Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XX.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: San Bernardo de Claraval, abad y doctor de la Iglesia.
Antífona de entrada
El Señor colmó a san Bernardo con espíritu de inteligencia, para que transmitiera al pueblo de Dios las riquezas de la doctrina.
Oración colecta
Dios nuestro, que encendiste al abad san Bernardo con el celo por tu casa e hiciste de él una lámpara que brillaba y ardía en tu Iglesia, concédenos por su intercesión que, animados por ese mismo espíritu, caminemos siempre como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Pedisteis que os gobernara un rey,
cuando vuestro rey era el Señor
Lectura del libro de los
Jueces 9, 6-15
En aquel tiempo, se reunieron todos los señores de Siquén y todo Bet Millo, y fueron a proclamar rey a Abimélec junto a la encina de la estela que hay en Siquén.
Se lo anunciaron a Jotán, que, puesto en pie sobre la cima del monte Garizín, alzó la voz y les dijo a gritos: «Escuchadme, señores de Siquén, y así os escuche Dios.
Fueron una vez los árboles a ungir rey sobre ellos.
Y dijeron al olivo: “Reina sobre nosotros”.
El olivo les contestó: “¿Habré de renunciar a mi aceite, que tanto aprecian en mí dioses y hombres para ir a mecerme sobre los árboles?”.
Entonces los árboles dijeron a la higuera: “Ven tú a reinar sobre nosotros”.
La higuera les contestó: “¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme sobre los árboles?”
Los árboles dijeron a la vid: “Ven tú a reinar sobre nosotros”.
La vid les contestó: “¿Voy a renunciar a mi mosto, que alegra a dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?”
Todos los árboles dijeron a la zarza: “Ven tú a reinar sobre nosotros”.
La zarza contestó a los árboles: “Si queréis en verdad ungirme rey sobre vosotros, venid a cobijaros a mi sombra. Y si no, salga fuego de la zarza que devore los cedros del Líbano”».
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Esta pasaje es una de las críticas más fuertes que se han escrito contra los oportunistas, contra aquellos que, sin importarles la voluntad de Dios, buscan su propio provecho. Al leer el libro de los Jueces nos encontramos con que el pueblo fiel a Dios no reconocía a ningún otro rey sino a YHVH, pues recordaba bien que la alianza decía: "Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios".
Sin embargo, otra parte del pueblo buscaba ser como "los demás pueblos" y tener un rey humano. Con una serie de figuras, el autor nos muestra cómo el pueblo, con tal de "ser como los demás pueblos" ha escogido lo peor como rey (que de hecho llevará a Israel a la secularización y a la idolatría).
Esto puede pasar también en nuestras vidas cuando buscamos hacer nuestra vida al margen de Dios, cuando nos olvidamos que nosotros somos cristianos y que, por lo tanto, no somos como el resto del mundo aunque vivamos en el mundo. Oportunidades no nos faltan, el mundo nos ofrece fama y prestigio si aceptamos "cobijarnos bajo su sombra".
El resultado siempre será el mismo: tristeza, soledad, angustia, miedo. Dios quiere reinar en nuestras vidas, quiere ser el centro de nuestra existencia, no porque necesite de nuestra alabanza o nuestro servicio, sino porque cuando él es Rey puede darnos la verdadera paz y la alegría del Reino en el cual "él reina". No nos dejemos engañar, la verdadera felicidad sólo está en Dios.
Salmo responsorial
Sal 20, 2-3. 4-5. 6-7
R. Señor, el rey se alegra por tu fuerza.
- Señor, el rey se alegra por tu fuerza, ¡y cuánto goza con tu victoria! Le has concedido el deseo de su corazón, no le has negado lo que pedían sus labios. R.
- Te adelantaste a bendecirlo con el éxito, y has puesto en su cabeza una corona de oro fino. Te pidió vida, y se la has concedido, años que se prolongan sin término. R.
- Tu victoria ha engrandecido su fama, lo has vestido de honor y majestad. Le concedes bendiciones incesantes, lo colmas de gozo en tu presencia. R.
Aclamación antes del Evangelio
Heb 4, 12ad
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
La palabra de Dios es viva y eficaz; juzga los deseos e intenciones del corazón. R.
EVANGELIO
¿Vas a tener tú envidia
porque yo soy bueno?
Lectura del santo Evangelio
según san Mateo 20, 1-16a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: “Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido”. Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”
Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos; es bien difícil de entender esto, pero detengámonos un momento a desgranar estas palabras que tienen mucho sentido.
Los que hacen deporte, los atletas se saben ubicar, es decir, saben comportarse como lo que son, atletas, deportistas y saben que si ganan o pierden, no importa. Es decir, lo importante es que hayan dado lo mejor en la cancha, en el campo. Un verdadero atleta sabe que lo más importante es competir contra sí mismo, romper sus propios récords.
Y es lo mismo a lo que nos invita Jesús. Nosotros somos campeones de otro deporte, nosotros somos campeones de la caridad y no vamos buscando ni medallas ni reconocimientos, sino vamos a dejarlo todo ahí afuera, fuera de mí, en mi familia; fuera de mí, en mi comunidad; fuera de mí, en mi trabajo, en mi entorno, en mi país.
Nosotros los que portamos la camiseta de Cristo, no vamos buscando ser el número uno, sino vamos buscando ser el número tres: Dios, otros, yo. Ahí está la clave para ganar el cielo, para ganar la vida eterna, porque el último será el primero en ser sencillo, agradecido, recordado, aplaudido; vivir hacia afuera, centrada en coronar al otro y no a mí mismo.
Hoy te invito a hacer feliz a quien te rodea, una palabra de aliento, una sonrisa, un gracias con sentido, un abrazo caluroso, cinco minutos de atención. Hoy, hacer feliz a quien nos rodea.
Antífona de comunión
Cf. Jn 15, 9
Así como el Padre me ha amado a mí, así yo los he amado a ustedes, dice el Señor; permanezcan, pues, en mi amor.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que esta comunión que hemos recibido, Señor, en la celebración de san Bernardo, produzca su fruto en nosotros, para que, movidos por su ejemplo e instruidos por sus enseñanzas, nos encienda en el amor de tu Verbo encarnado. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Señor, tu eres mi único Rey, renuncio a lo que sea con tal de que tú reines en mi vida. No me quiero conformar con poco, yo necesito que en mi vida, tú, el Rey de Reyes, seas el único soberano y gobernador de mis acciones; tómame, Señor.
Acción
Hoy pediré por los gobernantes de las naciones, especialmente por los de mi país.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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