
- El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.
- El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones. Cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 11, 25a. 26
R. Alabanza y honor a ti, Señor Jesús.
Yo soy la resurrección y la vida – dice el Señor -; el que cree en mí no morirá para siempre. R.
EVANGELIO
Lo mismo que el Padre resucita a
los muertos y les da vida, así también
el Hijo da vida a los que quiere
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 5, 17-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo».
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.
Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.
En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.
Porque, igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo tener vida en sí mismo. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.
No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Vivimos en un mundo lleno de gente que respira, pero que no siempre vive, hay personas agotadas por dentro, sin ilusión, sin horizontes, con el corazón cansado y algunos son muertos en vida, pero frente a este mundo, ante esta situación, Jesús pronuncia una frase decisiva: ‘Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo’.
Dios no está ausente, no descansa de amar, Dios no se ha retirado del mundo y aunque nosotros no lo veamos, Dios está obrando siempre: en el silencio, en lo escondido, incluso en medio del caos.
Jesucristo no vino solo a iniciar una obra nueva, sino también a mostrarnos cómo trabaja el Padre, dando vida donde parece que no la hay, o donde parece que es imposible que surja. Por eso Jesucristo dice algo más fuerte: ‘El que escucha mi Palabra ya pasó de la muerte a la vida’. No dice ‘pasará’, dice que ‘ya’.
La Palabra de Jesús no informa, sino que transforma, es vida en actuación. Cuando esta Palabra entra en el corazón, el Espíritu empieza a reconstruir lo que estaba roto o lo que estaba muerto. San Ireneo de Lyon decía: ‘La gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios’.
Por lo tanto, Jesucristo no busca condenarnos, busca vivificarnos; nos busca cuando estamos paralizados por el miedo, cuando estamos secos por dentro o cuando creemos que ya no hay vuelta atrás.
No importa cuán muerto esté algo en nosotros: la fe, la alegría, la confianza, el amor; si escuchamos su voz, vivimos. De hecho, no hay ni habrá otra cosa o persona que nos dé este sentimiento de vida y de redención.
Benedicto XVI en Spe Salvi, aunque se refería a la ciencia que se puede aplicar a todo, decía: ‘que no hay nada ni nadie que dé la redención al hombre. Solo el amor de Jesucristo redime y su gran amor da un nuevo sentido a la vida’.
La resurrección comienza ahora en el corazón que se abre; hoy el Señor nos dice: ‘No te resignes a sobrevivir. Yo he venido a darte vida y vida nueva’. Nadie que se deje tocar por Cristo permanece muerto para siempre.
Antífona de comunión
Jn3, 17
Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Al recibir tus celestiales dones, te rogamos, Señor, no permitas que sea causa de condenación lo que en tu providencia diste a tus fieles como salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Hazme salir de mi comodidad, Señor, llévame a los afligidos, a los atribulados y prisioneros de vicios, pecados y toda atadura que los aleja de ti. Haz de mi vida un reflejo de tu luz, que pueda iluminar a los que viven en tiniebla y sombra de muerte, que pueda guiar sus pasos por tu senda de justicia y de paz.
Acción
En este día buscaré a alguien verdaderamente necesitado de esperanza, fe y amor, y le diré claramente que Dios le ama, que tiene un plan para su vida.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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