Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXI - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre:
Antífona de entrada
Sal 85, 1-3
Inclina tu oído, Señor, escúchame. Salva a tu siervo que confía en ti. Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día.
Oración colecta
Oh, Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, concede a tu pueblo amar lo que prescribes y esperar lo que prometes, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros ánimos se afirmen allí donde están los gozos verdaderos. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Dios mismo nos ha enseñado
a amarnos los unos a los otros
Lectura de la 1ª carta del apóstol san
Pablo a los Tesalonicenses 4, 9-11
Hermanos:
Acerca del amor fraterno, no hace falta que os escriba, porque Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros; y así lo hacéis con todos los hermanos de Macedonia.
Sin embargo os exhortamos, hermanos, a seguir progresando: esforzaos por vivir con tranquilidad, ocupándoos de vuestros propios asuntos y trabajando con vuestras propias manos, como os lo tenemos mandado.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 97, 1. 7-8. 9
R. El Señor llega para
regir los pueblos con rectitud.
- Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas. Su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.
- Retumbe el mar y cuanto contiene, la tierra y cuantos la habitan; aplaudan los ríos, aclamen los montes. R.
- Al Señor, que llega para regir la tierra. Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud. R.
Aclamación antes del Evangelio
Jn 13, 34
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Os doy un mandamiento nuevo – dice el Señor -: que os améis unos a otros, como yo os he amado. R.
EVANGELIO
Como has sido fiel en lo poco,
entra en el gozo de tu Señor
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus siervos y los dejó al cargo de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno fue a hacer un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo viene el señor de aquellos siervos y se pone a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: “Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco”.
Su señor le dijo: “Bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: “Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos”.
Su señor le dijo: “¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
Se acercó también el que había recibido un talento y dijo: “Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo”.
El señor le respondió:
“Eres un siervo negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese siervo inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y rechinar de dientes”».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
En tu vida, ¿qué es lo que te mueve? ¿cuál es tu motor? ¿el amor o el temor? ¿el deseo de salir de ti para ir al encuentro del otro o el miedo al qué dirán, a no ser reconocido, al dolor, a no ser amado, a que no se cumplan tus caprichos o a la muerte?
¿La búsqueda de la felicidad y la santidad del otro o la ansiedad por no cumplir las expectativas de los demás, del mundo o de ti mismo?, ¿o por no ser suficientemente hombre o mujer? ¿la certeza de ser amado o la búsqueda de algo que te haga sentir vivo, placeres o experiencias que coleccionas como trofeos de oro, pero que resultan ser como de plástico barato con pintura metálica?
Y es que en la parábola de hoy, vemos a tres sujetos distintos, a dos que acogen con libertad el don recibido y lo ponen a producir y a otro que tiene miedo y lo esconde, que no lo pone en juego, que no lo comparte con otros, que ni siquiera disfruta de su talento.
Y es que para poder amar, es decir, para poder darte y ser pleno y feliz y dar frutos abundantes, es necesario primero acoger el amor. Cuando descubres que detrás de toda verdadera experiencia en la que has sido amado está Dios, cuando acoges el infinito amor de Dios que se te revela a través de la belleza, la verdad y la bondad de los otros, pero también de todo lo creado, el miedo ya no tiene cabida en tu vida, ya no necesitas mendigar amores ni reconocimiento.
En efecto, cuando acoges el amor de Dios, cuando te sabes receptor de sus dones y talentos, ya no puedes esconderlos, sino que necesitas compartirlos con los demás, y su amor y sus talentos serán multiplicados.
Pero, el temor paraliza, el temor te regresa al yo vacío, a buscar controlar las situaciones, a "asegurar" tu valor, tu espacio y tu futuro. El temor atrofia tu capacidad de amar y los talentos y virtudes que Dios te ha dado. El temor asfixia y al final mata, el temor te arroja paulatinamente a las tinieblas, al llanto y a la desesperación.
Basta de temer, ábrete al amor de Dios, cultiva como una prioridad ineludible la relación con Él, acoge sus infinitas gracias, póstrate ante su grandeza reconociendo la inmensidad de su amor y deja que Él multiplique tus talentos, que Él te santifique y que ame a través de ti.
Antífona de comunión
Cf. Sal 103, 13-15
La tierra se sacia de tu acción fecunda, Señor, para sacar pan de los campos y vino que alegre el corazón del hombre.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que realices plenamente en nosotros el auxilio de tu misericordia, y haz que seamos tales y actuemos de tal modo que en todo podamos agradarte. Por Jesucristo, nuestro Señor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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