Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Domingo, 26 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XVII.
   Color del día: Verde.  

Fiesta pastoral y devocional:


Antífona de entrada
Cf. Eclo 44, 1.25

Dios habita en su santuario; él nos hace habitar juntos en su casa; es la fuerza y el poder de su pueblo


Oración colecta

Señor Dios, protector de los que en ti confían, sin ti, nada es fuerte, ni santo; multiplica sobre nosotros tu misericordia para que, bajo tu dirección, de tal modo nos sirvamos ahora de los bienes pasajeros, que nuestro corazón esté puesto en los bienes eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Pediste para ti inteligencia

Lectura del primer libro
de los Reyes 3, 5. 7-12

En aquellos días, el Señor se apareció de noche en sueños a Salomón y le dijo: «Pídeme lo que deseas que te dé».

Salomón respondió:

«Señor mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David, mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?».

Agradó al Señor esta súplica de Salomón.

Entonces le dijo Dios:

«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues, un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes de ti ni surgiera otro igual después de ti».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En perspectiva histórica, el reinado de Salomón ciertamente da mucho de qué hablar y hasta podríamos decir que quedó debiendo.

Aunque el pueblo lo idealizó presentándolo como un rey sabio y gran sucesor de David, también son muchos los momentos oscuros de su vida. Siendo rey, oprimió al pueblo con fuertes impuestos para obtener grandes sumas de dinero con las que pudo llevar a cabo sus empresas militares y grandes construcciones.

A primera vista, no es un modelo de rey; no obstante, pese a todos sus fallos, el autor del libro de los Reyes le atribuye un papel muy importante en la historia del pueblo, con el propósito de resaltar la fidelidad divina a las promesas dinásticas que un día el Señor hizo a David.

Ahora bien, en medio de todo resalta su prudencia para gobernar, teniendo en cuenta que gobernar es un servicio en favor del pueblo, unido a un corazón sabio que implica capacidad de escucha para captar la compleja realidad.

Para reflexionar: ¿Pido al Señor sabiduría para saber tomar decisiones en mi vida? ¿Me dejo guiar por el Señor?

ORACIÓN: Señor, que tu Palabra sea lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero; que, iluminados por ella, nunca nos desviemos de tus decretos. Amén.

Salmo responsorial
Sal 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130

R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!
  • Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. R.
  • Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y tu ley será mi delicia. R.
  • Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira. R.
  • Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes. R.

SEGUNDA LECTURA
Nos predestinó a reproducir
la imagen de su Hijo

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Hermanos:

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los cuales ha llamado conforme a su designio.

Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.

Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Segunda Lectura

El cristiano puede llamar a Dios Padre gracias al Espíritu, de tal modo que no es un huérfano: el amor de un Padre, que es Dios, lo cuida. Pablo enumera los diversos pasos de este amor. No se trata de una predilección exclusiva en orden a la salvación final; es decir, Pablo no afirma que solo los cristianos vayan a salvarse porque únicamente ellos son los elegidos de Dios.

Esta es la vocación del cristiano: dar vida a una comunidad de hermanos en la que Jesús es el primogénito. Esta es la predestinación de la que habla Pablo. A esto nos ha llamado Dios y para esto nos ha justificado. Para Pablo, la justificación es liberación del pecado y creación de una nueva forma de existencia.

El creyente está seguro de que nada podrá alejarnos de Cristo, que tanto nos ama. La fe siempre es fuente de alegría íntima y, en una sociedad marcada por la inestabilidad, saber que alguien nos sostiene es fuente de estabilidad y certeza que brota de la fe.

Para reflexionar: ¿Hago una lectura salvífica de mi historia? ¿Todo cuanto realizo lo coloco en las manos del Señor?

ORACIÓN: Señor, sabemos que todo contribuye para nuestro bien; por ello, danos la gracia de permanecer siempre unidos a ti. Amén.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

EVANGELIO
Vende todo lo que tiene
y compra el campo

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?»

Ellos le contestaron: «Sí».

Él les dijo: «Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Muchos hoy no saben por qué ni para qué viven, anclados en una sociedad insatisfecha por el mercado y la competencia. Desde esa perspectiva, el Evangelio de hoy nos habla del tesoro escondido: la importancia de satisfacer el sentido de búsqueda de todo hombre. Se trata de un tesoro que vale más que todo lo que lo rodea, un tesoro que salva la vida, dándole una causa para vivir y para morir.

En tiempos de inestabilidad política o guerra, muchas personas escondían riquezas para protegerlas del robo. Así, después de la toma de Jerusalén por Tito, los soldados romanos ocupaban su tiempo libre en desenterrar estos tesoros y, cuando encontraban alguno, compraban el terreno para actuar conforme a la legislación.

Bajo esa lógica se desenvuelve el personaje de la parábola, cuyo objetivo didáctico radica en mostrar que quien comprende lo que Dios le tiene preparado en su Reino hace todo cuanto puede para conseguirlo.

La parábola de la perla forma unidad con la del tesoro. Además de subrayar el valor del Reino en la misma dirección, resalta su belleza. A diferencia de la primera parábola, en la que el tesoro se encuentra por casualidad, aquí se trata de un comerciante de perlas que, aunque acostumbrado a tratar con ellas, nunca había encontrado una tan bella y valiosa.

Por eso, sin dudar, vende todo el inventario de su tienda para adquirirla, sabiendo por experiencia que esa perla recompensará la inversión. Así, el corazón del hombre permanece intranquilo hasta que la encuentra, porque ningún precio es demasiado alto en comparación con la alegría que produce la salvación.

Por último, la parábola de la red nos conduce a la orilla del lago de Genesaret. El evangelista presenta cómo, cuando los pescadores llegan a tierra, separan los peces: los que se pueden aprovechar y los que no tienen valor.

De este modo, ser hijo de Dios se convierte en el centro de la vida, y todo el quehacer queda determinado por esa gran alegría que sobrepasa cualquier cosa. Porque solo quien ha hallado a Cristo ha hallado la verdadera alegría, que alcanzará su plenitud en la vida eterna.

Para reflexionar: ¿Es del Señor mi gran tesoro? ¿Tomo decisiones sabias, capaz de darlo todo por el Reino de Dios?

ORACIÓN: Señor, concédenos la luz de tu Espíritu para establecer una escala de valores en la que todo quede subordinado al valor de la aceptación de tu Reino, y así podamos alcanzar la eterna felicidad. Amén.


Antífona de comunión
Cf. Sal 23, 5

Bendice, alma mía, al Señor, y no te olvides de sus beneficios.


Oración después de la comunión

Habiendo recibido, Señor, el sacramento celestial, memorial perpetuo de la pasión de tu Hijo, concédenos que este don, que él mismo nos dio con tan inefable amor, nos aproveche para nuestra salvación eterna. Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Síntesis

En continuidad con la liturgia del domingo anterior, cuando pedíamos al Señor que multiplicara los dones de su gracia para perseverar en el cumplimiento de sus mandatos, y en sintonía con las parábolas del Reino, se nos presenta como eje central la certeza de que sin el Señor nada es fuerte ni santo.

Al entrar en la dinámica de la liturgia de este domingo, somos invitados a disponernos a descubrir el valor fundamental de los bienes eternos, para que, participando de su entrega, seamos capaces de entregarnos como Él.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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