Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones – Lunes 11 de noviembre de 2019.


Tiempo Litúrgico: Ordinario, Semana XXXII 
   Color del día: Blanco   

Memoria obligatoria:

Primera Lectura
Lectura del libro de la
Sabiduría (1, 1-7)
La sabiduría es un espíritu amigo
de los hombres. El Espíritu del
Señor llena toda la tierra.

Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen bien del Señor y con sencillez de corazón búsquenlo. El se deja hallar por los que no dudan de él y se manifiesta a los que en él confían.

Los pensamientos perversos apartan de Dios, y los insensatos, que quieren poner a prueba el poder divino, quedan en ridículo. La sabiduría no entra en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado. El santo espíritu, que nos educa, y huye de la hipocresía, se aleja de la insensatez y es rechazado por la injusticia.

La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no dejará sin castigo al que blasfema, porque Dios conoce lo más íntimo del alma, observa atentamente el corazón y escucha cuanto dice la lengua. El espíritu del Señor llena toda la tierra, le da consistencia al universo y sabe todo lo que el hombre dice.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este libro que veremos no se refiere a la sabiduría humana, la cual está relacionada con la inteligencia, sino al conocimiento interior que es producto de la acción de Dios en el corazón.

Por ello el término "Sabiduría", desde la visión del Nuevo Testamento puede referirse a Jesús como la Palabra de Dios, o bien al Espíritu Santo que instruye nuestros corazones con amor.

En estos primeros versículos, aunque dirigidos a los que gobiernan, puede aplicarse a todos: "Busquen al Señor", es decir busquen su Sabiduría. Uno de los grandes problemas por los que pasa actualmente nuestro mundo, es que éste es dirigido no con la Sabiduría de Dios, sino con la torpe inteligencia humana que la mayoría de las veces busca sólo el egoísmo. Sin embargo, el autor nos dice que "la sabiduría no entra en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado".

Hermanos, es necesario que purifiquemos nuestro ser, que renunciemos a la maldad, que nos arrepintamos sincera y profundamente de nuestras malas acciones y que nos abramos de corazón a Dios.

Deja, pues, que la sabiduría de Dios ilumine y gobierne tu corazón para que puedas experimentar su paz y su dulzura, y para que toda tu vida se convierta en fuente de luz para los demás.

Salmo responsorial
(Sal 138, 1-3. 4-6. 7-8. 9-10)
R/ Condúceme, Señor, por tu camino.
  • Tú me conoces, Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. R. 
  • Apenas la palabra está en mi boca y ya, Señor, te la sabes completa. Me envuelves por todas partes y tienes puesta sobre mí tu mano. Esta es una ciencia misteriosa para mí, tan sublime, que no la alcanzo. R, 
  • ¿A dónde iré yo lejos de ti? ¿Dónde escaparé de tu mirada? Si subo hasta el cielo, allí estás tú; si bajo al abismo, allí te encuentras. R. 
  • Si voy en alas de la aurora o me alejo hasta el extremo del mar, también allí tu mano me conduce y tu diestra me sostiene. R.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio
según san Lucas (17, 1-6)
Si tu hermano te ofende siete veces al
día, y siete veces viene a ti para decirte
que se arrepiente, perdónalo.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.

Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo”.

Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe”. El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y los obedecería”.

Reflexión sobre el Evangelio

Los apóstoles se dirigen a Jesús, tras seguir sus pasos de un lado a otro, tras escucharle día tras día, para hacerles una sabia petición: “Señor, auméntanos la fe”.

Ellos se dieron cuenta de que para seguirle necesitaban de un don insostenible por su propia voluntad, inabarcable sólo con sus propias fuerzas.

Pues si ellos, que le vieron hacer milagros, que le miraron a los ojos, que abrazaron al Dios hecho hombre, le imploraron que aumentase su fe, ¿qué haremos nosotros sino pedirle, día a día, que nos aumente la fe?

Si no lo pedimos con insistencia, a lo mejor tendríamos que preguntarnos que lugar ocupa la fe en la escala de valores de nuestra vida.

Un joven hospitalizado por una enfermedad terminal, recibió la visita de un amigo que, al despedirse le dijo: ¡Ten ánimo!, y el le contesto: no me digas “ten ánimo”. Dime “ten fe”. Por eso no nos cansemos en repetir esta suplica, sin duda la más importante que podemos hacer: ¡Señor, auméntanos la fe!

Como se preguntó una joven italiana en medio de los bombardeos de Trento en la Segunda Guerra Mundial, ¿Habrá algún ideal que ninguna bomba pueda destruir? Si, Dios, ¡Dios es el único ideal que ninguna bomba podrá destruir! Podrán quitarnos todo, y la vida. Pero no a Dios ni la fe en Él.

Y si nos preguntasen que cosa elegiríamos “no perder” en los últimos meses de nuestra vida terrenal, ¿qué diríamos? La salud, la comodidad, la mente despierta, la tranquilidad, la compañía…. ¿Y la fe? ¿Diríamos que lo último que querríamos perder es la fe?

Comentarista 7 | lunes, 11 noviembre 2019 | Comentario a las Lecturas Archidiócesis de Madrid

Oración

Padre lleno de bondad, que nos has dado a tu Hijo, fuente de Sabiduría y Palabra que da vida eterna, haz que le escuchemos atentamente de tal manera que, dóciles a su enseñanza y solícitos en su seguimiento, merezcamos habitar contigo en el cielo con todos los bienaventurados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Acción

Hoy dedicaré 15 minutos a meditar un pasaje del evangelio de Marcos.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón. 
Como María, todo por Jesús y para Jesús. 

Pbro. Ernesto María Caro 

Adaptado de: 
Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), Catholic.net, ACI Prensa 
Verificado en: 
Ordo Temporis Ciclo C - 2019, Conferencia Episcopal de Costa Rica

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