Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 6 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana I.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Ex 13, 5. 9

El Señor les dio a ustedes una tierra que mana leche y miel, para que tengan siempre en su boca la ley del Señor. Aleluya.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Dios nuestro, que haces crecer siempre a tu Iglesia dándole nuevos hijos, concédenos la gracia de vivir de acuerdo con la fe que recibimos en el sacramento del bautismo. Por nuestro Señor Jesucristo

PRIMERA LECTURA
A este Jesús lo resucitó Dios,
de lo cual todos nosotros somos testigos

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro, de pie poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

«Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro».

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que «no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que” su carne no experimentará corrupción».

A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Escuchamos este primer testimonio sobre la Resurrección de Jesús. Este testimonio no sólo es importante por su contenido sino por su contexto, pues recordemos que sólo han pasado unos días de que los judíos habían dado muerte a Jesús por lo que la comunidad de discípulos permanecía silenciosa y oculta.

Pedro, lleno del Espíritu Santo, habla, como él mismo dice: "Claramente". No le tiene miedo al qué dirán o a las consecuencias que pudiera traer hablar con claridad de Cristo.

Hoy en día, necesitamos más cristianos que estén dispuestos a hablar con claridad de Jesús, cristianos que no tengan miedo de portarse como tales delante de sus superiores, de sus hermanos y de sus mismos padres. Cristianos que con su vida sean capaces de testimoniar a SU SEÑOR.

Permítanme ahora hablarles con claridad, es necesario que dejemos de ser cristianos ocultos, cristianos solo de nombre o de bautismo, para ser auténticos seguidores del Resucitado. Hermano, hermana, preséntate hoy ante los demás como un auténtico cristiano, vive la caridad y habla abiertamente de tu Señor, de Aquél que estaba muerto pero ahora vive resucitado entre nosotros.

Salmo responsorial
Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11

R. Protégeme, Dios mío,
que me refugio en ti.
  • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi bien». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. R.
  • Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R.
  • Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.
  • Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 117, 24

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

EVANGELIO
Comunicad a mis hermanos
que vayan a Galilea; allí me verán

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos.

De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos».

Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.

Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:

«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».

Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Hermanos, durante la octava de Pascua, la Iglesia no prolonga una fiesta, habita un acontecimiento. Cada día vuelve al mismo anuncio, porque la resurrección no se asimila de una sola vez, sino que se aprende viviéndola. 

El Evangelio de hoy nos muestra dos reacciones ante el mismo hecho del sepulcro vacío: Las mujeres salen con temor y con gran alegría. No lo comprenden todo, pero se ponen en camino. Y es precisamente en ese camino de obediencia donde Jesús resucitado les sale al encuentro.

No se manifiesta a quien se queda calculando, sino a quien confía y camina. Por eso se postran y abrazan los pies del Resucitado. Y Él no es una idea consoladora ni un símbolo espiritual. Es el mismo Jesús vivo, real, corporal.

Pero el mismo sepulcro vacío provoca otra reacción: Los sumos sacerdotes también saben que algo ha ocurrido, los guardias lo confirman. Sin embargo, no buscan la verdad, sino una versión que no les obligue a cambiar. Compran una mentira, la organizan y la difunden. No es ignorancia, es resistencia a la Pascua. 

Y aquí la Palabra a nosotros nos interpela con fuerza, especialmente en esta octava. La resurrección no se divide entre los que saben y los que no saben, sino entre los que se dejan transformar y los que prefieren controlar el relato. 

La Pascua no es solo que Cristo haya vencido la muerte. Es que ya no necesitamos vivir desde el miedo ni sostener mentiras para proteger seguridades. Por eso la Iglesia en el Catecismo afirma con claridad: ‘La resurrección de Cristo es un acontecimiento real, con manifestaciones históricamente comprobadas’. 

Esto es verdad y por eso la fe pascual no se reduce a celebrar, sino a vivir como resucitados con verdad, con libertad, con valentía. Durante esta octava, la Iglesia nos pone delante una lección muy concreta: o caminamos como las mujeres y el Resucitado sale a nuestro encuentro o nos quedamos gestionando excusas para que nada cambie ni nosotros cambiemos.

Que el Señor nos conceda no solo creer en la resurrección, sino dejarnos traspasar por ella para vivirla. 

Antífona de comunión
Rom 6, 9

Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Que la gracia de este sacramento pascual fructifique, Señor, en nuestros corazones para que podamos corresponder a los dones de tu amor, que nos abrió el camino de la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, creo en tu resurrección, creo que moriste por amor a mí y que te levantaste de entre los muertos con poder y que ahora vives y reinas eternamente. Por eso, en cada situación alzaré mi voz diciendo que tú vives.

Acción

Hoy repetiré durante el día: Jesús ha resucitado, ¡Aleluya!

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).