Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIII - Feria.
Color del día: Verde.
Memoria libre: Nuestra Señora de Coromoto.
Antífona de entrada
Confío, Señor, en tu misericordia. Se alegra mi corazón con tu auxilio; cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Oración colecta
Concédenos, Dios todopoderoso, que la constante meditación de tus misterios nos impulse a decir y hacer siempre lo que sea de tu agrado. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Revestíos del amor, que es el
vínculo de la unidad perfecta
Lectura de la carta del apóstol san
Pablo a los Colosenses 3, 12-17
Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
En este pasaje encontramos una serie de consejos que san Pablo da a la comunidad con el fin de que su cristianismo sea verdaderamente una vida de amor, no solo con Dios sino con cada uno de los hermanos.
Centremos hoy nuestra atención en el saber soportarnos. San Pablo, un hombre enraizado profundamente en el Espíritu, es un gran conocedor de la naturaleza humana y sabe que nuestro carácter, nuestros gustos pueden no solo ser diferentes a los de los demás hermanos, sino incluso contrarios.
Nos damos cuenta que en nuestras comunidades, sea en la escuela, en el trabajo o en nuestros propios barrios, nos relacionamos con personas las cuales, por su manera de ser o de pensar, a pesar de ser buenos cristianos, nos es difícil el convivir con ellos.
Por ello, san Pablo invita a la comunidad a saber "soportarlos" o tolerarlos, sabiendo que en esto se desarrolla el verdadero amor de Dios, que nos ama a todos de la manera como somos. No es una virtud fácil de adquirir, sin embargo, nuestro esfuerzo cotidiano y la gracia de Dios siempre rinden frutos.
Hagamos de nuestras comunidades verdaderas extensiones del Reino de Dios poniendo nuestro granito de arena.
Salmo responsorial
Sal 150, 1-2. 3-4. 5
R. Todo ser que alienta alabe al Señor.
- Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo por su inmensa grandeza. R.
- Alabadlo tocando trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, Alabadlo con tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas. R.
- Alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo ser que alienta alabe al Señor. R.
Aclamación antes del Evangelio
1 Jn 4, 12
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. R.
EVANGELIO
Sed misericordiosos como
vuestro Padre es misericordioso
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hoy el Señor nos invita a amar de manera extraordinaria: no como el mundo ama, sino al estilo mismo de Dios que hace el bien, bendice y trata a todos de la mejor manera; no importando si le han dado la espalda, si lo han negado o si han decidido actuar en contra de sus mandamientos.
De hecho, muy probablemente al hablar de esos grupos de personas, estemos hablando de nosotros mismos y de cómo hemos sido rescatados por Dios una y otra vez, porque a pesar de nuestro pecado, desinterés y maldad, Él no deja de amarnos, de buscarnos, de bendecirnos, de perdonarnos si nos arrepentimos, de darnos a manos llenas, aunque volvamos a desperdiciar sus dones y sus gracias y aunque volvamos a darle la espalda con nuestras acciones o nuestras decisiones.
Mientras estemos vivos Él siempre estará ahí para nosotros.
No nos engañemos, el mundo llama amor a un conjunto de sentimientos intensos que llevan a todo tipo de comportamientos irracionales e incluso animales. El amor verdadero se ha desvirtuado y cada vez más se separa de lo que realmente es. Y nosotros estamos en este mundo y en este tiempo, y la voz del mundo entra en nuestra mente y en nuestro corazón, sembrando la mentira y atrofiando nuestra capacidad de amar en verdad, de amar al estilo divino, único camino hacia la felicidad plena y verdadera.
Por eso el Señor nos dice: Ustedes, en cambio, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno hasta con los malos y los ingratos. Sean misericordiosos… no juzguen… no condenen… den y perdonen.
Sé, por experiencia propia, que buscar cumplir lo que Jesús nos pide en este Evangelio, parece tarea imposible y, aunque nos esforcemos, si solo contamos con la propia decisión de hacer el bien siempre, al final, nos desviamos en el camino del amor.
Además, cada vez tengo más certeza de que muchísimos jóvenes se alejan de Cristo y de su Iglesia, por su incapacidad de vivir el mandamiento del amor, por su debilidad para decir “no” a lo que el demonio, el mundo y la carne le proponen y degrada la propia dignidad y la dignidad de los demás; y como forma de escape, terminan prefiriendo hacer como que Dios no existe, en lugar de seguir reconociendo sus límites y luchando para aprender a amar; y como el pecado siempre es seductor y otorga algunas recompensas, les parece fácil optar por el pecado y no por el Señor; lo que los lleva a los peores sinsentidos, soledades, heridas y depresiones.
Sin embargo, sí es posible amar como nos lo pide Cristo en el Evangelio, sí hay un camino seguro para amar de verdad, pero implica vivirte en la verdad de la propia pequeñez e incapacidad para amar en serio; implica reconocer que no eres Dios y que no lo puedes todo, implica aprender a aceptar esa realidad para aceptar que solo Dios es Dios y que solo Él puede amar como nos lo pide.
El camino es volver siempre a Cristo y dejarte amar por Él y reconocer y proclamar la desproporción de su amor, y glorificar y bendecir a Dios por tanto y por todo, y aprender que todo es gracia y que no mereces nada, y sin embargo, Dios te ama, y te bendice.
Este camino implica buscar a Cristo para invitarlo a entrar en tu propia vida y dejar que, poco a poco, Él ame con tu corazón, porque Él sí puede, Él sí puede vencer tu pecado y amar a tu enemigo, Él puede bendecir al que te maldice a través de ti y hacer el bien al que te aborrece. No te canses de buscarlo, no te canses de reconocerlo, no te canses de dejarlo amar y pide que allí, donde tú no llegues, Él llegue, Él ame. No es magia, es un proceso, pero siempre Cristo podrá más que tu debilidad.
Antífona de comunión
Proclamaré todas tus maravillas; me alegraré y exultaré contigo y entonaré salmos a tu nombre, Dios Altísimo.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Concédenos, Dios todopoderoso, que alcancemos aquel fruto celestial, cuyo adelanto acabamos de recibir mediante estos sacramentos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, que tu Evangelio lo haga vida en mí para poder tener comunidades en donde se respire tu paz y armonía. Que siempre busque llenarme de tu amor para aguantarlo todo y soportarlo todo.
Acción
Desde hoy buscaré que en mi hogar, en mi trabajo o escuela se forme una verdadera comunidad, siendo agradecido con los demás.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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