Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Jueves, 20 de agosto de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XX.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada

El Señor colmó a san Bernardo de espíritu de inteligencia: él sirvió al pueblo de Dios con abundante doctrina.

Oración colecta

Oh, Dios, tú hiciste del abad san Bernardo, inflamado por el celo de tu casa, una lámpara ardiente y luminosa en tu Iglesia, concédenos, por su intercesión, participar de su ferviente espíritu y caminar siempre como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Os daré un corazón nuevo
y os infundiré mi espíritu

Lectura de la profecía de
Ezequiel 36, 23-28

Esto dice el Señor: «Manifestaré la santidad de mi gran nombre, profanado entre los gentiles, porque vosotros lo habéis profanado en medio de ellos.

Reconocerán las naciones que yo soy el Señor – oráculo del Señor Dios -, cuando por medio de vosotros les haga ver mi santidad.

Os recogeré de entre las naciones, os reuniré de todos los países, y os llevaré a vuestra tierra.

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos. Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.

Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

En este pasaje del profeta Ezequiel encontramos una de las promesas más hermosas y profundas del Antiguo Testamento hecha a su Pueblo: "Yo les daré un corazón nuevo y les infundiré mi Espíritu". Hermanos, esta promesa es ya una realidad en todos nosotros que por la gracia del Bautismo hemos recibido el don del Espíritu Santo, que hace que nuestro corazón sea de carne y no de piedra.

Es a través del Espíritu divino que el hombre puede tener verdadera vida y amar. El Espíritu Santo es el impulsor de toda nuestra vida en el amor, en la esperanza, en la fe. Sin embargo, algo que no está dicho directamente por el profeta es que este Espíritu, debe ser cultivado y cuidado, ya que como ser vivo, necesita de alimento para poder estar sano y crecer.

Si hoy vivimos en una sociedad en donde hay poco amor, en donde la fe no da para más que "creer" en un Dios lejano y vivir sin esperanza, es porque no hemos sabido cultivar este don.

Hoy son pocas las personas que rezan, que comulgan con frecuencia, que se dejan guiar en la vida a través de la Palabra de Dios; en fin, son pocas las personas que realmente dejan que este Espíritu crezca y se desarrolle en ellos. Sin la oración, sin la vida de la gracia el corazón se endurece.

Somos el pueblo de Dios y El tiene preparado, como dice san Pablo, cosas maravillosas que ni siquiera podemos imaginar. No desaprovechemos el haber nacido en este tiempo en que las promesas se han cumplido. Disfrutemos de todas y cada una de ellas viviendo en verdad como Pueblo de Dios.

Salmo responsorial
Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19

R. Derramaré sobre vosotros
un agua pura que os purificará
de todas vuestras inmundicias.
  • Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R.
  • Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. R.
  • Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. El sacrificio agradable a Dios es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú, oh, Dios, tú no lo desprecias. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 94, 8a. 7d

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. R.

EVANGELIO
A todos los que encontréis,
llamadlos a la boda

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de boda?”.

El otro no abrió la boca.

Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El Rey, lleno de amor y misericordia dispone todo para la boda de su hijo, tiene el banquete preparado, y envía mensajeros de manera personal para invitar a sus elegidos a la boda, resulta que los invitados no están interesados, no importa que sea el Rey el que los está invitando.

Realmente me pregunto, si un Rey nos invitara a la boda de su hijo ¿qué diríamos? ¿la pensaríamos? Si tuviéramos otro compromiso ¿haríamos algo para cambiar ese compromiso y poder asistir a esta invitación? ¡Es la boda del hijo del Rey! Yo me imagino que aunque no me cayera bien el Rey, solo por estar y no perderme de ese evento tan importante, diría que sí.   

Y sin embargo, estos primeros invitados dijeron que no, pensaron que había otras cosas más importantes qué hacer que responder a este llamado del Rey, incluso describe que se fueron al campo y al trabajo, pues quién sabe qué tan importante sería que estuvieran ahí. ¿Y de los demás? Bueno, ni hablamos, ante esta invitación responder insultando y matando a los mensajeros ¿pues en qué estaban pensando?

Es muy fácil juzgar la respuesta de estos invitados, ingratos, faltos de caridad, hasta asesinos, y todo por no responder al llamado que recibieron. Lo mismo nos pasa a nosotros, el llamado ya lo conocemos, incluso hemos respondido que sí, pero a la mera hora, no vamos, o vamos, pero no estamos.

También nos podemos identificar con el invitado que es cuestionado al final por el Rey por haber entrado sin ponerse  el traje de fiesta, algo que se podría ver como algo injusto, sin embargo, el Rey les proporcionaba la vestidura, así como el Señor nos proporciona la gracia para acudir al banquete y disfrutar del Reino, pero no nos lo queremos poner, yo me quisiera imaginar que incluso si hubiera suplicado misericordia, lo hubiera acogido, pero no, guardó silencio, así como nosotros batallamos para abrir nuestro corazón y que el Padre nos revista de una vida nueva.

San Juan Pablo II reflexionaba en una homilía al respecto, hablando de la responsabilidad no solo de quien rechaza la invitación sino también de quienes pretenden participar en la fiesta sin ponerse en las condiciones requeridas para ser dignos; así será para quien se profese seguidor de Cristo y miembro de la Iglesia sin procurarse el traje de boda de la gracia que genera fe, esperanza y caridad, el traje interior que Dios mismo entrega.

La invitación está hecha, el futuro depende de la decisión de cada quien. Hoy es el día para meditar qué me falta para responder con generosidad a la invitación para la boda.

Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 9

Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, dice el Señor; permaneced en mi amor.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

El alimento que hemos recibido, Señor, en la celebración de san Bernardo, produzca en nosotros su fruto, para que, instruidos por su doctrina y confortados por su ejemplo, nos dejemos arrebatador por el amor de tu Verbo encarnado. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración

Señor Dios, tú que nos has dado el Espíritu Santo, agua viva que nos sacia la sed de Ti y de tu Palabra, ayúdanos a ser dóciles a sus inspiraciones y a escucharlo en todo momento, para que nuestra fidelidad a Ti nos consiga la vida eterna que nos has dado con la muerte y resurrección de tu Hijo amado Jesucristo. Amén

Acción

El día de hoy escucharé al Espíritu Santo que me pide ser dócil a Dios en todo momento al relacionarme con mis hermanos.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).