El Beato Álvaro del Portillo dedicó esta oración a la Virgen de Fátima

Beato Álvaro del Portillo reza en la capilla del Santuario de la Virgen de Fátima. | Crédito: Sitio web del Opus Dei.

12 de mayo de 2024
Por David Ramos | ACI Prensa

El Beato Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei y cuya fiesta la Iglesia Católica celebra hoy, visitó el 25 de enero de 1989 el Santuario de la Virgen de Fátima, en Portugal.

Cada 12 de mayo la Iglesia Católica celebra al Beato Álvaro del Portillo, fallecido en 1994 y beatificado en 2014, en una ceremonia que presidió el Cardenal Ángelo Amato, entonces prefecto de la Congregación —hoy Dicasterio— para las Causas de los Santos.

En su visita al Santuario de la Virgen de Fátima, el Beato Álvaro del Portullo pronunció en voz alta la siguiente oración, tal como recuerda el sitio web del Opus Dei:

Madre nuestra, tú acoges benigna las súplicas que los corazones de todo el mundo elevan, en la confianza de tu poderosa intercesión.

Sé que nos oyes siempre, pero aún así hemos venido desde Roma para decirte lo que ya sabes: que te amamos, pero queremos amarte más.

Ayúdanos a servir a la Iglesia como ella quiere ser servida: con todo el corazón, con entrega absoluta, con lealtad y fidelidad.

Es lo único que interesa, y es lo que vengo a pedirte, pensando en toda la Obra; que sirvamos cada vez mejor a la Iglesia Santa, dirigida por el Papa y por los Obispos en cada diócesis; que alcancemos a prestar más ayuda a todo el pueblo fiel.

Virgen Inmaculada, Madre del Amor hermoso: ya ves que el mundo se escapa de Jesús, que la familia cristiana se está disgregando, que se infieren tantas ofensas al Señor por parte de esta civilización nuestra.

Ten piedad de las almas que el pecado ha hecho egoístas, y yacen incapaces de levantar el corazón para decirte "Madre nuestra" y para decir a tu Hijo: "¡Aquí estamos!"

Muévelas -y muévenos-, para que nos decidamos a seguir a Jesús por el camino estrecho de la abnegación, que debemos recorrer aunque nos cueste trabajo.

Recuérdanos que la Cruz del Señor no es pesada, porque nuestro Cirineo es Él, Jesús, que la lleva con nosotros y que murió por nuestra salvación.

Madre nuestra, ¡ayúdanos!

Publicado originalmente el 12 de mayo de 2020. Ha sido actualizado para su republicación.

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