Detalle del retablo de la capilla de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Complutense de Madrid. | Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa
2 de octubre de 2026
Por Nicolás de Cárdenas | ACI Prensa
El fraile capuchino Víctor Herrero impartió una conferencia sobre San Francisco de Asís en la que aportó 9 claves para comprender mejor su vida y obra en el marco de su jubileo.
La conferencia tuvo lugar en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de la Universidad Complutense de Madrid (España), en el marco de los los actos de inauguración del curso y de celebración de su patrón, el pobre de Asís.
El evento se enmarca además en el jubileo por los 800 años de su muerte, el 3 de octubre de 1226.
1. Un hombre de transformaciones profundas
Más allá de la historiografía y la biografía cronológica del santo italiano, el capuchino destacó que se trata de “un hombre de transformaciones profundas”.
En concreto, destacó que “la clave de Sol de la biografía de Francisco” se encuentra en que pasó de concebir la vida “como un derecho y, por lo tanto, como una conquista” a asumirla “como un don”.
2. Educado en el arribismo y la competición
El padre de San Francisco, comerciante textil, puso en su hijo todas las expectativas para que se convirtiera en un hombre importante.
Desde esa premisa, “Francisco nace, crece y es educado bajo esa perspectiva de arribismo y de competición” en la que “para ser yo alguien tengo que hacer que tú no seas más que yo”. No fue mal encaminado hacia ese objetivo, pues fue nombrado “rey de la juventud de Asís”, algo así como “la celebrity más votada”, explicó el fraile capuchino.
Vía San Francesco y la Basílica Superior de San Francisco de Asís al atardecer. Turistas visitan el centro histórico. Crédito: Alessandro Tortora/Shutterstock en ACI Prensa
3. Un “niño bien” reducido a “la nada” como prisionero
Al estallar la guerra entre Asís y Perugia, el joven Francisco fue a combatir, “a matar y que no lo maten” y cayó preso, situación que se alargó durante un año, hasta que se negoció su rescate. En ese tiempo, el que había sido educado para el éxito se ve “reducido a la nada: Un cautivo, un enfermo, uno más entre las carnes mugrientas que están allí, esperando que los suyos paguen su liberación”, dijo.
A pesar de que “hay un gran silencio sobre qué pasa en el corazón de Francisco ese año”, se puede deducir que estamos ante “un niño bien reducido a vivir sin salud y sin higiene; un hombre lanzado al mundo encerrado en cuatro paredes”.
4. Una crisis existencial y un doble encuentro fundamental
De ahí nace una gran “crisis existencial” que le lleva a vivir como vagabundo, extramuros de la ciudad, con un doble encuentro con los pobres y con Dios. Primero, “imantado por el rostro de los pobres, de los leprosos, de los marginados, de los descartados del mundo y de la historia, de aquellos que no son nada ni nadie”.
Y, en segundo lugar, al descubrir el crucifijo tirado por los suelos en la ermita de San Damián, “se encuentra con un Cristo tan pobre como los pobres que viven fuera de la ciudad, tan destruido como las vidas de esas personas. Un Cristo distinto, un Cristo inerme, un Cristo sin poder”, precisó Fray Víctor Herrero.
Este doble encuentro fue “fundamental para la transformación interna de Francisco”.
5. La vocación de convertirse en “pobre y hermano”
Adentrándose cada vez más de forma paulatina en esta senda, Francisco de Asís descubrió la vocación de convertirse en “pobre y hermano”. Al principio se trata de una aventura solitaria en la que vive como “una especie de vagabundo que yerra de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, mendigando y ofreciendo sus servicios manuales y hablando torpemente del Evangelio de Jesús”, señaló.
Después, se convierte en una “aventura fraterna” cuando se le unen algunos pocos viejos amigos de su juventud, junto a los que se dirige a Roma para pedir permiso al Papa para que apruebe su forma de vida, una cuestión que, en tiempos de herejías y sectas, preocupada mucho al santo.
“Quiere ser miembro de la Iglesia, no quiere ser una Iglesia paralela, no quiere fundar una Iglesia de puros ni de limpios, porque eso tiene bien claro Francisco que no lo es”, dijo el fraile.
La Basílica Superior de San Francisco de Asís (© Amata J. Nowaszewska CSFN) en Vatican News
6. La complicación por el éxito
Así, Francisco y sus amigos inician su vida pobre y fraterna bendecida por la Iglesia con una sencilla regla: “Vivir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo”, señaló. Sin embargo, esto no será suficiente muy pronto, por el gran éxito que experimenta la nueva orden, que se extiende por Europa y el norte de África muy rápido.
Ya no son 5, ni 50, sino 20.000. Y un grupo humano de ese tamaño no se gobierna con una frase evangélica, pues surge una gran pregunta: “¿Es realmente posible vivir la radicalidad evangélica que Francisco quiere vivir?”, apuntó.
Así, tuvo que desarrollarse una regla más extensa y concreta.
7. El pobre que poseyó un monte
Para comprender el modo en que San Francisco entendía la pobreza, Fray Víctor Herrero animó a contemplar cómo aceptó la donación del monte Alvernia por parte del Conde Orlando, sin entrar en contradicción.
“Francisco ha comprendido que luchar por poseer algo es el origen de todos los problemas que suceden en el mundo”. Sin embargo, "poseer un monte es bello cuando no le pones cercas, sigue siendo la casa de los conejos y de los ciervos, de los jabalíes y de los gamos, y cuando cualquiera puede entrar”. En resumen, “poseer lo que nunca se posee. Recibir como propio lo que ya es propio”.
8. Fraternidad: Cristo nos convierte a todos en hermanos
“Francisco comprendió que la humanidad no es un asunto biológico”, al menos no sólo, sino, sobre todo, “un asunto espiritual” porque “podemos vivir biológicamente como seres humanos, pero vivir realmente como depredadores de los humanos”. Para el santo de Asís, la fraternidad no es algo que se pueda elegir, porque “sin unidad no hay humanidad”, de tal forma que "si no se activa, se anquilosa, se degrada”, dijo el fraile.
Además, la fraternidad “no solamente es una aceptación, sino una gozosa celebración” de la diferencia y, al mismo tiempo, “no es una idealización, sino “la única luz que permite descubrir en el otro la posibilidad que el otro tiene de ser realmente el otro”, lo que exige, añadió, “un optimismo antropológico invencible”.
9. “Todo amando todo”: universalidad sin politeísmo
Otro rasgo de la espiritualidad franciscana es el de la universalidad, expresada de forma sublime en su poesía, como en el Cántico Espiritual, donde llama hermano, hermana, a todas las criaturas donde está “todo amando todo, todo llamando infinitamente al encuentro con todo”, explicó Fray Víctor quien alertó:
“Aquí no hay politeísmo ni cosas raras. Es Francisco que, mirando a Dios, al único Dios, descubre a Dios entregándose en todo lo que existe, trascendiendo lo que existe, pero celebrando lo que existe”.
Esto refleja "una profunda y muy vivida comprensión de que Cristo, de que Cristo, con su vida de Hijo, nos convierte a todos y a todo, con todo en hermanos”.
Tumba de San Francisco de Asís. | Crédito: Oficina de Prensa del Sagrado Convento en ACI Prensa
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