Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 15 de julio de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XV.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Ez 34, 11. 23-24

Buscaré a mis ovejas, dice el Señor, y les daré un pastor que las apaciente, y yo, el Señor, seré su Dios.

Oración colecta

Dios todopoderoso, al celebrar la festividad del obispo san Buenaventura, te pedimos que nos concedas aprovechar su admirable doctrina e imitar siempre su ardiente caridad. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Lo llamó Moisés, pues lo había sacado
del agua; cuando ya era mayor,
fue adonde estaban sus hermanos

Lectura del libro del Éxodo 2, 1-15a

En aquellos días, un hombre de la tribu de Leví se casó con una mujer de la misma tribu. Ella concibió y dio a luz un niño. Viendo que era hermoso, lo tuvo escondido tres meses. Pero, no pudiendo tenerlo escondido por más tiempo, tomó una cesta de mimbre, la embadurnó de barro y pez, colocó en ella a la criatura, y la depositó entre los juncos, junto a la orilla del Nilo.

Una hermana del niño observaba a distancia para ver en qué paraba todo aquello.

La hija del faraón bajó a bañarse en el Nilo, mientras sus criadas la seguían por la orilla del río. Al descubrir la cesta entre los juncos, mandó una criada a recogerla.

La abrió, miró dentro, y encontró un niño llorando.

Conmovida, comentó: «Es un niño de los hebreos».

Entonces, la hermana del niño dijo a la hija del faraón: «¿Quieres que vaya a buscarle una nodriza hebrea que críe al niño?».

Respondió la hija del faraón: «Vete».

La muchacha fue y llamó a la madre del niño.

La hija del faraón le dijo: «Llévate al niño y críamelo, y yo te pagaré».

La mujer tomó al niño y lo crió.

Cuando creció el muchacho, se lo llevó a la hija del faraón, que lo adoptó como hijo y lo llamó Moisés, diciendo: «lo he sacado del agua».

Pasaron los años. Un día, cuando Moisés ya era mayor, fue adonde estaban sus hermanos y los encontró transportando cargas. Y vio cómo un egipcio maltrataba a un hebreo, uno de sus hermanos.

Miró a un lado y a otro, y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena.

Al día siguiente, salió y encontró a dos hebreos riñendo, y dijo al culpable: «¿Por qué golpeas a tu compañero?».

Él le contestó: -«¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro? ¿Es que pretendes matarme como mataste al egipcio?».

Moisés se asustó y pensó: «Seguro que saben lo ocurrido».

Cuando el faraón se enteró del hecho, buscó a Moisés para matarlo. Pero Moisés huyó del faraón y se refugió en la tierra de Madián.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Este pasaje nos relata, de manera sintética, el nacimiento de Moisés hasta su huida de Egipto. Habría algunos elementos que se pudieran destacar para nuestra meditación, sin embargo, quisiera centrar nuestra atención en el hecho de "tomar la justicia por nuestras propias manos". Moisés, siendo uno de los hombres más importantes del imperio y por hacer un "favor" a uno de sus compatriotas, mata a un egipcio.

Pensó que su pueblo se lo agradecería; la verdad es que Moisés aún no conocía a Dios, no conocía su amor ni su misericordia. La primera idea que nos deja este texto es que no se pude hacer justicia a través de un pecado.

Por otro lado, pensemos que puede ser también para nosotros una tentación, sobre todo, en un mundo tan lleno de injusticias, el querer tomar la justicia por nuestra cuenta, o buscar realizarla por medios ilegales o pecaminosos.

Debemos siempre recordar que sólo Dios es Justo y que sólo él sabrá dar a cada uno según sus obras. La acción propia del cristiano es denunciar la injusticia y orar al Señor para que la justicia sea realizada de acuerdo a su misericordia.

Salmo responsorial
Sal 68, 3. 14. 30-31. 33-34

R. Los humildes, buscad al Señor,
y revivirá vuestro corazón.
  • Me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente. R.
  • Mi oración se dirige a ti, Señor, el día de tu favor; que me escuche tu gran bondad, que tu fidelidad me ayude. R.
  • Yo soy un pobre malherido; Dios mío, tu salvación me levante. Alabaré el nombre de Dios con cantos, proclamaré su grandeza con acción de gracias. R.
  • Miradlo, los humildes, y alegraos, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. Que el Señor escucha a sus pobres, no desprecia a sus cautivos. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Sal 94, 8a. 7d

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. R.

EVANGELIO
El día del juicio le será más llevadero a
Tiro, a Sidón y a Sodoma que a vosotras

Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 11, 20-24

En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.

Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.

Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy.

Pues os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti».

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

De nuevo Jesús insiste, ahora desde otro ángulo, en la resistencia a la conversión. Seguramente, si somos honestos, nos daremos cuenta que han sido diversas ocasiones, a lo largo de nuestra vida o en la de algunos hermanos, en las cuales hemos sido conscientes del paso de Dios por ella.

No podemos negar que Dios ha operado en nosotros signos y prodigios (si revisamos con atención nuestra historia, reconoceremos lo visible de las maravillas de Dios). Por ello, el Señor nos invita a reflexionar hoy en cómo hemos y estamos respondiendo a estas gracias, a esta actuación continua y salvífica de Dios.

No podemos mantenernos indiferentes a la acción de la gracia, a la invitación de Jesús a cambiar de vida y a consagrársela a él. Jesús espera de cada uno de nosotros una respuesta generosa, ¿estaremos dispuestos a dársela?

Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 16

No son ustedes los que me han elegido, dice el Señor, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Alimentados por estos sagrados misterios, Señor, te suplicamos humildemente que, a ejemplo de san Buenaventura, nos esforcemos en profesar lo que él creyó y en poner en práctica lo que enseñó. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, sé que hay muchas cosas que no puedo cambiar, por eso te pido la asistencia de tu Santo Espíritu para no callar ante las injusticias.

Acción

Ya no haré cosas buenas que parezcan malas, ni cosas malas que parezcan buenas.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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