Lecturas de la Misa del día y su reflexión. Sábado, 31 de octubre de 2026.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXX - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Cfr. Jdt 13, 18-19

Bendita eres tú, Virgen María, por obra de Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra; porque tu nombre ha sido engrandecido para que la boca de los hombres no cese de alabarte.

Oración colecta

Al celebrar la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, te pedimos, Señor, por su intercesión, que también nosotros logremos recibir la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Para mí la vida es Cristo,
y el morir una ganancia

Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Filipenses 1, 18b-26

Hermanos:

De la manera que sea, con hipocresía o con sinceridad, se anuncia a Cristo, y yo me alegro; y seguiré alegrándome. Porque sé que esto será para mi bien, gracias a vuestras oraciones y a la ayuda del Espíritu de Jesucristo. Lo espero con impaciencia, porque en ningún caso me veré defraudado, al contrario, ahora, como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte.

Para mi la vida es Cristo, y el morir una ganancia. Pero, si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero, no sé qué escoger.

Me encuentro en este dilema: por un lado, deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero, por otro, quedarme en esta vida veo que es más necesario para vosotros. Convencido de esto, siento que me quedaré y estaré a vuestro lado, para vuestro progreso en la alegría y en la fe, de modo que el orgullo que en Cristo Jesús sentís rebose cuando me encuentre de nuevo entre vosotros.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 41, 2. 3. 5bcd

R. Mi alma tiene sed del Dios vivo.
  • Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. R.
  • Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
  • Cómo entraba en el recinto santo, cómo avanzaba hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta. R.

Aclamación antes del Evangelio
Mt 11, 29ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tomad mi yugo sobre vosotros – dice el Señor -, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. R.

EVANGELIO
Todo el que se enaltece será humillado,
y el que se humilla será enaltecido

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos le estaban espiando.

Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te diga: “Cédele el puesto a este”.

Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.

Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: “Amigo, sube más arriba”.

Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.

Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

A Jesús no le importa el qué dirán, ni las consecuencias de hablar con la verdad en donde esté, en medio de los fariseos habla con claridad sobre esta realidad, una que ha sido parte de la humanidad y que hoy, por medio de las redes sociales, se ha potenciado a niveles que no hubiéramos imaginado hace 20 años, el deseo del hombre de ser reconocido, de ser ensalzado, de sobresalir.

Al observar cómo todos los invitados a esa comida buscan el lugar más importante, estar cerca del lugar “donde va a estar la acción” o simplemente aparecer en primer plano para que los vean, Jesús les recuerda que lo verdaderamente importante para el Reino de los Cielos es la humildad y el servicio ofrecido por amor a los demás sin esperar algo a cambio. 

Aquí sí creo que  aplica lo que Jesús les dijo a los que querían apedrear a la mujer encontrada en adulterio, “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, todos hemos pasado por ahí de alguna u otra manera, incluso, en alguna ocasión hemos echado a perder una obra buena, que nació en nuestro corazón por una inspiración del Señor, pero que al final la tentación nos convence de que todo eso bueno que hicimos fue por nosotros mismos y ante los halagos de los demás, le robamos la gloria a Dios que nos permitió llevar a cabo tal acción. ¿No es cierto?

San Juan Pablo II reflexiona sobre este pasaje “Jesús nos invita a que nos conformemos con poco, que no busquemos la ostentación de las apariencias, sino la realidad del ser. Ante Dios, no somos nada; e incluso ante los hombres, somos muy poco; de hecho, nos volvemos ridículos, incluso lamentables, si adoptamos posturas y actitudes de autosuficiencia y vanagloria.”

Desafortunadamente nos gusta que los demás vean que somos buenos, que hicimos algo bien, solo un corazón que realmente se ha puesto en las manos del Señor, un corazón que puede ver la mano de Dios en todo lo que hace, es capaz de renunciar a ello y decir “todo esto que ustedes ven, ha sucedido para Gloria de Dios y por su gracia”.

Hagámosle caso al Señor que de muchas maneras nos insiste en que reconozcamos nuestra pequeñez y que no esperemos retribución en esta tierra por las cosas buenas que hagamos, sino que esperemos al día en que seamos llamados a su presencia para que sea Él quien las reconozca y sepa que las hemos hecho en su nombre. Cada cosa buena que hagas hoy, ofrécela de todo corazón al Señor y dale gracias por ella.

Antífona de comunión
Cfr. Lc 1, 48

Me llamarán dichosa todas las generaciones, porque Dios puso sus ojos en la humildad de su esclava

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados por este celestial banquete, te rogamos humildemente, Señor, que nos concedas confesar de palabra y con las obras a tu Hijo, nacido de la Virgen Madre. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).