Tiempo Litúrgico: Cuaresma. Semana V.
Color del día: Morado.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 42, 1-2
Señor, hazme justicia. Defiende mi causa contra la gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado, tú que eres mi Dios y mi defensa.
Oración colecta
Te rogamos, Señor Dios nuestro, que, con tu auxilio, avancemos animosamente hacia aquel grado de amor con el que tu Hijo, por la salvación del mundo, se entregó a la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis
Lectura de la profecía de
Ezequiel 37, 12-14
Esto dice el Señor Dios: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel.
Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.
Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo digo y lo hago -oráculo del Señor-».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
¡Dios responde a los interrogantes más profundos de los hombres! El interrogante fundamental que recoge todos los otros es: ¿cuál es el sentido de la vida y cuál es su destino futuro? Dios responde a través del profeta que Él mismo toma la iniciativa de sacarlos del exilio y llevarles de nuevo a la tierra prometida, porque se comprometió solemnemente y cumple su palabra.
La vuelta del exilio se convertirá, de esta manera, en la imagen de una liberación mucho más amplia que tendrá lugar en el momento final de la actuación de Dios en favor de los hombres. Es decir, en el momento que hemos convenido en llamar "escatológico" (el tiempo oportuno en que Dios realiza plenamente su plan). Así, el exilio y la liberación del mismo se interpretó como un motivo de esperanza para el futuro de Israel.
¡La vuelta a la vida y a la esperanza es obra del Espíritu Creador! En este caso, Ezequiel conecta y remite a la acción creadora del Espíritu, que vuelve a aparecer en un momento crucial de la historia de Israel. La liberación es obra del poder de Dios y, por eso, se abre el futuro a una nueva esperanza donde entra en juego la inquebrantable fidelidad divina.
Esta fidelidad garantiza la esperanza de los hombres que se realizará en el momento y en el modo que Dios ha previsto, en la plenitud de los tiempos. Finalmente, este anuncio de Ezequiel encontrará su realización definitiva en la resurrección de Jesús..
Salmo responsorial
Sal 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8
R. Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.
- Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz, estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R.
- Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. R.
- Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R.
- Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R.
SEGUNDA LECTURA
El Espíritu del que resucitó a Jesús
de entre los muertos habita en vosotros
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 8, 8-11
Hermanos:
Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros, en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Segunda Lectura
Respuesta coherente al don del Espíritu. En esta nueva situación del hombre creada por el Espíritu, sus actitudes han de ser coherentes con ella. Se ha producido una nueva vida y, con ella, las consecuencias que se manifiestan en el comportamiento cotidiano: el creyente que es movido por el Espíritu realiza las obras del Espíritu. Es luz, porque el Espíritu es luz en medio de su mundo, y posee motivaciones más hondas que conducen su vida.
¡El Espíritu, firme seguridad de nuestra esperanza! Pero la vida en el Espíritu no solo se manifiesta en un nuevo modo de comportamiento, sino que también le abre a una gran esperanza. El mismo Espíritu que resucitó a Jesús, a quien se adhiere por la fe, realizará en el hombre una obra semejante: la resurrección. El hombre fue creado para la vida y Dios se la garantiza por la resurrección.
Este fragmento conecta tanto con Ezequiel como con el Evangelio en este planteamiento central: el ser humano fue creado para la vida y la felicidad, y está llamado a ellas. La seguridad de su consecución se adelanta en las "arras" del Espíritu que habita en el creyente; es un anticipo que garantiza la donación total y para siempre de la vida.
Finalmente, los hombres de hoy, como los de ayer, necesitan el testimonio vivo y convincente de los discípulos y seguidores de Jesús que afirman la seguridad de nuestra esperanza. El hombre necesita una respuesta al enigma de la muerte que le aplasta.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 11, 25a. 26
R. Gloria y alabanza a ti, Cristo.
Yo soy la resurrección y la vida – dice el Señor -; el que cree en mí no morirá para siempre. R.
EVANGELIO
Yo soy la resurrección y la vida
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 11, 1-45
En aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.
Las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús, diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo».
Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea».
Lo discípulos le replicaron: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».
Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».
Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo».
Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará».
Jesús se refiere a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.
Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».
Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».
Ella le contestó: «Si, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama».
Apenas lo oyó se levantó y salió adonde estaba él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?».
Le contestaron: «Señor, ven a verlo».
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!».
Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa».
Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días».
Jesús le replico: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».
Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».
Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera».
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Llegamos así al final de nuestro camino Cuaresmal con el cual terminamos nuestro itinerario espiritual antes de iniciar la pasión de Cristo el próximo domingo.
Hasta ahora hemos reflexionado, después de las tentaciones del desierto, en la necesidad de ese silencio que nos ofrece el subir al monte; continuamos con el pasaje del agua que sacia el corazón; el Evangelio del cuarto domingo nos invitó a reconocer nuestra necesidad de Dios; y finalmente, este quinto domingo Jesús nos ayuda a entrar a la dimensión de la resurrección para pasar de la muerte a la vida.
Si bien esto es una obra divina, también requiere de nuestra participación, por ello quiero en esta reflexión invitarlos a asumir la Palabra de Dios no como una historia más, como lo hemos venido haciendo en este recorrido que hemos hecho del Evangelio de san Juan, sino como una experiencia en la que nosotros también podemos y debemos participar.
Porque, si bien el hombre ciego físicamente fue sanado por Cristo, esa sanación en nosotros se refiere a nuestra vida espiritual. De igual manera, hoy la resurrección de Lázaro no debe quedarse en una bonita historia y en un grandísimo milagro de Jesús, ese milagro Él lo quiere hacer ahora con todos y cada uno de nosotros.
Esto es porque nosotros debemos reconocer que estamos muertos interiormente ya que muchas veces cargamos pecados repetidos, resentimientos que no soltamos, desánimo espiritual, indiferencia ante Dios, hábitos que nos esclavizan, etc.
Es pues necesario revisar en esta última semana de Cuaresma, cuál o cuáles pueden ser la o las piedras que están obstaculizando que la gracia poderosa de Jesús dé vida nueva a todas estas áreas que afectan nuestra felicidad. Pensemos, por ejemplo, en el orgullo, la dureza del corazón, la falta de perdón, el apego al pecado, el miedo a cambiar y otras más.
La gracia de Dios siempre va primero, pero Dios respeta nuestra libertad. Sin un esfuerzo por convertirnos, por quitar todas estas piedras del camino, esa piedra que tapa la entrada a nuestro sepulcro será difícil llegar a una pascua de resurrección. Recuerda, Dios tiene el poder para resucitarnos, pero nos pide que quitemos la piedra. La gracia hace el milagro, pero la conversión abre el camino.
Antífona de comunión
Cfr. Jn 11, 26
Todo el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre, dice el Señor.
Oración después de la comunión
Te rogamos, Dios todopoderoso, que podamos contarnos siempre entre los miembros de aquel cuyo Cuerpo y Sangre acabamos de comulgar. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).


