Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 28 de abril de 2026.


Tiempo Litúrgico: Pascua. Semana IV - Feria.
   Color del día: Blanco.  

Memoria libre:

Antífona de entrada
Ap 19, 7. 6

Alegrémonos, regocijémonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

Oración colecta

Concédenos, Dios todopoderoso, que quienes celebramos los misterios de la resurrección del Señor, merezcamos alcanzar el gozo de nuestra redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Se pusieron a hablar a los griegos,
anunciándoles la Buena Nueva
del Señor Jesús

Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles 11, 19-26

En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se convirtió al Señor.

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se adhirió al Señor.

Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía. Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron llamados cristianos.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje de nuevo nos muestra cómo una situación que en sí misma es triste y dolorosa, como es el martirio de Esteban, se convierte, por la gracia de Dios, en fuente de bendición para muchos.

Gracias a la persecución que se desata en Jerusalén contra los discípulos de Jesús por parte de las autoridades judías, es como el Evangelio sale de la ciudad para llegar a la que en ese tiempo sería la tercera ciudad romana en importancia.

Y es que Dios se vale de todos los acontecimientos de nuestra vida, incluso de los que consideramos desagradables -casi podríamos decir que principalmente de éstos-, para que el mensaje del Evangelio llegue a aquellos que no lo conocen o no lo aman.

De nosotros sólo espera docilidad a su Espíritu y que, confiando plenamente en su amor, hablemos a los demás del Evangelio. Deja que Dios convierta todo acontecimiento en tu vida en una oportunidad para que él sea más conocido y más amado.

Salmo responsorial
Sal 86, 1-3, 4-5. 6-7

R. Alabad al Señor todas las naciones.
  • Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R.
  • «Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí». Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado». R.
  • El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Este ha nacido allí». Y cantarán mientras danzan: «Todas mis fuentes están en ti». R.

Aclamación antes del Evangelio
Jn 10, 27

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz – dice el Señor -, y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

EVANGELIO
Yo y el Padre somos uno

Lectura del santo Evangelio
según san Juan 10, 22-30

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: «¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Alégrate, porque Jesús está vivo. Hay momentos en los que nos sentimos como los personajes de este pasaje del Evangelio, rodeados de dudas y pidiendo a gritos una señal clara para saber qué camino tomar. En el Evangelio de hoy la gente rodea a Jesús y le exige que ya no los tenga en suspenso, que les diga de una vez si Él es el Mesías. 

Pero Jesús les da una respuesta que nos sirve de lección para hoy. El problema no es que Él no lo haya dicho, sino que nosotros no siempre sabemos escuchar. Debemos recordar que la fe, como hemos oído anteriormente, no se trata de acumular pruebas lógicas, sino de tener sintonía.

Jesús dice: ‘mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen’. Lo que Jesús nos pide es una relación de cercanía que nos permita reconocerle. La oveja reconoce su voz en la paz que siente al hacer su voluntad y en la fuerza que nos llega cuando estamos con Él. 

Otra cosa muy importante que hay que grabarse es la seguridad que nos ofrece; Jesús asegura que nadie nos puede arrebatar de su mano. En un mundo donde todo parece tan frágil: el trabajo, la salud, la economía, la vida misma; saber que estamos protegidos por Dios nos cambia totalmente la perspectiva. 

La enseñanza para nuestra vida es que las cosas pueden estar difíciles, pero nuestra verdadera estabilidad no depende de lo que pasa fuera, sino de quién es el que nos sostiene. Seguir a Jesús no significa tener todas las respuestas y no tener problemas, sino confiar en que Él nos conoce y no nos va a soltar nunca. 

No busques señales espectaculares, mejor busca esos momentos de silencio en la oración y en su Palabra para volver a escuchar su voz, que es la que de verdad nos calma, nos guarda y nos protege como el Buen Pastor. 

Antífona de comunión
Cf. Lc 24, 46. 26

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos, y así entrara luego en su gloria. Aleluya.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor y Dios nuestro, escucha nuestras oraciones, para que la participación en los sacramentos de nuestra redención nos ayude en la vida presente y nos alcance las alegrías eternas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Mucho tiempo he tenido miedo a las cosas negativas en mi vida, Señor, pero hoy entiendo que tú te vales de todo eso para propagar tu Evangelio. Por eso, Jesús, y a pesar de cualquier cosa, te ofrezco mis problemas, situaciones difíciles y crisis para que tu gloria se manifieste, sólo te pido tu gracia para mantenerme en pie y dando un buen testimonio de tu acción en mi vida.

Acción

Este día enfrentaré las dificultades que se me presenten y dejaré de evadir aquellas de las que me he estado escondiendo.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Misal Católico, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo A, 2025-2026, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).