Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 7 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana I.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Eclo 15, 3-4

El Señor les dará a beber el agua de la sabiduría; se apoyarán en él y no vacilarán. Él los llenará de gloria eternamente. Aleluya.

Gloria

Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.

Oración colecta

Señor Dios, que nos has hecho experimentar la fuerza vivificante del misterio pascual, sigue acompañando a tu pueblo con tu divina gracia, para que, conseguida la perfecta libertad, se convierta en gozo celestial la alegría que ahora lo inunda aquí en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Convertíos y bautizaos
todos en nombre de Jesucristo

Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 2, 36-41

El día de Pentecostés, decía Pedro a los judíos: «Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías».

Al oír esto, se les traspaso el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?».

Pedro les contestó:

«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y para los que están lejos, para cuantos llamare a sí el Señor Dios nuestro».

Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo: «Salvaos de esta generación perversa».

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

José Prado, un laico dedicado de tiempo completo a la evangelización, decía que en la antigüedad bastaba un sermón para convertir a miles de personas, hoy, ni con mil sermones logramos convertir a una persona.

La razón de ello sea tal vez que Pedro estaba realmente convencido de lo que decía. Para él, Cristo no había sido una filosofía, sino una persona real, alguien que le había cambiado la vida, de ser pescador de peces a pescador de hombres.

No solamente sabía que había recibido el Espíritu Santo, sino que experimentaba su poder en él. Por ello cuando hablaba el mensaje iba cargado de la presencia de Dios, pues hablaba de su experiencia. Reconocer que Jesús ha resucitado, significa aceptar su vida y amor; significa dejarse transformar por él.

La Iglesia necesita hombres y mujeres que estén profundamente convencidos de la resurrección de Cristo y que lo testifiquen en sus oficinas, en sus escuelas, en sus hogares, viviendo de acuerdo al mensaje del Evangelio, y siendo valientes para dar razón de su fe cuando sea necesario. ¿Eres tú una de estas personas?

Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R. La misericordia del Señor
llena la tierra.
  • La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. R.
  • Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
  • Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

Aclamación antes del Evangelio
Sal 117, 24

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

EVANGELIO
He visto al Señor y ha dicho esto

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 20, 11-18

En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».

Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice: «¡María!».

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro»».

María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

¡Aleluya!, ¡felices pascuas de resurrección! Alégrate porque Jesús está vivo. En el Evangelio que leemos hoy vemos a María Magdalena junto al sepulcro vacío, es un evento muy reciente en donde ella debió haber tenido a flor de piel todos los sentimientos que vivió por el martirio de Jesús y le corresponde ser el primer testigo. 

Nos sirve este Evangelio para poder entender cómo el dolor y los problemas llegan en este tipo de situaciones a nublarnos por completo la vista y todos los sentidos. María está ahí llorando, tan encerrada en su tristeza y su frustración, que incluso cuando ve a los dos ángeles y al mismo Jesús, no lo reconoce. 

Es como lo que nos pasa a nosotros cuando atravesamos un problema fuerte o una pérdida, nos encerramos tanto en nuestro llanto, que no somos capaces de ver las soluciones o los consuelos que Dios pone en frente de nosotros. 

Estamos tan seguros de que todo terminó mal, que no nos damos cuenta de que la vida sigue ahí, frente a nosotros y nos olvidamos de las promesas de Jesús. Lo que cambia todo es un detalle muy personal, Jesús la llama por su nombre. A partir de ahí se le cae la venda de los ojos, porque Jesús establece una relación directa con ella, una comunicación directa con ella. 

Dios no nos habla de forma genérica, nos conoce y nos busca y consuela en nuestra situación particular, aun en la más complicada y difícil. El mensaje para nosotros es que en medio de cualquier situación de dolor y tristeza, cuando pensamos que las cosas no salieron como nosotros esperábamos, hay que hacer un silencio para escuchar esa voz que nos llama por nuestro nombre y nos recuerda que no estamos solos. 

Al final Jesús le dice algo importante: ‘no me retengas’, es como decirle que no se quede estancada en el pasado o en la forma en que ella pensaría que iban a ser las cosas. Jesús la invita a ir y contarles a los demás lo que ha visto, a no perder el tiempo. Es una gran enseñanza para nosotros. No podemos quedarnos encerrados en nuestras emociones, por muy válidas que sean. 

El encuentro con Jesús nos debe dar el impulso para levantarnos, dejar atrás el sepulcro vacío y compartir la esperanza con la gente que nos rodea. Como María Magdalena, hemos sido llamados a ser testigos del Señor Resucitado. Vayamos entonces a dar el mensaje para decir a todos que Jesús, el Señor, ha resucitado. 

Antífona de comunión
Col 3, 1-2

Puesto que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; pongan todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Escúchanos, Dios todopoderoso, y, ya que colmaste los corazones de tus hijos con la gracia incomparable del bautismo, prepáranos para alcanzar la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Jesús amado, la gente te seguía porque descubría en ti el amor de Dios; ayúdame para dejar que me transforme tu Espíritu Santo, para que puede llevar a los demás esa experiencia transformadora que nos hace criaturas nuevas.

Acción

En oración haré una lista de las cosas por las que tengo que dar gracias a Dios.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).