Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIX - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 16, 6. 8
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, haz que te presentemos una voluntad solícita y estable, y sirvamos a tu grandeza con sincero corazón. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Cristo es la cabeza, del cual todo
el cuerpo se procura el crecimiento
Lectura de la carta del apóstol
san Pablo a los Efesios 4, 7-16
Hermanos:
A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Por eso dice la Escritura: «Subió a lo alto llevando cautivos y dio dones a los hombres».
Decir «subió» supone que había bajado a lo profundo de la tierra; y el que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos para llenar el universo.
Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.
Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de sí mismo en el amor.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
San Pablo recuerda que cada miembro de la comunidad recibe un don particular según la medida de Cristo. Estos dones no son privilegios individuales, sino servicios para la edificación del cuerpo de Cristo.
La diversidad de ministerios —apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros— manifiesta la riqueza de la gracia y la complementariedad necesaria para el crecimiento de la Iglesia. La finalidad es clara: perfeccionar a los santos y conducirlos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios.
El apóstol insiste en que la madurez cristiana consiste en vivir la verdad en el amor, evitando ser arrastrados por doctrinas engañosas. Cristo es la cabeza que articula y sostiene todo el cuerpo, y cada miembro, actuando según su medida, contribuye al crecimiento común.
La vida eclesial, entonces, no se entiende sin comunión y sin responsabilidad compartida: la unidad se construye en la diversidad, y el amor es el principio que lo mantiene todo unido.
Salmo responsorial
Sal 121, 1-2. 4-5
R. Vamos alegres a la casa del Señor.
- ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.
- Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor. R.
- Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.
Aclamación antes del Evangelio
Ez 33, 11
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
No me complazco en la muerte del malvado – dice el Señor -, sino en que se convierta y viva. R.
EVANGELIO
Si no os convertís,
todos pereceréis lo mismo
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 13, 1-9
En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió:
«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho que murieron sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola: «Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador: «Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?
Pero el viñador respondió: «Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar»».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús responde a quienes interpretan las desgracias como castigos divinos, aclarando que no se trata de medir culpas, sino de reconocer la urgencia de la conversión.
Los sucesos trágicos no son señales de mayor pecado, sino advertencias de que todos necesitamos volver a Dios. La llamada es universal: nadie está exento de la necesidad de convertirse y dar fruto.
La parábola de la higuera muestra la paciencia y la misericordia de Dios, que concede tiempo y cuidados para que la vida dé fruto. Sin embargo, también subraya la responsabilidad: el tiempo de gracia no es infinito, y la falta de respuesta puede llevar a la pérdida.
La conversión es una oportunidad que debe aprovecharse ahora, con confianza en la misericordia y con compromiso en la vida concreta.
Antífona de comunión
Sal 32, 18-19
Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Señor, haz que nos sea provechosa la celebración de las realidades del cielo, para que nos auxilien los bienes temporales y seamos instruidos por los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
