Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 27 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana IV - Feria.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Rom 6, 9

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Oración colecta

Dios nuestro, luz perfecta de los santos, que nos concediste celebrar en la tierra los misterios pascuales, haz que gocemos siempre de la plenitud eterna de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Así pues,
también a los gentiles les ha otorgado
Dios la conversión que lleva a la vida

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 11, 1-18

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche: «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».

Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:

«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos, de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo.

Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí: “De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.

En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.

En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; entonces me acordé de lo que había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».

Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:

«Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

De nuevo aparece en escena el binomio: Oración - Voluntad de Dios. Fue precisamente estando en oración como Pedro y el hombre que fue bautizado por éste, fueron advertidos.

Y es que la oración es el medio ordinario por el cual Dios va comunicando su voluntad a sus hijos, de manera que una persona que ora todos los días y que busca con todo su corazón al Señor, sin lugar a dudas que, aun en la más oscura de las noches, encontrará el camino seguro; en medio de la crisis, caminos de solución; en la pena y el dolor, la consolación y sobre todo, en todo momento, irá descubriendo la voluntad de Dios para cada uno de sus proyectos e iniciativas.

La oración es el "mileu" o lugar en el cual el Espíritu se manifiesta, concediendo a sus fieles abundantes dones, carismas y consolaciones. De manera que no orar puede ser considerado como un verdadero suicidio espiritual. Un santo sacerdote decía: "Nunca dejes lo importante por hacer lo urgente", recuerda siempre que lo más importante de tu día es tu oración.

Salmo responsorial
Sal 41, 2-3; 42, 3. 4

R. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo.
  • Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
  • Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. R.
  • Me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría; y te daré gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 10, 14

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el Buen Pastor – dice el Señor -, que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.

EVANGELIO
El buen pastor da su vida por la ovejas

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 10, 11-18

En aquel tiempo dijo Jesús: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas.

Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre".

Reflexión sobre el Evangelio

Familia, el Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos ¿qué o quién hemos considerado como nuestro pastor?

Y tenemos que tener mucho cuidado porque a lo largo de nuestra vida se nos van a ir presentando no solo asalariados, sino también mercenarios, ideologías que prometen seguridad, modas que tal vez prometen éxito, criterios mundanos que prometen bienestar, comodidad, pero que van a desaparecer cuando llegue el lobo del sufrimiento, de la enfermedad o de la cruz. 

Y por el contrario, vemos a Jesús que se presenta como el buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Cristo siempre va a permanecer, aun cuando todo se derrumbe. O sea, Cristo no nos ama en abstracto; incluso nos conoce y conoce nuestras caídas, nuestras incoherencias, nuestras mediocridades, nuestras falsedades, nuestros pecados y aun así nos ama y da la vida por nosotros. 

El Catecismo de la Iglesia dice que la Iglesia es redil y nosotros sus ovejas y, aunque a veces estamos esas ovejas gobernadas por pastores humanos, dígase los obispos o sacerdotes de alguna manera como administradores, son, sin embargo, todas las ovejas de la Iglesia guiadas y alimentadas constantemente por el mismo Cristo. 

Y en el Evangelio Jesús afirma que sus ovejas lo conocen y escuchan su voz. La cuestión es si sabemos reconocer a Cristo, si sabemos reconocer su voz, porque a veces su voz se va a manifestar en los acontecimientos de nuestra vida, incluso en esos acontecimientos que no entendemos. Otras veces su voz se deja oír en el silencio de la oración. 

Pero para reconocerla hace falta trato, comunión. Quien no ora, quien no se expone a la Palabra, termina confundiendo la voz del Pastor con la del ruido del mundo, de los asalariados o de los mercenarios. 

Escuchamos su voz porque solo así podremos dejarnos pastorear y quien lo hace experimenta consecuencias concretas: pasa en medio de la incertidumbre, fortaleza en la prueba, claridad moral en la confusión, unidad en lugar de dispersión. 

Claro, esto no significa ausencia de sufrimiento, sino presencia de sentido, porque escuchar la voz del Pastor verdadero solo nos conduce a la vida verdadera. 

Antífona de comunión
Cf. Jn 20, 19

Jesús se presentó en medio de sus discípulos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Dirige, Señor, tu mirada compasiva sobre tu pueblo, al que te has dignado renovar con estos misterios de vida eterna, y concédele llegar un día a la gloria incorruptible de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Oración

Señor, inspira mi corazón para que te busque, ayúdame a descubrir que cada paso que dé en mi vida, debe estar sostenido en la oración; que todos mis anhelos, deseos y sentimientos más profundos deben haber sido validados por tu santa voluntad en los momentos en que me encuentro en tu presencia.

Acción

Organizaré mi agenda de tal manera que lo primero y lo último que haga cada día sea estar un momento en oración delante de Dios.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).