Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 2 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Primer Día del Triduo Pascual
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Gal 6, 14

Debemos gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en él está nuestra salvación, nuestra vida y nuestra resurrección, y por él fuimos salvados y redimidos.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Dios nuestro, reunidos para celebrar la santísima Cena en la que tu Hijo unigénito, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el nuevo y eterno sacrificio, banquete pascual de su amor, concédenos que, de tan sublime misterio, brote para nosotros la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Prescripciones sobre la cena pascual

Lectura del libro del Éxodo
12, 1-8. 11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.

Será un animal sin defecto, macho, de un año, lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer”. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas. 

Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.

Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.

La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.

Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación como ley perpetua lo festejareis».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El sacrificio de primavera que los pastores realizaban, buscando ser protegidos, bendecidos y alejar los malos espíritus, sirvió de marco para la liberación (el faraón no dio el tradicional permiso de tres días para ir al desierto).

Este rito se mezcla con normas litúrgicas posteriores. Lo descrito no es un simple recuerdo, sino un memorial; es decir, un acontecimiento cuya vigencia permanente nos invita a comprometernos con la liberación de los hermanos.

Para reflexionar:

* ¿Confío en que Dios guía mi vida?
* ¿Me comprometo a participar plenamente de su plan de salvación?

ORACIÓN: Señor, guía mi vida, para que mi fe no desfallezca. Amén.

Salmo responsorial
Sal 115, 12-13. 15-16. 17-18

R. El cáliz de la bendición es
comunión con la sangre de Cristo.
  • ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor. R.
  • Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas. R.
  • Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo. R.

SEGUNDA LECTURA
Cada vez que coméis y bebéis,
proclamáis la muerte del Señor

Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: – «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

El pasaje de Corintios es la versión paulina de la institución de la Eucaristía, y es el más antiguo. La Eucaristía, según san Pablo, es una memoria particular y presencia real de la muerte del Señor. El creyente que participa en ella se une al Señor muerto, es decir, al real, histórico, no únicamente imaginado.

Por otro lado, según la teología paulina, la muerte y la resurrección de Cristo están totalmente unidas entre sí: cuando se menciona una, se está implicando la otra.

Por eso, al hablar del Señor muerto, también se piensa en el Señor resucitado. Y, por tanto, el comulgante establece comunidad con el Resucitado, participando de la nueva situación que Cristo ha establecido para sí y para quienes se unen a Él.

Para reflexionar:

* ¿Cómo vivo la Eucaristía?
* ¿Es la Eucaristía el centro de mi vida?

ORACIÓN: Señor, que nunca olvide que en la Eucaristía estás realmente presente. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 13, 34

R. Alabanza y honor a ti, Señor Jesús.

Os doy un mandamiento nuevo – dice el Señor -: que os améis unos a otros, como yo os he amado. R.

EVANGELIO
Los amó hasta el extremo

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: – «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».

Jesús le replicó: – «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

Pedro le dice: – «No me lavaras los pies jamás».

Jesús le contestó: – «Si no te lavo, no tienes parte conmigo».

Simón Pedro le dice: – «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza».

Jesús le dice: – «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

– «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Los evangelistas sinópticos y Pablo cuentan que, la noche antes de padecer, mientras cenaba con sus discípulos, Jesús instituyó la Eucaristía. En lugar de narrar esta institución, Juan habla de un gesto supremo de servicio que Jesús manda a perpetuar en conmemoración suya.

Por lo tanto, se debe entender que la fracción del pan y el servicio a los hermanos son dos formas complementarias y recíprocamente legítimas de servicio a Dios.

El lavatorio de los pies recuerda la verdadera naturaleza del Mesías, que es el servidor que vendría a entregarse por sus hermanos.

No se trata simplemente de un signo de servicio, sino de una acción sacramental mediante la cual se manifiesta que su grandeza mesiánica no está en los honores humanos, sino en darse por los demás, estableciendo así el camino para todos sus discípulos.

Para reflexionar:

* ¿Cómo vivo mi servicio a los hermanos?
* ¿Estoy dispuesto a seguir el camino de Jesús?

ORACIÓN: Señor, que al experimentar en mi vida el amor que tienes a toda la humanidad, me mueva a ponerme al servicio de los demás. Amén.

