¿Estás en el camino de la vida o de la mentira? pregunta el Papa Francisco


VATICANO, 25 Feb. 16 / 08:39 am (ACI).- Pese a tener una “leve indisposición”, el Papa Francisco presidió esta mañana la Misa en la capilla de la Casa Santa Marta y reflexionó sobre el pasaje bíblico del hombre rico que banqueteaba todos los días y el pobre Lázaro que, cubierto de llagas, esperaba a su puerta.

Este texto, señala el Papa, permite que al leerlo uno se pregunte “si yo soy un cristiano en el camino de la mentira, solamente del ‘decir’, o soy un cristiano en el camino de la vida, es decir, de las obras, del hacer”.

“¿Yo estoy en el camino de la vida o en el camino de la mentira? ¿Cuántas cerrazones tengo en mi corazón todavía? ¿Dónde está mi alegría: en el hacer o en el decir? ¿En el salir de mí mismo para ir al encuentro de los demás, para ayudar? ¡Las obras de misericordia, eh! ¿O mi alegría es tener todo arreglado, encerrado en mí mismo?”, cuestionó el Santo Padre.

El hombre rico, explicó el Papa, “era un hombre cerrado, encerrado en su pequeño mundo –el mundo de los banquetes, de los vestidos, de la vanidad, de los amigos– un hombre encerrado, precisamente en una burbuja, allí, de vanidad”.

No tenía capacidad de mirar más allá, solamente a su propio mundo. Y este hombre no se daba cuenta de lo que sucedía fuera de su mundo cerrado. No pensaba, por ejemplo, en las necesidades de tanta gente o a la necesidad de compañía de los enfermos, solamente pensaba en él, en sus riquezas, en su buena vida”.

Era un “religioso aparente, no conocía alguna periferia, estaba completamente cerrado en sí mismo. Precisamente la periferia, que estaba cerca de la puerta de su casa, no la conocía”.

El rico, dice Francisco según señala Radio Vaticano, recorría “el camino de la mentira, porque se confiaba solamente de sí mismo, de sus cosas, no se confiaba de Dios”.

El Pontífice explicó que el rico del Evangelio es “un hombre que no ha dejado herencia, no ha dejado vida, porque solamente estaba cerrado en sí mismo”. Es curioso que “había perdido el nombre. El Evangelio no dice cómo se llamaba, solamente dice que era un hombre rico, y cuando tu nombre es solamente un adjetivo es porque has perdido, has perdido sustancia, has perdido fuerza”.

“Este es rico, este es potente, este puede hacer de todo, este es un sacerdote en carrera, un obispo en carrera… Cuántas veces a nosotros nos sale nombrar a la gente con adjetivos, no con nombres, porque no tienen sustancia”.

El Papa se preguntó luego: “¿Dios que es Padre, no tuvo misericordia de este hombre? ¿No ha llamado a su corazón para moverlo? Pero sí, estaba en la puerta, estaba en la puerta en la persona de aquel Lázaro, que sí tenía nombre. Y aquel Lázaro con sus necesidades y sus miserias, sus enfermedades, era precisamente el Señor que llamaba a la puerta para que este hombre abriera su corazón y la misericordia pudiera entrar. Pero no, él no veía, solamente estaba cerrado: para él, más allá de la puerta, no había nada”.

Para concluir, el Santo Padre alentó a pedir “al Señor, mientras pensamos esto, sobre nuestra vida, la gracia de ver siempre a los ‘Lázaros’ que están en nuestra puerta, los ‘Lazaros’ que llaman al corazón, y salir de nosotros mismos con generosidad, con actitud de misericordia, para que la misericordia de Dios pueda entrar en nuestro corazón”.

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