Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 14 de julio de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XV - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada

En tu voluntad, Señor, está puesto el universo, y no hay quien pueda resistirse a ella. Tú hiciste todo, el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento; tú eres Señor del universo.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno, que en la superabundancia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Si no creéis no subsistiréis.

Lectura del libro de Isaías 7, 1-9

Cuando reinaba en Judá Acaz, hijo de Jotán, hijo de Ozías, subieron a atacar Jerusalén Rasín, rey de Siria, y Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, pero no lograron conquistarla.

Se lo comunicaron a la casa de David: «Los arameos han acampado en Efraín», y se agitó su corazón y el corazón del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento.

Entonces el Señor dijo a Isaías:

«Ve al encuentro de Ajaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la alberca de arriba, junto a la calzada del campo del batanero, y dile: “Conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca ante esos dos restos de tizones humeantes: la ira ardiente de Rasín y Siria, y del hijo de Romelías. Porque, aunque Siri y Efraín y el hijo de Romelías tramen tu ruina, diciendo:

‘Marchemos contra Judá, aterroricémosla, entremos en ella y pongamos como rey al hijo de Tabeel’, así ha dicho el Señor: ‘Ni ocurrirá ni se cumplirá: Damasco es capital de Siria, y a la cabeza de Damasco está Rasín. (Dentro de sesenta y cinco años, Efraín, destruido, dejará de ser un pueblo). Samaria es capital de Efraín, y a la cabeza de Samaría está el hijo de Romelías. Si no creéis, no subsistiréis’”».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

El rey de Israel se encuentra en un dilema: ¿con quién aliarse? Con Asiria que es el más fuerte o con sus vecinos que quieren ir contra Asiria. El Señor le dice: "no te alíes con ninguno, confía en mi".

Sin embargo, qué difícil es confiar en el Señor cuando vemos que se reúnen en torno a la ciudad todos sus enemigos y buscan su ruina. Qué difícil es no andar en busca del aliado potente (humanamente) para hacerle frente a los que buscan nuestra destrucción.

Sin embargo, el Señor profetizó que sus enemigos perecerían y desaparecerían totalmente y así fue.

En nuestros días, corremos también con este tipo de tentaciones: cuando sentimos que se ve amenazada nuestra economía, nuestra estabilidad familiar; no es fácil rechazar un negocio ilícito, una suma de dinero que es producto de la corrupción, ingresar en "negocios fáciles", cuando la economía del hogar se ve seriamente dañada y pensamos que si no entramos en este camino, no podremos sacar adelante a la familia.

Es en estas situaciones en las que, como el rey Ajaz, debemos tomar partido por Dios y creer que verdaderamente él proveerá; que, como dice Jesús en el Evangelio, valemos más que los pájaros, que el único lugar seguro será siempre estar junto a él.

No te amedrentes ante las situaciones difíciles de la vida. Dios es tu refugio y fortaleza, él será siempre la defensa de tu familia, de tu casa, de tu propia vida.

Salmo responsorial
Sal 47, 2-3a. 3b-4. 5-6. 7-8

R. Dios ha fundado su ciudad para siempre.
  • Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo, altura hermosa, alegría de toda la tierra. R.
  • El monte Sión, confín del cielo, ciudad del gran rey; entre sus palacios, Dios descuella como un alcázar. R.
  • Mirad: los reyes se aliaron para atacarla juntos; pero, al verla, quedaron aterrados y huyeron despavoridos. R.
  • Allí los agarró un temblor y dolores como de parto; como un viento del desierto, que destroza las naves de Tarsis. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 94, 8a. 7d

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. R.

EVANGELIO
El día del juicio le será más llevadero a
Tiro y Sidón y a Sodoma que a vosotras

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 11, 20-24

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido:

«¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.

Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.

Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Este pasaje del Evangelio nos muestra un momento doloroso para Jesús, es un llamado de atención directo y firme de Jesús a los lugares y las personas que habían visto sus milagros: Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm, el pueblo donde vivió.

A pesar de haber visto su poder y su amor de cerca, no lo habían descubierto, no se habían convertido, es decir, no habían querido cambiar su forma de pensar ni de vivir. A simple vista, este reclamo de Jesús puede sonar como un regaño, pero en el fondo es el lamento de un Dios que nos ama profundamente y se siente rechazado. Nos advierte sobre un peligro muy real en el que todos podemos caer: la indiferencia y la costumbre. 

El mayor enemigo de nuestro crecimiento espiritual es la normalidad y la indiferencia, quedarnos en nuestra zona de confort.

Los habitantes de esos lugares se acostumbraron a ver pasar a Jesús, a sus milagros y a sus palabras. Lo vieron y lo oyeron, pero se quedaron igual, sus corazones se volvieron duros y cómodos; escuchaban el mensaje como quien oye un ruido, sin dejar que la Palabra de Dios tocara sus vidas, sus familias o sus negocios, sin escuchar. 

Esto nos recuerda que recibir mucho implica también una mayor responsabilidad. A nosotros se nos ha dado mucho: tenemos acceso a la Palabra de Dios, a los Sacramentos, a una comunidad, y seguramente hemos experimentado su mano y su ayuda en más de una ocasión. El peligro es que nos pase lo mismo que a Cafarnaúm, que nos acostumbremos a las bendiciones de Dios y sigamos viviendo con el corazón apagado, egoísta o indiferente ante los demás.

San Alfonso María de Ligorio, doctor de la Iglesia, explicaba que el amor de Dios es permanente, que no debemos dejar pasar las oportunidades que nos da para mejorar. San Alfonso decía que cada buena intención, cada remordimiento de conciencia y cada momento de oración son visitas de Dios a nuestra alma. Si las dejamos pasar por la indiferencia, el corazón se va endureciendo poco a poco, casi sin darnos cuenta, hasta que nos volvemos sordos a su voz. 

Convertirse no significa hacer cosas extraordinarias de la noche a la mañana, significa dejarse tocar por el amor de Dios y estar dispuestos a cambiar lo que sabemos que no está bien en nuestra vida. Es un constante examen de conciencia para descubrir aquello en lo que estamos fallando, de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra. 

Hoy, al final del día o al encontrarnos en un momento de tranquilidad, hagamos una breve pausa de silencio, elevemos el pensamiento a Dios y pidámosle con sencillez que cure la ceguera de nuestra rutina y la frialdad que pueda haber en nuestro corazón. Que nos conceda la gracia de valorar el amor con el que Él se ha manifestado en cada momento de nuestra vida y que podamos decidirnos a avanzar en la continua búsqueda de la santidad a la que Él nos ha llamado.

Antífona de comunión

Bueno es el Señor con los que en él confían, con aquellos que lo buscan.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Dios omnipotente, saciados con este alimento y bebida celestiales, concédenos ser transformados en aquel a quien hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Tú, Señor, eres mi escudo, eres quien levanta mi rostro frente a mis adversarios y me da la victoria; tú, Señor, eres mi victoria y el que marcha al frente de la batalla. No temo ningún mal, aunque esté rodeado de dificultades y situaciones problemáticas que parecieran un ejército acampado contra mí; pues tú estás conmigo y tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Acción

Hoy decido nunca más tomar el camino más fácil y transitado, nunca más tomaré el camino del más fuerte humanamente, nunca más tomaré el camino de la mayoría. Desde hoy, decido tomar el camino de la confianza en el Señor del cielo y de la tierra; el camino de la confianza absoluta en Jesús.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).