Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana I.
Color del día: Blanco.
Antífona de entrada
Cfr. Mt 25, 34
Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Aleluya.
Gloria
Gloria a Dios en el Cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo.Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; Tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; Tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; Tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros; porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor, sólo Tú Altísimo, Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre. Amén.
Oración colecta
Dios nuestro, que cada año nos inundas de alegría por la solemnidad de la resurrección del Señor, concédenos propicio que, por estas fiestas que celebramos en el tiempo, merezcamos llegar al gozo de la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Te doy lo que tengo: en nombre
de Jesús, levántate y anda
Lectura del libro de los
Hechos de los Apóstoles 3, 1-10
En aquellos días, Pedro y Juan subían al templo, a la oración de la hora nona, cuando vieron traer a cuestas a un lisiado de nacimiento. Solían colocarlo todos los días en la puerta del templo llamada «Hermosa», para que pidiera limosna a los que entraban. Al ver entrar en el templo a Pedro y a Juan, les pidió limosna. Pedro, con Juan a su lado, se le quedó mirando y le dijo: «Míranos».
Clavó los ojos en ellos, esperando que le darían algo. Pero Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda».
Y agarrándolo de la mano derecha lo incorporó. Al instante se le fortalecieron los pies y los tobillos, se puso en pie de un salto, echó a andar y entró con ellos en el templo por su pie, dando brincos y alabando a Dios. Todo el pueblo lo vio andando y alabando a Dios, y, al caer en la cuenta de que era el mismo que pedía limosna sentado en la puerta Hermosa del templo, quedaron estupefactos y desconcertados ante lo que le había sucedido.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
El tiempo de la Pascua nos regresa a la frescura de la vida evangélica vivida por la primera comunidad, en donde lo sobrenatural era la cosa más natural, en donde los milagros eran el medio para que el mundo creyera en la resurrección y se adhiriera a la Iglesia.
Hoy en día la comunidad cristiana se asombra por una curación milagrosa, de que una persona tenga visiones o revelaciones de Dios; cuando esto, para una persona que vive en el Espíritu, puede ser la cosa más natural.
Esto no quiere decir que todas las visiones y milagros que la gente dice tener o que realiza tengan como fuente a Dios, sin embargo, no debería de extrañarnos que cosas como estas sucedan, ya que en medio de el mundo incrédulo en el que vivimos Dios continúa mostrando con poder.
Jesús había dicho a sus apóstoles: "Ustedes harán cosas más grandes que las que yo hice". Los signos y prodigios que Dios sigue realizando entre nosotros tienen como objetivo manifestarle al mundo que su Palabra es actual y verdadera, que Él continúa actuando en todos aquellos que se ofrecen a ser sus mensajeros, y tú puedes ser uno de ellos.
Salmo responsorial
Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9
R. Que se alegren los que buscan al Señor.
- Dad gracias al Señor, invocad su nombre, dad a conocer sus hazañas a los pueblos. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas. R.
- Gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. R.
- ¡Estirpe de Abrahán, su siervo; hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. R.
- Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones; de la alianza sellada con Abrahán, del juramento hecho a Isaac. R.
Aclamación antes del Evangelio
Sal 117, 24
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Este es el día que hizo el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.
EVANGELIO
Lo reconocieron al partir el pan
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 24, 13-35
Aquel mismo día, el primero de la semana, dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: – «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabe lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo: «¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió.
Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrará así en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él hizo simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
El Evangelio que acabamos de escuchar se trata acerca de los discípulos de Emaús, los cuales no habían perdido la fe en Dios, pero sí la esperanza en Jesús como lo habían entendido. Por eso se van decepcionados por el camino y van dejando Jerusalén.
De camino comentaban lo sucedido, pero interpretándolo todo mal. O sea, conocían los hechos, pero no su sentido. Luego Jesús se les acerca, camina con ellos, ellos no lo reconocen, y no porque esté oculto, sino porque el corazón de los discípulos estaba cerrado por la frustración.
Jesús no se impone, escucha atentamente, y luego les ayuda a entender las Escrituras y les hace ver que Él no fracasa en la cruz, sino que entra en su gloria pasando por ella. La fe no nace de negar el sufrimiento, sino de comprenderlo a la luz de Dios.
Y no es casual que el Catecismo nos señale que: ‘el relato de Emaús manifiesta la estructura misma de la celebración eucarística. Primero la explicación de las Escrituras y luego la fracción del pan’. Para los discípulos el reconocimiento les llega por el gesto eucarístico, ahí se les abren los ojos y reconocen a Jesús, pero desaparece.
Y es que Jesús ya sabe que no lo necesitan visible, porque su fe ha renacido y la consecuencia es inmediata: se regresan a Jerusalén. El mismo camino que antes era huida, ahora es misión. Y la noche no los detiene. Cuando uno se encuentra con el Resucitado, no puede quedarse donde estaba.
Y este Evangelio nos confronta con una pregunta directa ¿En qué momento estamos nosotros?, ¿caminamos con Jesús sin reconocerlo porque la realidad no salió como esperábamos? o dejamos que la Palabra y la Eucaristía reordenen nuestra manera de mirar. La Pascua no elimina las heridas, pero les da sentido. Y cuando el corazón arde, los pies vuelven al camino correcto.
Antífona de comunión
Cf. Lc 24, 35
Los discípulos reconocieron al Señor Jesús, al partir el pan. Aleluya.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te rogamos, Señor, que, purificados de nuestra antigua condición pecadora, la santa recepción del sacramento de tu Hijo nos transforme en nuevas creaturas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, te agradezco la oportunidad que me has dado de ser testigo de tu gran amor. Gracias, porque cuando yo estoy pidiendo limosna de bendiciones, de compañía, de amor, Tú me respondes de una manera asombrosa y mucho mayor de lo que pudiera pedir o pensar.
Acción
Este día buscaré a alguien necesitado y en el nombre de Jesús le daré algo que esté en mis manos ofrecerle.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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