Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana II - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: Santa Liduvina (Lidvina, Lidwina, Liduina), virgen.
Antífona de entrada
Ap 19, 7. 6
Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.
Oración colecta
Te pedimos, Dios todopoderoso, que nos concedas anunciar la victoria de Cristo resucitado, para que alcancemos en plenitud los bienes eternos, cuyo anticipo hemos recibido. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Un solo corazón y una sola alma
Lectura del libro de los Hechos
de los apóstoles 4, 32-37
El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado. Entre ellos no había necesitados, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero de lo vendido y lo ponían a los pies de los apóstoles; luego se distribuía a cada uno según lo que necesitaba.
José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa hijo de la consolación, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En una ocasión decía Jesús: "Quien encuentra la perla preciosa, vende todo para poder comprarla". Ésta es la gran realidad que vivían y que viven los que descubren lo que significa en realidad POSEER EL ESPÍRITU.
La felicidad, la paz y el gozo que Dios regala al hombre no tiene ni precio ni comparación, por lo que la libertad que se experimenta lleva al hombre a cambiar su valoración no sólo sobre los bienes, sino sobre las mismas personas.
Para el cristiano que deja que Dios tenga verdaderamente un espacio en su corazón, las cosas son solo instrumentos para la construcción del Reino y para el uso de aquellos que los necesitan.
Por ello, la idea de atesorar es totalmente contraria al Evangelio. Y es que cuando el amor penetra en el corazón del hombre se acaba la idea de lo "mío" y lo "tuyo" para dar cabida a lo "NUESTRO". Si queremos que la situación de miseria que flagela nuestra sociedad se termine, es necesario que tú y yo abramos el corazón a la fuerza del amor de Jesús Resucitado.
Salmo responsorial
Sal 92, 1ab. 1c-2. 5
R. El Señor reina, vestido de majestad.
- El Señor reina, vestido de majestad; el Señor, vestido y ceñido de poder. R.
- Así está firme el orbe y no vacila. Tu trono está firme desde siempre, y tú eres eterno. R.
- Tus mandatos son fieles y seguros; la santidad es el adorno de tu casa, Señor, por días sin término. R.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, para que los que creen en él tengan vida eterna. Aleluya. R.
EVANGELIO
Nadie ha subido al cielo sino el que
bajó del cielo, el Hijo del hombre
Lectura del santo evangelio
según san Juan 3, 7b-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede suceder eso?».
Le contestó Jesús:
«¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».
Reflexión sobre el Evangelio
¡Alégrate, porque Jesús está vivo!. Pongamos mucha atención a esto que le dice Jesús a Nicodemo, porque es de esas conversaciones que no se entienden a la primera, pero que nos enseñan a vivir de otra manera. Jesús le suelta una frase que suena rara: ‘tienes que nacer de nuevo’. Y no se refiere a volver al vientre de nuestra madre, sino a un ‘cambio de chip’ radical, a nacer del Espíritu.
Lo primero que tenemos que aprender aquí es que la vida no es solo lo que podemos tocar o lo que podemos controlar. Jesús usa el ejemplo del viento: sentimos que sopla, oímos cómo suena, pero no sabemos de dónde viene ni a dónde va. Así es vivir en el Espíritu de Dios. La lección para nosotros es que debemos aprender a soltar el control, a dejarnos llevar.
A nosotros a veces nos estresa el querer asegurar que todo salga exactamente como lo planeamos; pero la verdadera forma de caminar en Dios es dejar que el viento del Espíritu nos mueva en la dirección que Él quiera que vayamos, es confiar en que, aunque no vemos el mapa completo, Dios sabe por dónde nos está llevando.
Nicodemo se queda así como nosotros a veces, pero ¿cómo puede ser eso? ¿cómo puede suceder esto? Y Jesús le recuerda algo muy importante de la historia del pueblo de Israel en tiempos de Moisés, para explicarle que Él va a ser levantado en la cruz para que todo el que crea en Él tenga vida eterna y pueda acceder a una vida nueva.
¿Qué es lo que debemos aprender de esto? Que mirar a Jesús es lo que nos salva. Esa cruz donde fue levantado Cristo es lo que debemos seguir hasta la muerte, porque ahí está nuestro triunfo: morir a la envidia, al coraje, a la tristeza, al estrés, a las preocupaciones y levantar la vista hacia Jesús y resucitar con Él.
La enseñanza clave es ésta: no intentes entenderlo todo con tu propia lógica; hay cosas en la vida que solo se entienden cuando dejas que el Espíritu de Dios entre en tu corazón y te renueve. Por eso es necesario nacer de nuevo.
Hoy, en lugar de querer controlar cada detalle de tu vida, trata de dejarte llevar por ese viento del Espíritu Santo, déjate guiar por lo bueno, por la paz y por lo que Dios te va poniendo en el camino.
Antífona de comunión
Cf. Lc 24, 46. 26
Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y así entrara luego en su gloria. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, dame de tu Espíritu Santo, para que sane mi fiebre de poseer y que satisfaga mi alma y corazón. Que tu Espíritu, Señor, me haga sentir la plenitud de tu presencia en mí y por ese motivo yo me abra generosamente a mis hermanos.
Acción
Este día tomaré de lo mío, lo que me sirve, como alimentos, ropa o algún otro bien, y lo compartiré con un desconocido necesitado.
Fuentes:
Frailes Dominicos de España, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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