Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana II - Feria.
Color del día: Blanco.
Memoria libre: San Pedro González Termo (San Telmo), sacerdote.
Antífona de entrada
Sal 17, 50; 21, 23
Te alabaré, Señor, ante las naciones y anunciaré tu nombre a mis hermanos. Aleluya.
Oración colecta
Al conmemorar cada año los misterios por los que devolviste a la naturaleza humana su dignidad original y le infundiste la esperanza de la resurrección, te suplicamos, Señor, confiadamente, que en tu clemencia, nos concedas recibir con perpetuo amor lo que conmemoramos llenos de fe. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Mirad, los hombres que metisteis
en la cárcel están en el templo,
enseñando al pueblo
Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 5, 17-26
En aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles:
«Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».
Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con todos los suyos, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de los hijos de Israel, y mandaron a la prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, no los encontraron en la celda, y volvieron a informar, diciendo:
«Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».
Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes atinaban a explicarse qué había pasado. Uno se presentó, avisando: «Mirad, los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo».
Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
¿Quién podrá detener el anuncio de la Palabra de Dios? ¡Nadie! Excepto nosotros mismos.
El episodio de hoy nos narra cómo Dios incluso mandó un ángel a sacar de la prisión a los apóstoles y les dijo: "Vayan a predicar".
Hoy están faltando muchos cristianos valientes que anuncien la Palabra de Dios en sus comunidades, en sus escuelas, en sus oficinas y negocios; cristianos que, sin temor al "qué dirán", sean capaces de vivir de tal manera el Evangelio en sus propios medios, que llamen la atención de los demás; cristianos que no tengan temor de hablar abiertamente de Jesús a sus amigos y conocidos; cristianos que no se avergüencen de ser testigos del Resucitado.
No permitamos que nuestros temores detengan el anuncio de la Vida, el Amor y la Paz traídos por Cristo. Recuerda siempre que la única oportunidad que tiene el hombre de vivir la vida en plenitud está en Cristo, y que su anuncio también depende de ti.
Salmo responsorial
Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9
R. El afligido invocó al Señor,
y él lo escuchó.
- Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
- Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre. Yo consulte al Señor, y me respondió, me libró de todas mis ansias. R.
- Contempladlo, y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará. El afligido invocó al Señor, él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
- El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen y los protege. Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. R.
Aclamación antes del Evangelio
Cf. Jn 3, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
EVANGELIO
Dios envió a su Hijo para
que el mundo se salve por él
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 3, 16-21
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El Evangelio que acabamos de escuchar nos sitúa en el corazón mismo del misterio cristiano.
Esta es una afirmación teológica radical: Dios ama primero, gratuitamente y lo hace hasta el extremo: ‘Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único’. El amor de Dios no es un sentimiento pasajero, es una decisión firme y eficaz. El amor de Dios tampoco es una idea, es una donación concreta que pasa por el sacrificio.
Aquí hay una verdad que nos puede incomodar, el mundo no se salva por evolución moral, ni por progreso cultural o tecnológico, se salva porque Dios interviene. La Palabra de Dios es clara: ‘no envió Dios a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él’. La iniciativa es divina, pero inmediatamente aparece la responsabilidad humana.
El que cree en Él no es juzgado, el que no cree ya está juzgado. O sea, no es un castigo arbitrario, es una consecuencia. Rechazar la luz es permanecer en la oscuridad: ‘La luz vino al mundo y los hombres prefirieron más las tinieblas que la luz’; el texto no dice que ignoraron, sino que deliberadamente amaron más la oscuridad.
El problema no es intelectual, es moral, no es falta de información, es apego al pecado; la luz revela y lo que se ama en secreto teme ser expuesto. San Agustín lo explicaba con una lucidez contundente, el hombre huye de la luz porque no quiere que sus obras sean corregidas. La luz no destruye, la luz sana, pero primero revela la herida, y eso duele.
Sin embargo, quien obra la verdad viene a la luz, va a la luz; no quien es perfecto, sino quien desea la verdad. Este Evangelio proclamado en tiempo pascual, nos obliga a examinarnos, ¿Amamos realmente la luz o todavía preferimos las zonas grises donde nuestra conciencia no es cuestionada?
La Pascua no es solo revelación de victoria, es juicio de luz. Cristo resucitado no viene a condenar, pero su presencia revela y solo quien acepta ser iluminado puede ser transformado.
Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 16. 19
Yo los elegí del mundo, dice el Señor, y los destiné para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, muéstrate benigno con tu pueblo, y ya que te dignaste alimentarlo con los misterios celestiales, hazlo pasar de su antigua condición de pecado a una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Libérame, Señor, de mis cárceles, abre las rejas de todo lo que en mi vida aún me esclaviza. Sé que hay muchas cosas que aún me impiden experimentar la gloriosa libertad que has destinado para mí. Libérame, Señor, para que pueda salir al mundo y proclamar tu mensaje de amor, de paz y de libertad.
Acción
Hoy haré una lista de todas las cosas que aún me impiden que hable libremente de Dios y planearé cómo vencerlas una a una.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