Antífona de comunión
Cf. 1 Cor 11, 24-25

Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Este cáliz es la nueva alianza establecida por mi Sangre; cuantas veces lo beban, háganlo en memoria mía, dice el Señor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Concédenos, Dios todopoderoso, que así como somos alimentados en esta vida con la Cena pascual de tu Hijo, así también merezcamos ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Reflexión especial
(Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi en Evangelización Activa)

Hoy es un día santo, hoy es un día para realmente contemplar, alabar, adorar, dar gracias. Y es difícil escoger de qué hablar con tanta riqueza de este día donde se instituye el sacerdocio, donde se instituye la Eucaristía, pero yo quisiera centrarme en dos ideas esenciales quizá. 

Y una, me adelanto a este pasaje; en este pasaje ya entramos directo a la última Cena, pero yo quisiera hacer un recorrido antes de que llegaran a la última cena o más bien centrarnos en una palabra esencial. En Marcos 14, 15 dice que Jesús les está diciendo a sus discípulos: prepárenos ahí lo necesario para celebrar la Pascua. 

Y justo yo quisiera que iniciemos meditando una palabra que parece sencilla, pero que custodia un secreto precioso de nuestra vida cristiana: ‘preparar’. Preparar esa sala en el piso superior, ya preparada, ese lugar, en el fondo es nuestro corazón; una sala que puede a veces parecer vacía, pero que solo espera ser reconocida, llenada y custodiada.

La Pascua que los discípulos deben preparar está en realidad ya preparada en el corazón de Jesús. Sin embargo, pide a sus amigos que hagan su parte. Hoy, como entonces, hay una cena que preparar, y no se trata solo de la liturgia, sino de nuestra disponibilidad a entrar en un gesto que nos supera. 

Hay que preparar esa sala, hay que preparar ese corazón. La Eucaristía no se celebra solo en el altar, sino también en la vida cotidiana, donde es posible vivir como ofrenda y acción de gracias; preparar para celebrar esta acción de gracias no significa hacer otra cosa, sino que dejar espacio, significa preparar, quitar lo que estorba y limpiar. 

El amor verdadero se da incluso antes de ser correspondido, es un don anticipado; no se basa en lo que recibe, sino en lo que desea ofrecer. Y esto me da pie para la segunda idea: la primera, preparar, preparar esa sala en el piso superior, preparar nuestro corazón y vivir esa Eucaristía como ofrenda y acción de gracias. 

Y lo segundo, nos dice justo San Juan en el primer párrafo: ‘los amó hasta el final’. Amar hasta el final es la clave para comprender el corazón de Cristo, un amor que no se detiene ante el rechazo, ante la decepción, ni siquiera la ingratitud. 

Jesús conoce la hora, pero no la sufre, la elige, es Él quien reconoce el momento en que su amor tendrá que pasar por la herida más dolorosa, la de la traición, y en lugar de retirarse, de acusar, de defenderse, sigue amando; lava los pies, moja el pan y lo ofrece. 

También nosotros estamos invitados a preparar la Pascua del Señor, a preparar no solo la liturgia, sino también la de nuestra vida, cada gesto de disponibilidad, cada acto gratuito, cada perdón ofrecido por adelantado, cada esfuerzo aceptado con paciencia es una forma de preparar un lugar donde Dios pueda habitar. 

Preguntarnos ¿qué espacios de mi vida necesito reordenar para que estén listos para acoger al Señor? ¿Qué significa para mí hoy preparar? Quizás renunciar a una pretensión, dejar de esperar que el otro cambie, dar el primer paso. Quizás escuchar más, obrar menos o aprender a confiar en lo que ya está dispuesto. 

¿Qué significa para mí hoy el amar hasta el final? Hoy, escuchemos quizá al Señor que me dice: la mejor gratitud ante mis sufrimientos es confiar que ellos te han salvado, toma valor de mi valor en la hora de la pasión, toma amor de mi amor en la hora de mi pasión. 

Quiero reinar en ti, no te detengas, ve y prepara la cena. Que quiero amarte hasta el final. Te llevo en mi corazón. Acompañemos al Señor hoy este Jueves Santo, sentémonos a la mesa con Él, escuchemos como nos llama amigos, dejémonos que nos lave, pero sobre todo, preparemos el corazón para celebrar con Él la Eucaristía, que no es otra cosa que acción de gracias y ofrenda. Que hoy mi día sea un agradecer y ofrecerme. 

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).