Lecturas de la Misa del día y sus reflexiones. Martes, 30 de setiembre de 2025.


Tiempo Litúrgico: Ordinario. Semana XXVI.
   Color del día: Blanco.  


Antífona de entrada
Cf. Sal 1, 2-3

Dichoso el hombre que medita la ley del Señor, de día y de noche; dará fruto a su tiempo.

Oración colecta

Dios nuestro, que diste a san Jerónimo, presbítero, un suave y vivo afecto por la Sagrada Escritura, concede que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


PRIMERA LECTURA
Vendrán pueblos numerosos
buscando al Señor en Jerusalén

Lectura de la profecía de
Zacarías 8, 20-23

«Esto dice el Señor del universo: Vendrán igualmente pueblos y habitantes de grandes ciudades.

E irán los habitantes de una y dirán a los de la otra: Subamos a aplacar al Señor; yo también iré a contemplar al Señor del universo.

Y vendrán pueblos numerosos, llegarán poderosas naciones buscando al Señor del universo en Jerusalén y queriendo aplacar al Señor».

«Esto dice el Señor del universo: En aquellos días, diez hombres de lenguas distintas de entre las naciones se agarrarán al manto de un judío diciendo: “Queremos ir con vosotros, pues hemos oído que Dios está con vosotros”».

Palabra de Dios.

Reflexión sobre la Primera Lectura

Al revisar esta profecía y aplicarla a nuestro contexto cristiano, ¿podríamos decir que se cumple en nuestra vida y en nuestra persona? ¿Somos nosotros aquellos que conducen a los demás hacia Cristo, hacia el conocimiento de la verdad en Jesús? ¿Es nuestra vida tal, que transparenta a Dios de manera que los demás se dan cuenta de que efectivamente Dios está con nosotros?

No debemos olvidar jamás que el mejor medio para que los demás conozcan y amen a Dios somos nosotros, ya que una vida que refleja a Dios, que está colmada de la paz y del gozo del Espíritu Santo, es la mejor invitación para que los que nos rodean busquen también tener aquello que nosotros reflejamos.

Y es que cuando la gente nos ve pasar por situaciones difíciles en las cuales no se pierde la paz, cuando en nuestras familias se vive la armonía y la alegría; cuando en medio de nuestro dolor se refleja la esperanza, la gente no puede sino preguntar: ¿Cómo puedo yo tener eso que tienes tú, pues, como tú, yo también quiero ser feliz?

Dios ha prometido que un día seremos un solo rebaño y un solo pastor, pero para ello necesita de tu testimonio. Refleja a Jesús en tu vida.

Salmo responsorial
Sal 86, 1-3. 4-5. 6-7

R. Dios está con nosotros.
  • Él la ha cimentado sobre el monte santo; y el Señor prefiere las puertas de Sión a todas las moradas de Jacob. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R.
  • «Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles; filisteos, tirios y etíopes han nacido allí». Se dirá de Sión: «Uno por uno, todos han nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado». R.
  • El Señor escribirá en el registro de los pueblos: «Éste ha nacido allí». Y cantarán mientras danzan: «Todas mis fuentes están en ti». R.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 10, 45

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por muchos. R.

EVANGELIO
Tomó la decisión de ir a Jerusalén

Lectura del santo Evangelio
según san Lucas 9, 51-56

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tornó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.

Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».

Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea.

Palabra del Señor.

Reflexión sobre el Evangelio

El Evangelio de hoy nos enseña una lección sobre cómo no debemos reaccionar con aquellos que no comparten nuestras creencias o no están de acuerdo con nosotros en la fe.

Como seguidores de Jesús, se debe esperar de nosotros el mismo amor y la misma paciencia que Él mostró. Es muy común que cuando alguien critica, ofende y rechaza nuestra fe, tengamos la tendencia natural como Santiago y Juan de querer bajar fuego para confrontarlos.

Pero Jesús nos enseña lo contrario. Nos dice que su camino es el de la misericordia, no el del odio y la violencia. El llamado de Jesús es a amar a nuestros enemigos y a orar por quienes nos juzgan o persiguen y no a buscar su castigo. Jesús nos llama a reflexionar antes de reaccionar. 

La próxima vez que sientas que alguien te ofende, te rechace o critique por tu fe, ¡Detente! En lugar de reaccionar con enojo o con un argumento, haz una pausa, “cuenta hasta 10”, como dicen por ahí, ten calma. Pídele a Dios que te dé el corazón de Jesús para responder con su gracia. 

Jesús nos muestra que su camino es de humildad y mansedumbre, incluso frente al rechazo o al ataque. Practica la mansedumbre en tus conversaciones, sabiendo que tu ejemplo hablará más fuerte que tus palabras. Ora por quienes te critican o rechazan. 

Recuerda, si hay alguien en tu vida que te haya rechazado o con quien tienes algún conflicto, dedica un momento para orar sinceramente por esa persona, por su bienestar y para que Dios toque su corazón… y también el tuyo. La oración puede cambiar tu corazón y el de ellos. 

Que este pasaje nos inspire a seguir a Jesús por el camino de la misericordia y el amor al prójimo, incluso cuando no piensen como nosotros o nos ataquen. No dejemos que nos gane la ira. 

Antífona de comunión
Cf. Jer 15, 16

Siempre que oí tus palabras, Señor, las acepté con gusto; tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón.

Comunión espiritual

Creo, Jesús mío, que estás real y verdaderamente en el cielo y en el Santísimo Sacramento del Altar.

Te amo sobre todas las cosas y deseo vivamente recibirte dentro de mi alma, pero no pudiendo hacerlo ahora sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón.

Y como si ya te hubiese recibido, me abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti. Amén

Oración después de la comunión

Señor, que los sagrados dones que acabamos de recibir en la celebración gozosa de san Jerónimo, inflamen los corazones de tus fieles, para que, atentos a la enseñanza de la Sagrada Escritura, conozcamos lo que debemos seguir y, siguiéndolo, lleguemos a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración

Señor, quiero agradecer por la oportunidad que me has dado de conocerte, de pertenecerte y ser tu siervo; el poder de ser llamado hijo tuyo lo considero mi más grande tesoro en la vida.

Quiero pedirte perdón por las veces que no he sido luz en el mundo para que otros te conozcan, perdón por todas esas ocasiones en que mi testimonio de vida en vez de acercar gente a Ti, los desanima y aleja.

Por eso Señor mío, te pido tu gracia para que, de ahora en adelante, mi vida sea un claro ejemplo de tu vida y amor entre nosotros; y más aún, que muchas personas puedan tomarse de mí y que pueda yo llevarlos hasta ti.

Acción

Desde la situación que estoy viviendo en estos momentos de mi vida, voy a reflejar la paz, la armonía, la esperanza y la alegría que suponen la fe que profeso; seré mucho más consciente de que mi manera de vivir puede significar, para muchos, hacer su opción por mi Señor Jesús.

Fuentes:
Archidiócesis de Madrid, Evangelización Activa, Id y Enseñad, La Misa de Cada Día (CECOR), ACI Prensa.
Verificado:
Ordo Temporis, Ciclo C, 2024-2025, Conferencia Episcopal de Costa Rica (CECOR).

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