Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXIV.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria:
Antífona de entrada
Cf. Lc 2, 34-35
El anciano Simeón dijo a María: Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción; y a ti, una espada te atravesará el alma.
Oración colecta
Dios nuestro, que quisiste que junto a tu Hijo en la cruz estuviera de pie su Madre, compartiendo su dolor, concede a tu Iglesia que, asociada con ella a la pasión de Cristo, merezca participar de su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Que se hagan oraciones por toda
la humanidad a Dios que quiere
que todos los hombres se salven
Lectura de la 1ª carta del apóstol
san Pablo a Timoteo 2, 1-8
Querido hermano:
Ruego, lo primero de todo, que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias, por toda la humanidad, por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos llevar un vida tranquila y sosegada, con toda piedad y respeto.
Esto es bueno y agradable a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: este es un testimonio dado a su debido tiempo y para el que fui constituido heraldo y apóstol – digo la verdad, no miento -, maestro de las naciones en la fe y en la verdad.
Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, alzando unas manos limpias, sin ira ni divisiones.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
Uno de los grandes problemas de la vida cristiana es la separación entre la fe y la vida. Sin embargo, san Pablo nos recuerda que la fe debe estar en toda nuestra vida, y ésta incluye nuestra vida política y nuestra relación con las autoridades.
Dado que los Jefes de Estado son los responsables de la vida del pueblo, es nuestra obligación como cristianos el orar intensamente por ellos para que Dios ilumine su corazón y haya una profunda conversión en todos y cada uno de ellos.
Si no se convierte el corazón de los dirigentes políticos, de los Jefes de Estado, de los gobernantes en general, el egoísmo los gobernará cerrando su corazón a las necesidades de sus hermanos, sobre todo de los más necesitados, poniendo en riesgo, incluso su salvación eterna.
Por el contrario, un gobernante que se abre al amor de Dios, que deja que sea el Espíritu quien dirija sus acciones, será honesto y fiel y por ello hará gran bien a la comunidad, él crecerá en santidad y hará que el pueblo que Dios le ha encomendado viva en paz y armonía.
La construcción de la sociedad del amor tiene una fuerte dependencia a aquellos que nos dirigen. Oremos por ellos todos los días.
Salmo responsorial
Sal 27, 2. 7. 8-9
R. Bendito el Señor,
que escuchó mi voz suplicante.
- Escucha mi voz suplicante cuando te pido auxilio, cuando alzo las manos hacia tu santuario. R.
- El Señor es mi fuerza y mi escudo: en él confía mi corazón; me socorrió, y mi corazón se alegra y le canta agradecido. R.
- El Señor es fuerza para su pueblo, apoyo y salvación para su Ungido. Salva a tu pueblo y bendice tu heredad, sé su pastor y llévalos siempre. R.
Secuencia (opcional)
La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
Más viva en él que conmigo.
Y porque a amarle me animé,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde la veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión, y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Dichosa es la bienaventurada Virgen María, que sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor. R.
EVANGELIO
Triste contemplaba y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena (Stabat Mater)
Lectura del santo Evangelio
según san Juan 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Hoy celebramos otra fiesta mariana, la festividad de la Virgen de Nuestra Señora de los Dolores. Leemos en el Evangelio que Jesús nos deja a nuestra Madre, a una Madre del cielo.
La tradición de la Iglesia habla de los siete dolores de la Virgen. Para muchos, esto podría ser una festividad sin sentido, ¿Por qué celebrar los dolores de una mujer, los dolores de una madre? A mí me gusta verlo desde la perspectiva de la fe, la esperanza y el amor. Así es, Jesús sabía que todos necesitamos una madre que nos enseñe cómo reír, pero también cómo llorar, cómo vivir, pero también cómo sufrir.
Al recordar a María, como una mujer que sufrió, tocó y vivió el dolor, lo hace mucho más cerca, y más aún, ella como buena madre me enseña cómo vivir, cómo afrontar, cómo cargar ese dolor. No hay nada que yo pueda vivir que ella no lo haya vivido: se le perdió su hijo en el templo, su hijo fue criticado, burlado, lo condenaron a muerte, lo latigaron de tal manera que su cuerpo era una llaga viva, lo colgaron de un madero, le abrieron su costado, lo mataron y ella lo recibió en sus brazos.
¿Cuántas madres, cuántas mujeres, cuántos hombres no sufrimos un poco de esos dolores? Hijos que sufren por la incomprensión de otros, hijos presos de algún vicio, hijos perdidos en la oscuridad y sin fe y esperanza. Podría ser interminable la lista. María se sintió sola, abandonada; me atrevería a decir a veces hasta traicionada, pero ella permaneció fiel, desde Belén hasta la Cruz. Su fidelidad fue intachable; su fe, su esperanza y su amor la mantuvieron firme de pie, como un roble, jamás se doblegó.
Madre mía, ilumina mi fe, fortalece mi esperanza, acrecienta mi amor para que yo también pueda permanecer de pie ante la cruz del día a día. Hoy voy a cargar mi cruz con alegría.
Antífona de comunión
Cf. 1 Pe 4, 13
Alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que cuando se manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Alimentados con el sacramento de la redención eterna, te pedimos, Señor, que, al conmemorar el dolor de la santísima Virgen María, completemos, a favor de la Iglesia, lo que falta en nosotros a los padecimientos de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Oración
Señor, oro por mis gobernantes, para que tu palabra los ilumine y puedan comprender que para ser el más importante es necesario hacerse servidor de los demás. También te pido que los responsables de dictar las leyes, lo hagan teniendo presente los valores del Reino.
Acción
Dejaré de criticar a los jefes de estado y de ahora en adelante los incluiré en mis oraciones diarias.
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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