Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Lunes, 1 de setiembre de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXII - Feria.
   Color del día: Verde.  

Memoria libre:


Antífona de entrada

Vi sentado en el trono celestial a un hombre, a quien adora la multitud de los ángeles que cantan a una sola voz: “Éste es aquel cuyo poder permanece eternamente”.

Oración colecta

Acompaña, Señor, con celestial piedad, los anhelos y súplicas de tu pueblo, para que conozca lo que debe poner por obra y lleve a cabo con firmeza lo que ha conocido. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Dios, llevará con él, por medio
de Jesús, a los que han muerto

Lectura de la 1ª carta del apóstol san
Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18

Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza.

Pues si creemos que Jesús murió y resucitado, de igual modo Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.

Esto es lo que os decimos apoyados en la palabra del Señor: nosotros, los que quedamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que hayan muerto; pues el mismo Señor, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar; después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos llevados con ellos entre nubes al encuentro del Señor, por los aires.

Y así estaremos siempre con el Señor.

Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Una de las experiencias que más nos llena de temor es la de la muerte, sobre todo porque nuestra vista lo único que alcanza a ver es el cuerpo sin vida, inerte de nuestros difuntos. Sin embargo, esta no es la realidad que Dios está viendo, pues para él todos estamos vivos.

La primera comunidad se sentía defraudada en cuanto a lo que ya se había predicado, pues pensaban que los únicos que participarían del Reino "que serían llevados al cielo", eran los que estuvieran vivos cuando llegara el Señor. Por eso san Pablo les explica que eso no será así, sino que todos los que hayamos muerto en Cristo, también tendremos la vida incorruptible.

Esta es la gran esperanza cristiana, el saber que nuestra vida en el mundo es sólo un tránsito hacia la vida definitiva que tendremos y que gozaremos en el cielo. Por ello, aunque nuestra vista ve el cuerpo de nuestros hermanos sin vida, esto sólo es para nosotros, pues en el misterio de Dios, en su tiempo, para él todos viven y la muerte, como la conocemos nosotros, es sólo la puerta que se abre para darnos paso a la eternidad en Cristo.

Por ello, vale la pena vivir unidos al Señor, para que en el momento de nuestra muerte se abra también para nosotros la puerta que nos lleve directamente a los brazos de nuestro amado Padre. ¡Ánimo! Caminemos con alegría hacia el Cielo.

Salmo responsorial
Sal 95, 1 y 3. 4-5. 11-12a. 12b-13

R. El Señor llega a regir la tierra.
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al señor, toda la tierra. Contad a los pueblos su gloria sus maravillas a todas las naciones. R.
  • Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Pues lo dioses de los gentiles no son nada, mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.
  • Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuando lo llena; vitoreen los campos y cuando hay en ellos. Aclamen los árboles del bosque. R.
  • Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R.

Aclamación antes del Evangelio
Cf. Lc 4, 18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado a evangelizar a los pobres. R.

EVANGELIO
Me ha enviado para anunciar el 
Evangelio a los pobres… Ningún
profeta es bien mirado en su tierra

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es el hijo de José?».

Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».

Y añadió:

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán y el sirio».

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

Duras palabras que escuchamos de Jesús el día de hoy. Las enseñanzas de Jesús son fuertes, son radicales. Leemos cómo los fariseos al escuchar a Jesús lo sacaron de la sinagoga y lo llevaron afuera de la ciudad, para tirarlo por el barranco.

Yo me pregunto, muchas veces nosotros podemos llegar a ser esos fariseos, queremos sacar a Jesús de la ciudad, es decir, queremos sacar a Jesús de nuestro corazón, porque lo que pide es costoso. Como las veces que pienso, lo que me pide Jesús va en contra de mi personalidad, de mi temperamento, de mi carácter.

Porque Él pide paz, y yo tengo un carácter muy fogoso; porque pide perdón, y yo soy una persona muy rencorosa; porque pide paz y calma, y mi personalidad es más ruidosa. Pero el mensaje de Cristo es radical y exige radicalidad, exige totalidad en la respuesta y muchas veces, y más de una, no escucho lo que quiero, sino lo que necesito escuchar.

Y eso implica cambio de vida, cambio de comportamiento; implica darle muerte a mi yo, para que mi Señor y su Palabra cobren vida en mí. No saquemos a Jesús, no saquemos a Cristo de nuestro corazón, sino todo lo contrario, abramos el corazón para escuchar, aceptar y vivir lo que Cristo nos pide y nos dice.

Te invito a que hoy hagas lo que Él, Cristo, te diga, que no es otra cosa sino servir, perdonar, sonreír, acoger, ayudar, escuchar.

Antífona de comunión

Señor, en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Renovados por tus sacramentos, te suplicamos, Dios todopoderoso, que te sirvamos dignamente con una vida que te sea agradable. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, te pido que me concedas vivir en ti mientras paso por este mundo, pero mi mayor anhelo es vivir eternamente en tu presencia, disfrutar de tu abrazo y amor sin final; enséñame a vivir en tu Reino desde este tiempo para que, cuando llegue el día de mi último aliento, sólo sea un cambio hacia la plenitud y la eternidad.

Acción

Hoy pediré por mis seres queridos que ya murieron, especialmente por aquellos que al morir no estaban en amistad con Dios; pediré a Él su misericordia para con ellos.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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