Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXV.
Color del día: Blanco.
Memoria obligatoria: San Pío de Pietrelcina (Padre Pío), presbítero.
Antífona de entrada
Cf. Sal 131, 9
Que tus sacerdotes, Señor, se revistan de justicia, y tus fieles se llenen de júbilo.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que concediste a san Pío de Pietrelcina, presbítero, la gracia singular de participar de la cruz de tu Hijo, y renovaste, por su ministerio, las maravillas de tu misericordia, concédenos, por su intercesión, que, asociados siempre a los sufrimientos de Cristo, lleguemos felizmente a la gloria de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo.
PRIMERA LECTURA
Terminaron el templo
y celebraron la Pascua
Lectura del libro de Esdras
6, 7-8. 12b. 14-20
En aquellos días, el rey Darío escribió a los gobernantes de Transeufratina:
«Dejad que se reanuden las obras de ese templo de Dios. El gobernador de los judíos y los ancianos judíos reconstruirán este templo de Dios en el lugar que ocupaba. Estas son mis órdenes sobre lo que debéis hacer con los ancianos judíos para la reconstrucción del templo de Dios: de los ingresos reales procedentes de los tributos de Transeufratina, páguese puntualmente a esos hombres los gastos sin ningún tipo de interrupción. Yo, Darío, he promulgado este decreto y quiero que sea ejecutado al pie de la letra».
Los ancianos judíos prosiguieron las obras con éxito, confortados por la profecía del profeta Ageo y de Zacarias, hijo de Idó. Edificaron y construyeron la reconstrucción, según el mandato del Dios de Israel y con la orden de Ciro, de Darío y de Artajerjes, reyes de Persia.
Así terminaron este templo el día tercero del mes de adar, el año sexto del reinado del rey Darío.
Los hijos de Israel, los sacerdotes, los levitas y los demás repatriados celebraron con alegría la dedicación de este templo de Dios, ofrecieron cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos y como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, según el número de las tribus de Israel.
También organizaron los turnos de los sacerdotes y las clases de los levitas para el servicio de Dios en Jerusalén, tal y como está escrito en el libro de Moisés.
Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del mes primero. Los sacerdotes y los levitas se habían purificado para la ocasión. Todos los purificados ofrecieron el sacrificio de la Pascua por todos los repatriados, por sus hermanos, los sacerdotes, y por ellos mismos.
Palabra de Dios.
Reflexión sobre la Primera Lectura
La reconstrucción del Templo de Jerusalén fue una obra magnífica, no sólo por la grandeza de la obra arquitectónica, sino, sobre todo, por lo que el Templo representaba para los Israelitas: Reconstruir la fe en el Dios todopoderoso era volver a la unidad y a la tierra otorgada por Dios para que en ella se le diera culto y desde donde pudiera él reinar.
La fiesta, como nos lo narra el libro de Esdras, fue magnífica, pues de nuevo el templo había sido restaurado y con ello el culto a Dios. San Pablo nos dice que nosotros somos el templo de Dios. ¿No valdría la pena el que diéramos una miradita a ver cómo está este templo interior? La vida moderna con facilidad lo va destruyendo y se va contaminando, como pasó en tiempos del destierro.
Si observamos bien podremos notar que nuestro templo interior va sufriendo la destrucción de un mundo pagano que muchas veces nos destierra de él llevándonos a no orar, a no tener vida interior, a no darle culto a Dios en nuestro corazón.
Por ello, como en tiempos de san Francisco, en los cuales el Señor le pedía que restaurara su templo, hoy en día Jesús nos pide lo mismo, y no se refiere ya a los templos materiales, sino al templo de nuestro corazón. Empecemos, pues, sacando todo lo que no pertenece al templo y continuemos adornándolo con todas la virtudes, especialmente con el amor a Dios y a nuestros hermanos.
Salmo responsorial
Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5
R. Vamos alegres a la casa del Señor.
- ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.
- Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, R.
- Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.
- Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». R.
- Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R.
Aclamación antes del Evangelio
Lc 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. R.
EVANGELIO
Mi madre y mis hermanos son estos:
los que escuchan la palabra
de Dios y la cumplen
Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 8, 19-21
En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él.
Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte».
Él respondió diciéndoles: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».
Palabra del Señor.
Reflexión sobre el Evangelio
Jesús nos enseña en este Evangelio que la verdadera relación profunda y duradera con Él se da entre aquellos que escuchan su Palabra, pero no solo eso, sino que la ponen en práctica. Creer y obedecer sus mandamientos es lo que distingue a un verdadero seguidor de Cristo.
No sé si te ha pasado que cuando formas parte de una comunidad en torno a Jesús, con el tiempo, cuando ya se ha logrado una espiritualidad madura, las relaciones entre sus miembros son mejores.
En mi experiencia, después de muchos años de vivir con mi pequeña comunidad dentro del movimiento “Vivir en Cristo”, hemos llegado a sentir un gran amor entre hermanos. La confianza y el apoyo en los momentos de dificultad y necesidad han sido extraordinarios, incluso más de lo que he sentido por parte de mi propia familia de sangre.
La verdadera identidad de una persona está en la relación que logra mantener con Cristo a través de la oración, los Sacramentos, la lectura de la Palabra y la aplicación de ésta en su propia vida. Cuando un grupo de personas camina en comunidad hacia ese mismo fin, se convierte en una verdadera familia.
Pero, no por esto debemos hacer a un lado a nuestra familia de sangre. Aunque el mismo Jesús nos mostró que nadie es profeta en su tierra, no debemos darnos por vencidos. Debemos de luchar por mantenernos firmes, buscando que ellos vean también a Jesús en nosotros, dando un buen testimonio en nuestras reuniones y nuestras relaciones familiares.
No dejar pasar la ocasión de que ellos también conozcan a Dios mostrando lo que Él ha hecho en nuestras vidas. Ser parte de la familia de Dios es un privilegio que viene de escuchar activamente su Palabra y de vivirla cada día.
Esto me debe llevar, en la medida de lo posible, a valorar mis relaciones familiares tanto como valoro a mis hermanos en la fe. Si aún no sientes que perteneces a la familia de Dios, busca conectar con una comunidad en tu parroquia, donde puedas conocer a otras personas que también están buscando a Jesús, un grupo de oración, un curso de Biblia, un apostolado que te haga tener hermanos en la fe que se conviertan en tu familia espiritual.
No solo escuches la Palabra, conócela, vívela y ponla en práctica para que Jesús te reconozca como parte de su familia.
Antífona de comunión
Cf. Mt 24, 46-47
Dichoso el servidor a quien su amo, al volver, lo encuentre cumpliendo con su deber; yo les aseguro que le confiará todos sus bienes.
Comunión espiritual
Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén
Oración después de la comunión
Que esta mesa celestial, Dios todopoderoso, robustezca y aumente el vigor espiritual de todos los que celebramos la festividad de san Pío de Pietrelcina, para que conservemos íntegro el don de la fe y caminemos por el sendero de la salvación que él nos señaló. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración
Señor, desde hace un tiempo te entregué mi corazón para que lo hicieras tu morada, para que vinieras y vivieras dentro de mí; hoy te pido que sigas edificando esa morada, el templo de mi corazón; hazlo fuerte, imponente y hermoso, pero a la vez, hazlo dócil y sensible, lleno de amor para contigo y con mis semejantes.
Acción
Hoy meditaré el salmo 51, 10-15
"Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de tu presencia, y no quites de mí tu santo Espíritu. Restitúyeme el gozo de tu salvación, y sostenme con un espíritu de poder. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti. Líbrame de delitos de sangre, oh Dios, Dios de mi salvación; entonces mi lengua cantará con gozo tu justicia. Abre mis labios, oh Señor, para que mi boca anuncie tu alabanza."
Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).
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