Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana II - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Rom 6, 9
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.
Oración colecta
Te pedimos, Dios todopoderoso, que, renovados por los auxilios pascuales que nos han librado de la herencia del pecado, adquiramos la belleza del Creador celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Al terminar la oración, los llenó a
todos el Espíritu Santo, y predicaban
con valentía la palabra de Dios
Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 4, 23-31
En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oírlo, todos invocaron a uno a Dios en voz alta, diciendo: «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo: “¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.
Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en tus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».
Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Ya en la antigüedad decía Orígenes: "Antes de la predicación de la Palabra de Dios, todo estaba en paz; mientras no sonó la trompeta, no hubo lucha; pero desde entonces el reinado de Dios sufre violencia".
Esto ya nos lo había advertido Jesús cuando dijo: "A mí me persiguieron, lo mismo harán con ustedes". Una de las causas por las que nuestra cultura no vive un cristianismo más auténtico es por el miedo, por el temor a ser rechazado, criticado, excluido de los grupos sociales. Los apóstoles hoy nos dan muestra de valor; pero de un valor que no les viene de sus propias fuerzas sino de Dios.
Si verdaderamente queremos mostrarnos como testigos y seguidores de Cristo necesitamos, como ellos, pedir continuamente esta fuerza de lo Alto. La oración tiene el poder de fortalecer nuestra voluntad para que en todo momento podamos portarnos, pensar y hablar como auténticos cristianos. Date tiempo para orar e invita a unirse contigo a los que viven cerca de ti.
Salmo responsorial
Sal 2, 1-3. 4-6. 7-9
R. Dichosos los que se refugian en ti,
Señor.
- ¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías: «Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo». R.
- El que habita en el cielo sonríe, el Señor se burla de ellos. Luego les habla con ira, los espanta con su cólera: «Yo mismo he establecido a mi Rey en Sión, mi monte santo». R.
- Voy a proclamar el decreto del Señor; él me ha dicho: «Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy. Pídemelo: te daré en herencia las naciones, en posesión, los confines de la tierra: los gobernarás con cetro de hierro, los quebrarás como jarro de loza». R.
Aclamación antes del Evangelio
Col 3, 1
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. R.
EVANGELIO
El que no nazca de agua y de Espíritu
no puede entrar en el reino de Dios
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 3, 1-8
Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: «Tenéis que nacer de nuevo»; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Bueno, Nicodemo era un hombre formado, religioso, moralmente correcto, y aun a pesar de esto, Jesús le dice algo desconcertante: ‘Si no naces de lo alto, no puedes ver el Reino de Dios’. Y esto nos afecta también a nosotros directamente, porque podemos conocer la doctrina, cumplir las normas, tener una vida religiosa ordenada y aun así no haber nacido de lo alto.
Jesús no está hablando de mejorar conductas, sino de cambiar de origen. Nicodemo piensa en lo terrenal, piensa en volver al vientre materno y Jesús está pensando en el Bautismo. Esto no es una metáfora piadosa, es un acontecimiento real donde Dios nos da su propia vida.
En el Bautismo fuimos hechos hijos en el Hijo y allí comenzó en nosotros una vida que no proviene de la carne, sino del Espíritu. El problema es que muchas veces vivimos como si no hubiéramos nacido de nuevo, reducimos la fe a ética o a tradición cultural, pero el cristianismo no es esfuerzo humano, es vida divina en nosotros.
Dice Jesús: ‘El Espíritu sopla donde quiere’. Es que no se deja manipular, el Espíritu no se controla, el Espíritu no responde a nuestros cálculos. Si queremos que Dios actúe bajo nuestros términos, seguiremos en la noche como Nicodemo.
San Agustín lo dice con claridad, nadie nace espiritualmente sino en Cristo y nadie nace en Cristo si no ha pasado por el sacramento del Bautismo. No hay vida nueva sin inserción real en Cristo, no hay Pascua sin nuevo nacimiento. La pregunta es directa: ¿Vivo desde la carne o desde el Espíritu? ¿vivo desde mis criterios y mis cálculos, o desde la gracia recibida?
Hoy el Señor nos recuerda que el Reino no se conquista, se recibe, y que la vida cristiana auténtica comienza cuando dejamos de confiar en nuestras propias fuerzas y permitimos que el Espíritu nos regenere desde dentro. Solo quien nace de lo alto puede ver, y solo quien se deja transformar puede entrar.
Antífona de comunión
Cf. Jn 20, 19
Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, concédeme anunciar tu palabra con valor. Que tu gracia llegue hasta los que me rodean para que todos vean que eres grande y poderoso para curar sus vidas, que sea yo un signo para los demás, pero sobre todo, que sea un santo siervo tuyo, Jesús.
Acción
Hoy le hablaré a tres personas de la generosidad de Dios en mi vida.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
