Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIX - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Cfr. Sir 36, 18-19
Concede, Señor, la paz a quienes en ti esperan; escucha las oraciones de tus hijos y guíanos por el camino de la justicia.
Oración colecta
Señor Dios, que cuidas de todos con amor paterno, concede, benigno, que los hombres, a quienes diste un mismo origen, no sólo formen en la paz una sola familia, sino también vivan siempre unidos con espíritu fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo…
PRIMERA LECTURA
Nos ha hecho revivir con Cristo
y nos ha sentado en el cielo con él
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios 2, 1-10
Hermanos:
Un tiempo estabais muertos por vuestros culpas y pecados, cuando seguíais el proceder de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios. Como ellos, también nosotros vivíamos en el pasado siguiendo las tendencias de la carne, obedeciendo los impulsos del instinto y de la imaginación; y, por naturaleza, estábamos destinados a la ira, como los demás.
Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo – estáis salvados por pura gracia -, nos ha resucitado con Cristo Jesús, nos ha sentado en el cielo con él, para revelar en los tiempos venideros la inmensa riqueza de su gracia, mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
En efecto, por gracia estáis salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que de antemano dispuso él que practicásemos.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Si bien es cierto que desde el momento del bautismo hemos sido adoptados por Dios como verdaderos hijos en Cristo, es necesario que nuestra vida se pueda dividir en un antes y un después. En la primera comunidad al momento de ser bautizados se hacia una opción personal por el Evangelio, una aceptación total y definitiva por Cristo y su Evangelio, de manera que esto dividía la vida.
Esta es la razón por la cual san Pablo dice: "antes ustedes vivían de una manera desordenada sujetos a sus pasiones". Si verdaderamente queremos participar del sitio que Dios ha reservado para cada uno de nosotros en el cielo, y hacer de esta tierra el Reino de Dios, es necesario que hagamos del Evangelio nuestra norma de vida. Esto nos llevará a tener un estilo de vida distinto.
Por la acción del Espíritu Santo, la cual dejaremos en libertad, no estaremos más sujetos a las pasiones desordenadas y tendremos la libertad para vivir en el amor y la paz de Dios. Si aún no has tomado esta decisión, que es la más importante de tu vida, te invito a prepararte para ella y decidirte de una vez y para siempre por Cristo, por su Evangelio, por su estilo de vida, por sus proyectos, por su Cruz.
Salmo responsorial
Sal 99, 2. 3. 4. 5
R. El Señor nos hizo y somos suyos.
- Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores. R.
- Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
- Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.
- «El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades». R.
Aclamación antes del Evangelio
Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. R.
EVANGELIO
¿De quién será lo que has preparado?
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».
Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».
Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».
Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos, diciéndose: «¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha».
Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente».
Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a reclamar el alma, ¿de quién será lo que has preparado?»
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hermanos, el problema del hombre rico no fue tener una buena cosecha, el problema fue que, cuando recibió mucho, solamente pensó en sí mismo: ‘mis graneros, mis bienes, mi alma’. Su abundancia nunca se convirtió en acción de gracias ni en servicio. Jesús comienza diciendo: ‘Guárdense de toda clase de codicia, porque aunque uno tenga mucho, su vida no depende de sus bienes’.
San Basilio Magno, comentando esta parábola, cuestiona al rico: si tienes más de lo necesario, ¿por qué no compartirlo con quien necesita? Para Basilio los graneros pueden convertirse en la casa de los pobres.
Esta enseñanza hunde sus raíces en la tradición de Israel. La Ley pedía no cerrar la mano ante el hermano necesitado: ‘Abre tu mano a tu hermano, al pobre y al necesitado’; la riqueza, por tanto, nunca debía de romper la solidaridad del pueblo.
El Catecismo de la Iglesia Católica, al explicar el décimo mandamiento, enseña que éste prohíbe ‘la avaricia y el deseo de apropiación inmoderada de los bienes terrenos’. Y añade que Jesús llama a vivir el desprendimiento y la confianza en la Providencia.
Hoy Jesús mismo nos enseña que la vida no consiste en acumular, sino en recibir para entregar. Él mismo se hizo pobre por nosotros y entregó su vida. A veces también nosotros construimos pequeños graneros: una cuenta, una casa, un proyecto, incluso nuestros propios méritos. No está mal tenerlos, la pregunta es: ¿para quién los estoy construyendo?
Hoy voy a identificar algo que tengo en abundancia, material o espiritual, y compartirlo deliberadamente con alguien que lo necesite, porque Jesús no nos pide simplemente tener menos, sino ser ricos para poder realizar la obra de Dios.
Antífona de comunión
Jn 14, 27
La paz les dejo, mi paz les doy, dice el Señor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Concédenos, Señor, en abundancia, el espíritu de caridad, para que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Unigénito, fomentemos con eficacia entre todos la paz que él mismo nos dejó. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Padre Celestial, tu misericordia y amor son muy grandes; porque yo estaba muerto por mis pecados, y tú me diste la vida con Cristo y en Cristo. Por pura generosidad tuya he sido salvado. Con Cristo y en Cristo me has resucitado, y con él me has reservado un sitio en el cielo.
Acción
Hoy me repetiré constantemente: "He sido salvado por la gracia y el amor de mi Dios". Y veré en qué cosas de mi vida no estoy obrando como un salvado por Dios.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
