Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 26 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana IV.
   Color del día: Blanco.  


Memoria libre:


Antífona de entrada
Cf. Sal 32, 5-6

La tierra está llena del amor del Señor y su palabra hizo los cielos. Aleluya.


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos que nos lleves a gozar de las alegrías celestiales, para que tu rebaño, a pesar de su fragilidad, llegue también a donde lo precedió su glorioso Pastor. Él, que vive y reina contigo.

PRIMERA LECTURA
Dios lo ha constituido Señor y Mesías

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 2, 14a. 36-41

El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose de pie junto a los Once, levantó su voz y declaró: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?»

Pedro les contestó:

«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamaré a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje pertenece al primer discurso de Pedro el día de Pentecostés. Su auditorio es exclusivamente judío. Después de presentar un resumen del mensaje pascual, Pedro llega al clímax de su predicación con la afirmación más contundente de toda la Pascua: Jesús, a quien ellos crucificaron, es el Señor y el Mesías.

Al oír estas palabras, todos se conmovieron profundamente y preguntaron a Pedro y a los demás qué debían hacer. Pedro responde que lo grato a Dios es la conversión y el bautismo, para recibir el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo. Los que acogieron su palabra se bautizaron, y el número de los creyentes aumentó considerablemente.

La comunidad primitiva va cumpliendo así su misión principal: anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, proponiendo el nombre de Jesús y la adhesión a Él, no como un mero trámite, ni mucho menos como un proselitismo superficial, sino como una experiencia fundamental de vida.

Para reflexionar:

* Como Pedro, ¿anuncio a Jesucristo, muerto y resucitado?
* Ante este mismo anuncio que he recibido en mi vida, ¿respondo con una sincera conversión de vida?

ORACIÓN: Señor, que al anunciarte, sea yo mismo evangelizado, y que con la gracia de tu Espíritu emprenda una sincera conversión de vida. Amén.

Salmo responsorial
Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5

R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R.
  • Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada tenlo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
  • Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R.
  • Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término. R.

SEGUNDA LECTURA
Os habéis convertido
al pastor de vuestras vidas

Lectura de la primera carta del
apóstol san Pedro 2, 20-25

Queridos hermanos:

Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.

Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas.

Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.

Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba al que juzga rectamente.

Él llevo nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muerto a los pecados, vivamos para la justicia.

Con sus heridas fuisteis curados.

Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

En esta perícopa se insiste, sobre todo, en el seguimiento de Cristo. Se trata, por lo tanto, de seguir sus huellas: no cometer pecado, no ser mentirosos, no devolver el insulto, no proferir amenazas. Jesús es el modelo a seguir para quien ha sido sumergido, como Él, en su muerte y en su resurrección.

Gracias a su sacrificio redentor, a sus llagas, estamos llamados a seguir sus pasos, viviendo para la justicia y alcanzando así la salud. No podemos quejarnos de no tener un modelo, porque en Jesús, Dios nos ha dado uno: el gran Pastor de las ovejas, guardián de nuestras almas, que nos atrae hacia sí y nos revela el camino que conduce a la salvación.

Comentando este mismo pasaje, san Agustín nos recuerda que el verdadero fruto del amor que profesamos a Jesús radica en la imitación de su ejemplo.

Los mártires son los testimonios más preclaros de este seguimiento, pero también nosotros, cuando —con humildad— bebemos de la humildad, encontramos la medicina contra la soberbia, que, por naturaleza, pertenece al demonio.

Para reflexionar:

* ¿Sigo los pasos de Jesús?
* ¿Qué me hace salirme de sus huellas?

ORACIÓN: Enséñame, Señor, tus caminos; instrúyeme en tus sendas. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 10, 14

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el Buen Pastor – dice el Señor -, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.

EVANGELIO
Yo soy la puerta de las ovejas

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 10, 1-10

En aquel tiempo, dijo Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mi son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El pasaje de hoy se centra más en el tema de la puerta de las ovejas que en el pastor mismo.

Cristo, por su muerte y resurrección, se ha convertido en la puerta de las ovejas; es decir, Él es el único mediador en quien podemos encontrar la salvación, el acceso a Dios, el paso a la eternidad y a la libertad verdadera. Él es la vida de las ovejas, una vida que no se limita a lo biológico, sino que es espiritual y divina.

Jesús se declara a sí mismo como puerta, porque Él es el acceso legítimo de las ovejas. Entrar por Cristo supone poner la verdad, el bien y la bondad como valores supremos.

Esta puerta, como enseña san Agustín, está a la vista de todos, de modo que no hay ningún ser humano que, buscando con sinceridad la verdad, el bien y la bondad, no pase por Cristo, quien es en sí mismo todas estas cosas.

Para reflexionar:

* ¿Procuro buscar la verdad, la belleza, la bondad, el bien?
* ¿Indico a otros el camino de la verdadera libertad?

ORACIÓN: Señor, que me esfuerce por entrar en Ti, y así pueda encontrar la verdadera y auténtica libertad. Amén.


Antífona de comunión

Ha resucitado el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y se entregó a la muerte por su rebaño. Aleluya.


Oración después de la comunión

Buen Pastor, vela con solicitud por tu rebaño y dígnate conducir a las ovejas que redimiste con la preciosa sangre de tu Hijo, a las praderas eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SÍNTESIS:

Este domingo, la Iglesia nos invita a descubrir a Jesús como el Buen Pastor. Pedro nos llama a la conversión de vida y a volver a Cristo, el guardián de nuestras almas.

Solo si entramos en esta dinámica, podremos sacar el mayor provecho de esta Pascua, en la que Dios nos ofrece lo más grande: su salvación y su amistad.

Para recibir este don, debemos entrar en Cristo. Solo así tendremos acceso a la asamblea gozosa del cielo.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).