Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 2 de junio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana IX - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cf. Sal 24, 16. 18

Mírame, oh, Dios, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido. Mira mis trabajos y mis penas, y pedona todos mis pecados, Dios mío.

Oración colecta

Oh, Dios, tu providencia nunca se equivoca en sus designios; te suplicamos con insistencia que apartes de nosotros todo mal y nos concedas todo lo que nos sea conveniente. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Esperamos unos cielos
nuevos y una tierra nueva

Lectura de la 2ª carta del apóstol
san Pedro 3, 12-15a. 17-18

Queridos hermanos:

¡Esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios! Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.

Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.

Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en paz con él, intachables e irreprochables y considerad que la paciencia de nuestro Señor es nuestra salvación.

Así, pues, queridos míos, ya que estáis prevenidos, estad en guardia para que no os arrastre el error de esa gente sin principios ni decaiga vuestra firmeza. Por el contrario, creced en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él la gloria ahora y hasta el día eterno. Amén.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Estas palabras del apóstol y Pastor de la Iglesia son una clara invitación a crecer en la gracia, en el conocimiento de Dios.

Es por ello necesario que se profundice en la Sagrada Escritura, dejándonos iluminar por la luz del Espíritu de manera que podamos saber lo que es bueno, lo que es santo, lo que le agrada a Dios.

Es tiempo de oración, que nos ayude a profundizar en el misterio de Dios y en el nuestro propio; tiempo, pues, para escuchar la dulce voz del Espíritu que nos atestigua que somos verdaderamente hijos de Dios y hermanos entre nosotros.

Dedica, pues, largos ratos para tu oración y para la lectura de las Santas Escrituras.

Salmo responsorial
Sal 89, 2. 3-4. 10. 14 y 16

R. Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
  • Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios. R.
  • Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán». Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R.
  • Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan. R.
  • Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Que tus siervos vean tu acción, y sus hijos tu gloria. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Ef 1, 17-18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama. R.

EVANGELIO
Dad al César lo que es del César
y a Dios lo que es de Dios

Lectura del santo Evangelio
según san Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, enviaron a Jesús unos fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta.

Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?»

Adivinando su hipocresía, les replicó: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea».

Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?».

Le contestaron: «Del César».

Les replicó: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».

Y se quedaron admirados.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Este pasaje del Evangelio nos muestra a un Jesús que no se deja atrapar por las trampas. La pregunta capciosa que le hacen sobre si es lícito pagar impuestos al César o no, podía hacerlo quedar mal con los judíos si decía que sí, o meterse en problemas con los romanos si decía que no.

Pero Jesús se da cuenta de la trampa y les responde: ‘al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. Pero ¿qué significa esto para nosotros o qué podemos aprender de esto hoy?

Para empezar, yo diría que por una parte es un llamado a recordarnos la importancia de ser honestos, de cumplir con nuestras obligaciones, de ocuparnos de pagar nuestros impuestos, respetar las leyes, evitar la corrupción y la mentira, algo que desafortunadamente se ha perdido hoy en nuestra sociedad. 

Porque ser un buen cristiano empieza por ser un ciudadano ejemplar y eso lo tenemos que tener bien claro y de eso debemos dar también un buen testimonio, siendo personas que se preocupen por construir una mejor sociedad. Por otro lado, debemos aprender también a reconocer y poner límites a las cosas que no son de Dios y que nos absorben o nos distraen. 

A veces el trabajo, el dinero o el éxito se vuelven nuestros dueños y está bien poner mucho empeño en el trabajo porque pues es lo que nos da dinero, pero debemos cuidar que el estrés y los excesos o la ambición no nos roben el tiempo de la familia o la paz interior, porque ese tiempo y esa paz le pertenecen a Dios. Por eso, ‘al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’. 

Hay que tener bien claro el valor de nuestra persona a los ojos de Dios. Cuando el mundo nos intenta decir que valemos más por lo que tenemos o producimos, recuerda que eso no es lo más importante, porque tú le perteneces a Dios, tu valor no te lo da una cuenta de banco ni un puesto en una empresa, sino el hecho de ser hijo de Dios. 

El Papa Francisco dijo algo que nos ayuda a aterrizar muy bien esto, dar a Dios lo que es de Dios significa reconocer que nosotros mismos somos su imagen y que a Él debemos regresarle nuestra existencia y nuestro amor. Lo que Dios nos enseña con esto es que nuestra fe no nos saca del mundo, sino que nos enseña a vivir en él con responsabilidad. 

Nos dice que tenemos compromisos aquí en la tierra, pero hay una parte de nosotros: nuestra dignidad, nuestro corazón, nuestra conciencia, que no le pertenece a ningún gobierno, a ninguna empresa y a ningún poder humano. Esa parte le pertenece solamente a Dios.

Debemos cumplir con nuestras obligaciones del día a día, sin olvidarnos de que nuestro corazón le pertenece a Dios. Se trata de vivir en el mundo, pero sin dejar que el mundo nos quite nuestra esencia. 

Antífona de comunión
Sal 16, 6

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Guíanos, Señor, con tu Espíritu, a los que alimentas con el Cuerpo y la Sangre de tu hijo para que, alabándote no solo de palabra y con los labios, sino con las obras y el corazón, merezcamos entrar en los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, espero ansiosamente tu advenimiento, te pido que con tu gracia pueda ir creciendo cada día en entrega y santidad, y apoyándome en esa esperanza, me comprometo a poner todo mi empeño en que me halles en paz contigo, sin mancha ni reproche, pues considero que tu magnanimidad es mi salvación.

Acción

Este día repetiré constantemente: "Ven Pronto, Señor Jesús", con el fin de hacerme mucho más consciente de que mi encuentro con Jesús será tan rápido como un relámpago.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).